El festival Holi por Gabriel Alcantar

Al Holi uno va a ensuciarse sin ser regañado -al menos hasta que vuelva a casa- a bailar hasta el cansancio, a tatuarse y a pintarse, y a comer platillos tradicionales de la India. 

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Este escrito trata sobre algunas cosas cursis como el bien, el amor y la unidad de la humanidad. Me resultó extraño enviar un escrito de esta naturaleza a un blog titulado “Crónicas de Misantropía”, ya que como sabemos, la misantropía es la aversión por la humanidad. Entonces, sugiero a aquellas personas misántropas considerar lo siguiente: Uno no puede separarse de ningún modo del sujeto odiado, pues de desaparecer el segundo no tendría sentido el primero. Habiendo terminado estos comentarios aclaratorios, espero que disfruten el texto.

El pasado sábado 23 de mayo tuvo lugar en Guadalajara el segundo festival “Holi”, la celebración de la primavera hindú, también conocido como el festival de los colores y la fiesta del amor. En el Holi se celebra también la victoria del bien contra el mal y la “unión verdadera”. En este evento, la gente se lanza polvos de colores hasta quedar cubiertos de rostro y cuerpo por un alegre arcoíris, así pues, al Holi uno va a ensuciarse sin ser regañado -al menos hasta que vuelva a casa- a bailar hasta el cansancio, a tatuarse y a pintarse, y a comer platillos tradicionales de la India.

Los mensajes de este festival son múltiples, principalmente, se trata olvidarnos de nuestros conflictos con las personas que nos caen de la patada, pues durante el festival no se vale hacer distinciones. Ese día, todas las personas son iguales, y hasta nuevo aviso, las diferencias entre castas, razas, clases sociales, lugar de residencia, religiones, preferencia por los perros o gatos, ideologías y posturas epistemológicas desaparecen. Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, ricos y pobres, creyentes y ateos, los de izquierda y los de derecha, e incluso entre los que ya comieron y los que van por un delicioso (y gratuito) postre al festival se funden en una sola colectividad.

Y lo que pasa en la colectividad es producto de la colectividad. Lo que quiere decir que una vez que una persona entra en esa pequeña comunidad, actúa como impulsado mágicamente por los afectos que hay en ella, así y sin previo aviso,  los asistentes se encuentran bailando intensamente con personas a las que nunca han visto en su vida, sin importar que seas el individuo más introvertido en la vida y más sorprendente aun, a pesar de que uno sea un completo “tronco” en el arte de la danza.

Gracias a esos misteriosos sentimientos que envuelven a los participantes, la gente también se toman la libertad de atacar con polvos “Holi” a desconocidos, por el puro placer vengarte de un ataque previo, de verles la cara pintada, de verlos toser indefensos ante la nube de polvo arcoíris que se levanta sobre sus cabezas. Así son las cosas en la colectividad, es como si uno conociera las reglas y lineamientos de interacción nada más al incorporarse a ella.

Y a diferencia de una bola de plastilina, en la cual la suma de los colores resulta en un extraño y feo verde-grisáceo, la colectividad puede ser vista como un arcoíris, lo cual queda en perfecta sincronía con los polvos que se usan para celebrar esta festividad. En un arcoíris, un color está al lado del otro y ninguno se impone sobre los demás. ¿Y qué pasa cuando el arcoíris se mueve?, pues bien, cuando el arcoíris se mueve, el color que resulta es el blanco. Pero no porque el blanco sea el color del arcoíris, el blanco no es la síntesis de todos los colores, sino el movimiento del arcoíris.* De eso se trata la colectividad. De eso se trata el Holi, que representa un puente entre las brechas sociales, un lazo que une lo que antes estaba dividido. Es la celebración de la verdadera unión.

El origen del festival: la victoria del bien contra el mal

Si a uno no le gustan las leyendas hindús, pues mala suerte, porque ésta es necesaria para entender el Holi. La historia va así: En un tiempo remoto, hubo un malvado rey llamado Hiranyakashipu, a quien se le había otorgado el poder de la inmortalidad, y al igual que los políticos mexicanos, no dudó en hacer de las suyas, obligando al pueblo a adorarlo y prohibiendo el culto a todas las demás deidades. A pesar de eso, su hijo, el príncipe Prahlada decidió seguir adorando a Vishnú, acción que por supuesto, enfureció a su padre.  El rey decidió castigarlo, pero Prahlada no cambio de parecer y se negó a adorar a su padre, en este punto de la historia, intervino la también malvada hermana del rey, Jolika (¿les suena?), quien se dio cuenta de que para acabar con la rebeldía del príncipe, la única solución era matarlo.

