Guadalajara

Guadalajara también tiene su propia Diana Cazadora, pero la suya es hombrona, ruda y se llama Minerva.

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Jalisco es famoso por albergar algunos de los elementos más distintivos de México, como el tequila, el mariachi y el narcotráfico. Ubicado al occidente del territorio, está dotado con playas, montañas, lagos, pueblos mágicos y una de las principales ciudades del país, Guadalajara, también conocida por los nativos, como Guanatos.  Guadalajara es una urbe en desarrollo que aún conserva algunos rasgos de pueblo. Si fuera persona estaría en plena adolescencia, creciendo descontroladamente y buscando su identidad, mientras se siente confundida y sensible respecto a todos sus cambios.

Su situación urbana es tan difusa para ella como para los que la conocen desde afuera. Algunas personas, sobre todo las menos diestras en materia de geografía, aún consideran que todo pueblo de Jalisco es Guadalajara y por ello asumen que, por ejemplo, el kiosko de Chiquilistan es algo representativo de la ciudad. Sin embargo, Guadalajara es más ciudad de lo que mucha gente piensa, cuenta con una universidad pública y varias privadas, tiene línea y media de tren ligero (más la que está en construcción), es sede de grandes eventos internacionales y en cuestión de tráfico y delincuencia no le pide nada a la Ciudad de México. Ahora que ya usamos a su primo incómodo de referencia, cabe señalar que Guadalajara también tiene su propia Diana Cazadora, pero la suya es hombrona, ruda y se llama Minerva.

En México hay muchos estereotipos sobre los tapatíos: que si las mujeres son guapas y de ojos grandes, que si abundan los hombres gay o que si la gente es muy mocha (entiéndase religiosa y conservadora). Como cada lugar, en esta viña hay gente de toda. En cuanto al primero, me reservo mi opinión, pues sería poco creíble si una nativa hablara de qué tan guapas, o no son las tapatías. En cuanto al otro estereotipo, hay un viejo dicho que afirma que Jalisco es la tierra donde se dan los hombres… pero entre ellos. Sin embargo, resulta infantil pensar que Gaydalajara es más propensa a cierta orientación sexual, y seguramente no sólo a las tapatías les pasa que al estar en una fiesta los únicos hombres guapos terminan ligando entre sí.Contrario a lo que se podría pensar, un oriundo de Guadalajara no es un guadalajareño. Por razones desconocidas para los fuereños e incuestionadas por los nativos, a los guadalajarense se les conoce como tapatíos, aunque, con algo de razón, también se les ha llamado apatíos. Dicen que el gentilicio viene de una palabra náhuatl usada antiguamente en los mercados para señalar que un producto equivalía a tres piezas. Por ello, en algún tiempo se dijo que un tapatío vale por tres, aunque ahora no sé sabe si es en alusión al índice de obesidad.

Con tanta mujer bonita y tanto varón con intereses dispersos, el tapatío promedio tiene la opción de darse a desear. Para muchas señoritas, sobre todo para las ávidas por conseguir pareja, un hombre parece buen partido si terminó la prepa y no tiene antecedes penales. Si además cuenta con auto, se baña diario y tiene los dientes derechitos, puede considerarse a sí mismo galán.

Respecto a que si la gente es muy mocha, basta con decir que la moral y “las buenas costumbres” son igual de relativas que en cualquier otro lado. Parecen indispensables para evaluar al vecino, pero son flexibles cuando se trata de medirse a uno mismo. Así, es comprensible que haya farmacias católicas que se rehúsan a vender anticonceptivos mientras que cada día hay más adolescentes embarazadas.

En otros temas, vale aclarar que es un mito eso de que en Guadalajara cae Tequila del cielo. Si bien es cierto que el agave tiene una larga tradición en el estado, el pueblo de Tequila queda un par de horas de la ciudad y los tapatíos sólo lo visitan con fines de turismo etílico. No obstante, independientemente de cuál bebida prefiera, el tapatío llamará vino a todo aquello que contenga alcohol, y no sea cerveza. Por ello, la gente dice que irá por unos vinos, aunque de la uva sólo conozca el Zuba. Si de bebidas típicamente tapatías se trata, se recomienda probar el tejuino, que es un menjurje café, espeso y turbio, hecho de maíz fermentado que sorprendentemente sabe mejor de lo que suena, sobre todo porque se sirve con jugo y nieve de limón.

Para gusguear (gusguear es el término usado para referirse a comer por mero gusto) uno puede buscar unas frescas jericallas (especie de flan hecho con leche y huevo) o unos biónicos que, a pesar del peculiar nombre, no son otra cosa que fruta con cereales, yogurt o una crema dulzona que no he visto en ninguna otra ciudad. Según un programa de televisión local, el nombre de biónico surgió porque el primer negocio de la ciudad que los vendió aseguraba que eran algo que tan saludable que haría que quien los comiera se pusiera tan fuerte que el “hombre biónico”, una popular serie de los setenta.

Si lo que se le antoja es algo salado, puede probar unos elotes con crema y queso, los cuales, a diferencia de los famosos esquites que abundan en el centro de la república, no saben a caldo de pollo ni son aberrantemente atascados de mayonesa. En cuanto a la comida, no se puede hablar de Guadalajara sin mencionar las tortas ahogadas. Éstas, para el ojo inexperto, podrían ser tortas de carne de cerdo bañadas en salsa de jitomate y salsa picante; sin embargo, lo que hace particular este platillo es el pan, llamado birote, el cual solamente en Guadalajara logra la textura para soportar tanta salsa sin aguadarse.  Las tortas de jamón, pierna, salami etc. son conocidas como lonches y saben infinitamente mejor que las hechas con esa cosa seca, rugosa y dulzona que en otras partes del país llaman telera.

Además de la distinción que existe entre torta y lonche, hay otras variaciones del lenguaje que, aun siendo pequeñas, poden volver un tanto confusa la comunicación con un tapatío; por ejemplo, en Guadalajara los churritos no son ni los de azúcar ni los que se fuman, sino frituras de ésas que venden a fuera de las escuelas o sirven en los bares de mala muerte. Las lapiceras, no son las bolsitas donde uno guarda los lápices, sino los lápices que funcionan con puntillas, correctamente llamados portaminas. Y el chile es como se le llama a toda cosa picante, independientemente de si es sólido o líquido; así que si alguna vez un tapatío le dice “pásame al chile”, por favor, no malinterprete y acérquele la botella de Valentina  más cercana.

Para entablar una conversación con un tapatío, basta con saber que si nos dice “¿eda?”, no es que nos esté preguntando cuántos años tenemos, sino que, con esta apócope de “verdad” está buscando una confirmación a cualquier cosa que haya dicho. Si usted no sabe qué responderle, puede limitarse a decir “¡Ey!” y así su interlocutor asumirá que le está dando la razón.

El tapatío, además de ocupar un lugar en la república, también, “ocupa” con urgencia un diccionario, ya que para él, ocupar es sinónimo de necesitar.  Cabe aclarar que ningún tapateísmo sonará genuino si no se dice con ese acento que parece el hijo quejoso del norteño y el ranchero. Por su puesto, si uno hace mofa de esto, el tapatío afirmará que su acento es neutral, aunque cada vez que lo diga sonará cantadito.

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Guadalajareando

 

<– Guadalajareando con las amiguis.

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