Guadalajara

Guadalajara también tiene su propia Diana Cazadora, pero la suya es hombrona, ruda y se llama Minerva.

Jalisco es famoso por albergar algunos de los elementos más distintivos de México, como el tequila, el mariachi y el narcotráfico. Ubicado al occidente del territorio, está dotado con playas, montañas, lagos, pueblos mágicos y una de las principales ciudades del país, Guadalajara, también conocida por los nativos como Guanatos.  Guadalajara es una urbe en desarrollo que aún conserva algunos rasgos de pueblo. Si fuera persona estaría en plena adolescencia, creciendo descontroladamente en plena crisis identidad.

Su situación urbana es tan difusa para ella como para los que la conocen desde afuera. Algunas personas, sobre todo las menos diestras en materia de geografía, aún consideran que todo pueblo de Jalisco es Guadalajara y por ello asumen que, por ejemplo, el kiosko de Chiquilistán es algo representativo de la perla tapatía. Sin embargo, Guadalajara es más ciudad de lo que mucha gente piensa, cuenta con una universidad pública y varias privadas, tiene línea y media de tren ligero (más la que está en construcción), es sede de grandes eventos internacionales (como la Feria del Libro más grande de habla hispana) y en cuestión de tráfico y delincuencia no le pide nada a la Ciudad de México. Ahora que ya usamos a su prima incómoda de referencia, cabe señalar que Guadalajara también tiene su propia Diana Cazadora, pero la suya es hombrona, ruda y se llama Minerva.

La-Minerva-GDL

Contrario a lo que se podría pensar, un oriundo de Guadalajara no es un guadalajareño. Por razones desconocidas para los fuereños e incuestionadas por los nativos, a los guadalajarense se les conoce como tapatíos aunque, con algo de razón, también se les ha llamado apatíos. Dicen que el gentilicio viene de una palabra náhuatl usada antiguamente en los mercados para señalar que un producto equivalía a tres piezas. Por ello, en algún tiempo se dijo que un tapatío vale por tres.

Nunca está demás aclarar que en Guadalajara no cae Tequila del cielo. Si bien es cierto que el agave tiene una larga tradición en el estado, el pueblo de Tequila queda un par de horas de la ciudad y los tapatíos sólo lo visitan con fines de turismo etílico. No obstante, independientemente de cuál bebida prefiera, el tapatío llamará vino a todo aquello que contenga alcohol, y no sea cerveza. Por ello, la gente dice que irá por unos vinos, aunque de la uva sólo conozca el Zuba. Si de bebidas típicamente tapatías se trata, se recomienda probar el tejuino, que es un menjurje café, espeso y turbio, hecho de maíz fermentado que sorprendentemente sabe mejor de lo que suena, sobre todo porque se sirve con jugo y nieve de limón.

El-tejuino

Para gusguear (gusguear es el término usado para referirse a comer por mero gusto) uno puede buscar unas frescas jericallas (especie de flan hecho con leche y huevo), unas escamochas o unos biónicos que, a pesar del peculiar nombre, no son otra cosa que fruta con cereales, yogurt o una crema dulzona que no he visto en ninguna otra ciudad. Según un programa de televisión local, el nombre de biónico surgió porque el primer negocio de la ciudad que los vendió aseguraba que eran algo que tan saludable que haría que quien los comiera se pusiera tan fuerte que el “hombre biónico”, una popular serie de los setenta.

Si lo que se le antoja es algo salado puede probar unos elotes enteros o en vaso, los cuales, a diferencia de los famosos esquites que abundan en el centro de la república, no saben a caldo de pollo y se cubren, a menos de que alguien disponga lo contrario, de crema y no de mayonesa. Y si se tiene suerte, en el puesto de elotes quizá encuentre guasanas, garbanzos verdes con un sabor similar al de los edamames japoneses.

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En cuanto a la comida, no se puede hablar de Guadalajara sin mencionar las tortas ahogadas. Éstas, para el ojo inexperto, podrían ser tortas de carne de cerdo bañadas en salsa de jitomate y salsa picante; sin embargo, lo que hace particular este platillo es el pan, llamado birote, el cual solamente en Guadalajara logra la textura para soportar tanta salsa sin deshacerse.  Las tortas de jamón, pierna, salami etc. son conocidas como lonches, se preparan con otro especie de birote conocido como fleiman y saben infinitamente mejor que cualquier torta con telera y quien lo dude es porque nunca ha probado un lonche de pierna.

Además de la distinción que existe entre torta y lonche, hay otras variaciones del lenguaje que, aun siendo pequeñas, pueden volver un tanto confusa la comunicación con un tapatío; por ejemplo, en Guadalajara los churritos no son ni los de azúcar ni los que se fuman, sino frituras de ésas que venden afuera de las escuelas y sirven gratis en los bares. Las lapiceras no son las bolsitas donde uno guarda los lápices, sino los lápices que funcionan con puntillas, correctamente llamados portaminas. Un fajo es un cinturón

Y el chile es como se le llama a toda cosa picante, independientemente de si es sólido o líquido; así que si alguna vez un tapatío le dice “pásame al chile”, por favor, acérquele la botella de Valentina  más cercana, la cual, por cierto, también se hace en Jalisco (de nada, México).

Una vez aclarado qué es Guadalajara, dónde está y cómo se comen los elotes, sólo se ocupa (porque así se dice) saber lo básico para entablar una conversación con un tapatío. Si nos dice “¿eda?” (que seguro lo hará), está buscando una confirmación a cualquier cosa que haya dicho, así que puedes limitarte a decir “¡Ey!”, en cantadito, claro,  aunque todo tapatío dirá siempre que su acento es neutral ¿?

Su gastronomía, cultura y proyección mundial han convertido a Guadalajara en la segunda ciudad más grande de México (aunque Monterrey quiera acoplarse); Sin embargo, para apreciar en toda su dimensión las peculiaridades de la Perla Tapatía hay que ir más allá del Periférico y respirar otros aires (Chapala no cuenta). Porque cualquier persona del mundo podría decir que su ciudad es única, pero solo los que nacieron en ese rincón del bajío saben que en ningún otro lugar podrían encontrar queso adobera, birote salado y genuinas razones para celebrar, con mariachi, el 14 de febrero.

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