Así, Jolilka invitó al príncipe sentarse en una pira con ella, la muy astuta llevaba consigo un manto que la protegería de las llamas, pero gracias a la adoración a Vishnú, el manto cambio de dueño y protegió a Prahlada, “que vio cómo su tía moría abrasada por las llamas”. En ese momento también, el Dios Vishnú, apareció en forma de Narasimha (mitad hombre y mitad león Dios) y mató al rey arrogante. Es por eso que el holi es un recordatorio de la victoria simbólica del bien sobre el mal, de Prahlada sobre Hiranyakashipu y Jolika.

Pues bien, la historia además de servir como dato cultural, funciona ahora para explicar cómo el “bien” se relaciona con la colectividad. En palabras de David Bohm: “La palabra good (‘bien’, en inglés) procede de una raíz anglosajona (la misma que para gather [‘reunir’] y together [‘juntos’]) que significa ‘unir’. De ahí es posible concluir que  las  nociones  sobre  ‘el  bien’  implican  algún  tipo  de ‘concordancia juntos’ en todo lo que hace el ser humano.” En el Holi, el bien sobre el mal, es también la unión sobre la división.

Los colores, la unión y el amor

Pero no tan rápido, pues hay otra historia sobre por qué se celebra el festival Holi y por qué se usan los polvos de colores. Se cuenta que el bebé Krishna tenía un color de piel azul debido a que la demonia Putana lo envenenó con su leche materna. Krishna creció, y como la adolescencia está fuertemente correlacionada con la búsqueda de una pareja, quedó enamorado de la Diosa Radha. Sin embargo, ni Krishna quedó libre de los conflictos existenciales, él no comprendía por qué su color de piel era diferente al de los demás y se preocupaba que eso impidiera que le llegase a gustar a alguien.  Su madre, una sabia mujer, le sugirió que pintara con sus manos el rostro de Radha del color que quisiera y así estarían resueltas sus diferencias. El pequeño Krishna así lo hizo y de esta forma, acabó con aquello que los separaba y comenzó un amor entre Krishna y Radha que trascendería todos los límites.

Los polvos de colores representan los sentimientos que unen a las personas, que borran las barreras que el capitalismo, la modernidad, la colonialidad, los partidos políticos o equipos deportivos – o cualquier cosa a la cual el lector desee culpar- crearon. Entre las nubes rosas, amarillas, verdes y azules, las personas bailan al ritmo de los tambores hasta que el cuerpo aguante, cantando a todo pulmón “Haré Krishna, haré-haré” y repiten en una divertida secuencia “Nytiananda”, “Gauranga”, mantras que simbolizan la unidad y la igualdad de todas las personas, por supuesto que tal igualdad les autoriza lanzarse polvos a diestra y siniestra, sin importar que conozcas o no al individuo en cuestión y mucho menos que le hayas dado en la cara o en el ojo.

Para terminar

Vivimos en un periodo de crisis, de múltiples formas de degradación ambiental y ruptura social, problemas derivados de una visión del mundo fragmentada, de la incapacidad de reconocer que nuestros destinos están conectados, ante este dilema, lo más revolucionario que puede hacer uno es salir a las calles a volver a unir lo que fue destrozado, en otras palabras hacer fiestas. Es por eso que invito a todos y todas las lectoras a llevar a cabo tantos Holis y demás celebraciones como les sea posible.

Allí a donde vayan, no se olviden de llevar polvos Holi o cualquier símbolo que cumpla la función de otorgarnos el derecho de jugar con cualquier desconocido y acabar con la indiferencia. Termino este texto con una paradoja y unidad misantrópica. Si hemos de odiarnos, al menos que sea juntos.

#Porque el odio (y el amor) se comparte.

PD: La invitación va en serio, los polvos Holi pueden hacerse con maicena y pintura vegetal.
PD2: En realidad no me importa que el mundo llegue a su fin, elaboré este texto para escribir “HOLI” la mayor cantidad de veces posible y no ser juzgado en el intento.

*Una metáfora que usan algunas comunidades indígenas

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¿Quiere la receta de los polvos Holi o Echarse una platicadita sobre leyendas hindús?
Escríbale a Gabriel Alcantar 

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