No necesito por Marco Bukowsky

Me preguntaron después si sabía a dónde iría mi alma cuando mi cuerpo muriera – ¡dios! simplemente no sé, creo que es libre de hacer lo que le plazca

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Era domingo en la mañana y antes de poder ver la luz del sol y saber en dónde estaba, el dolor de cabeza se hacía presente; era un dolor diferente cada domingo, provocado por mis excesos de la noche anterior, una mezcla de todo, resultado de una noche de la cual casi no recordaba nada.Buscaba, casi con desesperación, las pastillas que lograban quitar ese dolor, en lo que la cafetera servía mi café. -¡¡uta madre!!- repetí en varias ocasiones, a cada paso que daba, la presión sanguínea hacía doler mi cerebro por la parte occipital, la luz me molestaba y las pastillas no aparecían; por fin las encontré tomé dos y un trago grande de café, casi de forma instantánea me volví a quedar dormido, de pronto todo oscuro de nuevo. Tocaron la puerta con tal insistencia que creí me estaba incendiando ya que la cafetera estaba en pésimo estado y la había dejado conectada, me levanté en calzones a ver que estuviera todo bien antes de tener que abrir la puerta; todo bien, pero los toquidos seguían, -¿Será la policía? Puta madre no recuerdo que hice anoche-. Así que abrí la puerta, de pronto dos figuras vestidas de azul marino con maletines de mano negro y café. -Buenos días, si quiere vestirse primero. Dijeron con tono amable. -Es mi casa y ando en ella como se me place, gracias. ¿Qué se les ofrece? Contesté con voz aguardientosa. -Venimos a dar la palabra de dios. -Directos por favor, ando crudísimo, creo que sólo un milagro puede quitarme este malestar. -Venimos a hablar de, si sabe usted a dónde irá a parar su alma cuando muera. -Puesto que nunca la he visto no sé cómo sea, no sé si se alimenta, duerme o descansa, si se embriaga o le hace daño mi estilo de vida, mis desveladas intensas y mis repentinos cambios de humor y ánimo, o no sé si la he cargado siempre o hace tiempo se quedó atrás aburrida de seguir una brújula sin rumbo-. Les respondí. Me preguntaron después si sabía a dónde iría mi alma cuando mi cuerpo muriera – ¡dios! simplemente no sé, creo que es libre de hacer lo que le plazca; después de todo no sé si es mía o le pertenece a alguien más. Creo que no es justo condenar a un alma por lo que el cuerpo hace, o ¿el alma condena al cuerpo? si es así, ¿qué alma tan más jodida les ha tocado a algunas personas. Simplemente nunca he pedido por mi alma, no creo que sea tiempo de comenzar a hacerlo, a dios no le gustan los hipócritas-. Dicho lo anterior, se limitaron a buscar en sus maletines algo, me dieron un papel que decía con letras grandes y azules como el cielo. “¿Sabe a dónde irá su alma cuando muera?” leí en voz alta la portada y les dije: -¿Saben a dónde irá a parar su papel cuando se larguen?

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Marco Bukowsky

 

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