Shakira: De pies descalzos a tacones de aguja magnética

El precio que tuvo que pagar para ser la latina más famosa del mundo fue dejar de lucir como una.

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Hace días encontré entre mis cosas un DVD de viejos vídeos de Shakira, el cual fue un obsequio un amigo que en su momento dijo que lo compiló para mí, pero bien se sabe que él es más fan que cualquiera: llora con Antología, baila como en La tortura, con todo y chapopote, y a kilómetros se le alcanza a notar lo Loca.Tras poner el disco, lo primero que vi en la pantalla fue a Chaquira, sí, así, con Ch, cantando Esta noche voy contigo; tenía cerca de 13 años y más que parecerse a ella, se parecía a Janet Jackson. En el vídeo de aquella inocente cursilería pop, se puede ver a Shakirita bailando en un zoológico, en esos días lejanos cuando bailaba frente a las jaulas de los animales y no dentro de ellas.

Esa Shakira de finales de siglo era tan especial como cualquier otra persona que no se baña los domingos, que llora una vez al mes, que se enamora  y que se deprime cuando lo mandan a volar. Lo que muchos padecían, ella lo expresaba de una forma tan particular y a la vez tan común que resultaba fácil identificarse con sus letras, ¿o quién no ha estado ojeroso, flaco, feo y desgreñado después de una ruptura? Shakira tenía ese encanto de dulce rebeldía que nos hacía sentir que estábamos escuchando algo más que pop. Sus canciones eran una invitación a “mirar el oscuro pedernal de las ideas”;  y a cuestionarnos asuntos importantes como si Braulio y Dana sí se querían, si las mujeres se casan siempre antes de los treinta o Dónde están los ladrones?, álbum que para muchos fue el mejor de su carrera, -aunque lo verdaderamente difícil sería elegir el peor-.

Todo cambió después de Ojos así, primer tema en que se le vio sacudir las caderas y el impacto fue tal, que desde entonces el movimiento pélvico se convirtió en la locomoción de su carrera. Después del Mtv Unplugged, lo siguiente que vimos de ella, lo que vino con Laundry Service, fue algo que no se le parecía. Shakira ya no tenía la cabellera de Amanda Miguel, ni la carita redondita, así medio rockerita. El precio que tuvo que pagar para ser la latina más famosa del mundo fue dejar de lucir como una.  Alguna vez, García Márquez le escribió un ensayo  donde la describía como “dueña de una sensualidad inocente que parece inventada por ella” pero en la última década,  ya se han comido todas las sobras de su inocencia y lo que hoy  El  Gabo pudiera pensar, por caballerosidad, se lo ha llevado a la tumba.

La transformación de Shakira no ocurrió sólo en términos de imagen, sino también artísticos. Para tener mayor alcance, como cualquier producto que se hace en masa, le apostó a lo rápido y accesible. Cambió el verso, por la palabra hueca y la rima forzada: “Salto del tren, caigo en tu red. Y vuelvo a pisar, la piedra que pisé.” Y cuando ve agotada la capacidad de crear frases, se vale de repetir muchas veces la misma cosa: “Loca, loca, loca, loca, localo, caloca, caloca…” “lalalalalalalala lego lego”; Incluso, ha involucionado al grado de dejar de usar palabras para hacer sonidos, como aullidos de lobos famélicos o jadeos de orangután en celo; o en el más triste de los casos, ya no componer, sino plagiar temas que ya de por sí era penoso que fuesen de autoría propia.

Se quiera o no, uno termina por conocer todos sus sencillos, porque es inevitable ignorar algo que a fuerza de repetición nos lo retacan en los sentidos. LocaLobaLet’s get start itI can’t remember to forget you y demás canciones de letras banales y sonidos repetitivos, sirven para recordarle a uno que está escuchando algo, pero no para ser recordadas. Quizá por eso se ha centrado tanto en su imagen, como si al verle cada vez en menos ropa uno fuera a obviar que sus canciones están “tan faltas de aire y tan llenas de nada”.

Lo único que ha sido tema constante en su carrera, porque es  tema de casi toda la música, es el amor. Desde la perspectiva de sus canciones, amar es eso que hace valer la vida, pero nunca insinúa que el ser amado sea uno mismo: “No sé vivir sin ti, no he aprendido”, “aún no sé cómo vivir sin tu amor”; dar hasta los huesos con tal de retener a la pareja o “cerrarle todas las puertas para que nunca pueda salir”, suenan muy bonito en canción, pero si de veras uno lo intentara, la cosa puede terminar en arresto. De acuerdo con esta peculiar manera de querer, se vale abrazar al ser amado  con tal fuerza que le parta hasta los huesos; y así, dejando al susodicho fracturado, aunque quisiera no podría irse.

El verdadero amor de la de Barranquilla parecería que no es Piqué, ni algún otro, si no la industria musical. Si por amor es capaz de  dar hasta las ganas de reír, por qué no podría, por la misma razón, hacerse algo más cruel como, por ejemplo, un dueto con Pitbull. Shakira dejó de ser música, para volverse una marca capaz de vender discos, perfumes, yogur para intestinos perezosos y canciones mundialistas en las que se le nota que todavía no entiende de fútbol. Aquella chica de pies descalzos y sueños blancos, prefirió los tacones de aguja magnética; no ha de ser casualidad que su último disco lleve por título solamente  Shakira, porque lo único que comunica es que ya no tiene nada que decir.

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2 comentarios en “Shakira: De pies descalzos a tacones de aguja magnética

  1. abrilderomero dijo:

    Ay, sí, debería poner una cajita para propinas o algo así 🙂 Gracias por leer y por la sugerencia. Pondré un botón de “Invítame un whiskito”. Un abrazo, Elliot querido.

    Me gusta

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