Elecciones, publicidad y circo

Tal es el caso de un candidato de Guadalajara que en los semáforos pone a sus simpatizantes a bailar una coreografía digna de festival de día de las madres.

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Una amiga trabajaba en una dependencia de gobierno en aquellas fechas cuando estaban por ser las elecciones de 2012; un día recibió una invitación para asistir a un evento de campaña del candidato que se perfilaba como favorito. Se trataba de un desayuno que, no recuerdo con que excusa, se ofrecía especialmente para mujeres trabajadoras, por lo que además de requerir su asistencia de manera obligatoria, se le exhortaba a que acudiera acompañada de otra mujer joven. Como todas sus amigas son miembros productivos de la sociedad y tienen las mañanas ocupadas, terminó por invitarme a mí bajo la promesa de que habría comida gratis.

Nos citaron en una terraza adornada con muchos moñitos rosas, decoración adecuada, según los asesores, para un evento dirigido a  mujeres. Mientras los meseros nos servían cafecito y fruta, el candidato se dejaba retratar con señoras de peinados casi tan bien logrados como el de él. El desayuno no fue la gran cosa, pero si estaba muy por encima de las tortas frías y el refresco que, según me han contado, es lo que normalmente reciben los acarreados. Además, como recompensa por haber tolerado su media hora de discurso y aplaudirle cada que se callaba, nos repartieron lápices, pulseras, adornos para el celular, stickers y otras cosas igual de necesarias. Si así lo deseabas, también te obsequiaban la impresión de tu foto en los brazos del señor ése.

Si bien siempre me han parecido basura los objetos de propaganda política, tengo que reconocer que la basura de este candidato era vistosa; estaba hecha de buenos materiales y con un diseño mejor logrado que las playeras y las gorras de pintor que antes solían regalar los de su partido. Si algo estaba funcionando en su campaña era el área de mercadotecnia la cual convencía más que toda su plataforma electoral. Al final, el desayuno fue un evento publicitario más que una campaña política.

En esta lógica de promocionar a los candidatos como si fuesen marcas, no interesan tanto las propuestas, porque igual ésas ya se sabe que no se van de cumplir; sino la popularidad. Durante las campañas se les puede ver en banners, televisión, espectaculares y radio, y como si al país le faltaran cosas feas, uno  tiene que encontrarse con la cara de estos fulanos en cada esquina; Tal es el caso de un candidato de Guadalajara que en los semáforos pone a sus simpatizantes a bailar una coreografía digna de festival de día de las madres. Su nombre no lo voy a mencionar porque no quiero que piense que su derroche publicitario funcionó conmigo.

Está de más decir que si esta gente tuviese algún tipo de gracia no estaría metida en la politiquería. Por eso ahora, como parte de la involución de las campañas, no sólo se trata de que los candidatos sean figuras públicas sino que, de preferencia, su popularidad les venga de algo que no sea la política. En un escenario electoral con estas características caben actores, futbolistas y hasta payasos que, como diría mi amigo @GerJMLector,  de éstos ya había muchos pero ninguno profesional. Cualquiera que pueda entretener al público es bienvenido al mal montado show de las elecciones, donde los argumentos no convencen, las actuaciones son patéticas y el final es bien predecible; y aun así,  hay quienes esperan que uno  aplauda  la triste ficción de la democracia mexicana.

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