Premonición por Elvira Salinas

-Me estoy muriendo, ¿no lo ves idiota?- dijo la mujer- ¡llama a una ambulancia!

.

La mujer se sentía mal, tan mal que sólo alcanzó a levantarse de la silla que ocupaba en la barra del bar. Apenas dio dos pasos y cayó al suelo. -Esto me gano por no cuidar mi maldita gastritis-pensó -creo que me voy a morir, ni cuando aborté me dolió así.Me lleva la chingada, soy muy joven para morir como un pescado en el piso un bar pseudo nice, buen día elegí para ponerme un vestido, ahora todo mundo me ha visto los calzones- intentaba gritar la palabra “ayúdenme”, pero su garganta no emitía ningún sonido. Esta historia no es sobre ella.

El mesero que corrió a ver a la mujer era apuesto y joven, se llamaba Erick y nunca quiso ser mesero. Siempre deseó convertirse en un arquitecto reconocido. Desgraciadamente no había dinero en su casa para su carrera, pero si lo había en su empleo de mesero, el suficiente para vivir solo y ser independiente. Las propinas que obtenía eran muy buenas, incluso se ha llegado a acostar con algunas de las mujeres ricachonas que van a emborracharse al bar. Está ahorrando para irse a vivir a Londres, ése es su gran sueño.

– Señorita, ¿se encuentra bien?-

Le preguntó a la mujer que estaba en el piso. Sabía de sobra que no lo estaba, pero quería cerciorarse de que la mujer no estaba fingiendo para llamar su atención. Esta historia tampoco es sobre él.

-Me estoy muriendo, ¿no lo ves idiota?- dijo la mujer- ¡llama a una ambulancia!

– La ambulancia no va a llegar nunca- dijo un señor con un traje elegante y pinta de empresario, que observaba toda la escena desde un rincón del bar. – En esta ciudad es más probable que llegue más rápido un fotógrafo del Gráfico para retratarla muerta que una ambulancia de la Cruz Roja. Mientras el hombre decía eso, se dirigió a la mujer, la levantó y la cargó en sus brazos. El hombre dijo -Yo la llevaré al hospital, mi auto está estacionado allá afuera, confíen en mí.-

Quería ayudar a la mujer por que le parecía atractiva, tal vez ella podría ser la mujer de sus sueños, sólo tal vez, ella era la compañera que estaba buscando después de ese horrendo divorcio. Tampoco esta historia es sobre él.

El tránsito citadino impedía su pronta llegada al hospital. Mientras tanto, la mujer estaba recostada en su asiento trasero emitiendo gemidos de dolor y arañaba la tapicería del Audi deportivo que se compró cuando se separó de su mujer. -Las mujeres sabrán qué tipo de hombre eres al ver el auto que manejas, todas querrán acostarse contigo al ver este auto -le aconsejó un amigo. -Una camioneta familiar dice: “tipo fracasado busca una zorra con quien desahogarse”, un Audi deportivo dice: “hombre exitoso e interesante busca aventura con mujer atractiva”-. Así que se decidió por vender su auto familiar y adquirió su flamante Audi rojo. La mujer del asiento trasero le parecía atractiva, esto para él demostraba que su amigo tenía razón.

-Resista señorita, yo soy como una ambulancia, cualquiera respeta a este auto, sólo necesito acelerar un poco más- y mientras volteó para sonreírle y guiñarle un ojo, pisó casi a fondo el pedal del acelerador. Al mismo tiempo, un beetle rojo se impactó de frente contra un costado del Audi. La conductora del beetle era una joven de 22 años, no traía puesto el cinturón de seguridad y salió volando por el parabrisas. Murió en el acto. Esta historia tampoco es sobre ella.

¿Quién tuvo la culpa en el accidente? ¿La joven del beetle? Tal vez. ¿El hombre del Audi que quiso ser galante con la mujer que agonizaba de dolor, para descubrir si era el amor de su vida? No realmente.

Sólo hay una persona responsable de ese desafortunado accidente. ¿Por qué inventé a todas esas personas? ¿Porque maté a esa joven que ni siquiera conozco? ¿Por qué hice que un hombre divorciado buscara con desesperación un poco de amor genuino con aquella mujer? ¿Por qué hablé de los sueños de un pobre mesero?

El hecho de que inventes algo no te quita la responsabilidad de lo que estés narrando y, a diferencia de la vida en la que puedes voltear al cielo, y culpar al destino o a Dios de lo que te sucede, aquí no hay excusas. En lo que sea que tú escribas, tú eres el creador, si tu personaje falla es porque tú así lo deseabas, si algo malo le ocurre es porque tú quieres que se revuelque en su propio dolor.

Alcanzo a ver su figura a la distancia, se acerca lentamente hacia mí, y yo en automático comienzo a sonreír -¿estás escribiendo?- Me pregunta. Sé que quiere decirme algo, preguntarme otra cosa, lo veo en su rostro, pero no puedo pronunciar nada porque me dio un beso.

-¿Te interrumpí?- Es obvio que ya lo hizo, aunque no quiera. Le digo que no porque no me importa. Este cuento no está funcionando. Es más, ni siquiera es un cuento, es una premonición producto de un aburrimiento que me llevó a conocer a personas que no existen. Él me sonríe como si hubiese comprendido lo que sucedió. Sé que no me entiende, pero eso no significa que no me quiera. Esta historia es sobre nosotros.

.

Sigue en Facebook a la asesina de la chica del Beetle, Elvira Salinas

Elvira Salinas

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s