Lo que la humanidad le hizo a Timmy por Osmar Ochoa Montero

Cada día que pasa es un grito de dolor y no existe un sólo recuerdo en su cabeza donde no haya muerte…

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¿Qué será del pobre Timmy ahora que su madre fue capturada? Aunque no estaba sorprendido, el pobre lloró amargamente cuando se hizo a la idea. Simplemente ella no regresó como hacía todas las tardes. ¿Qué otra cosa le pudo haber pasado? ¿Cuánto  más resistiría Timmy por su cuenta?

Él es muy pequeño y aún no entiende muchas cosas, pero la situación no es nada nueva. Cada día que pasa es un grito de dolor y no existe un sólo recuerdo en su cabeza donde no haya muerte… en las calles, en el mundo, en su alma. Excepto claro, los recuerdos de su madre, aquella que consigue comida por los medios más impensables para que Timmy no muera de hambre, aquella que brinda el calor de su cuerpo para que el pequeño no muera de frío. Y ésta será la primera noche que pasará solo.

Timmy apenas si puede dormir. Con las noches glaciales que hay ahora, es un milagro que no haya amanecido muerto. En cambio abre sus ojos por la mañana y no puede creer lo que ve: ¡Su madre está con él, viva! Y parece que tuvo un golpe de suerte, porque tiene ropa puesta. El pequeño no había visto eso jamás, pero es bonito y cálido.

–Encontré un lugar, es precioso –dice la madre, ante la sonrisa inocente de su retoño–. Y ahí no hay cazadores. Ven, te llevaré.

En estos días es difícil encontrarse con otras personas. Las ciudades en ruinas se han convertido en verdaderas junglas en donde los pocos que quedan son cazados por los vestigios de una élite que se aferra por mantenerse civilizada. Sin embargo, el humanismo ha quedado sólo como un recuerdo de épocas mejores, pues devorarse unos a otros se ha convertido en la manera más rentable de sobrevivir.

El pequeño Timmy, lleno de ilusiones, sigue a su madre bajo el sol que muerde, a través de los paisajes más desolados que cualquier persona podría jamás imaginar. Esta única visión desgarradora hubiera bastado para terminar todas las guerras. Sin embargo, no es más que el mundo normal para Timmy, despiadado y horrible, pero el único que conoce.

Caminan infatigablemente durante horas, hasta que llegan a una modesta construcción, de muros altos y polvorientos. La madre toca tres veces y la puerta se abre con un rechinido.

Entran. ¡Todo un mundo nuevo para Timmy! Hay camas, vasos y hasta unos viejos juguetes. Desde luego, él no sabe qué es todo eso, pero se siente como encontrar un gran tesoro.

–Aquí está –comenta la madre.

–¡Es muy bonito! –contesta el pequeño, rebosante de alegría.

Pero evidentemente su madre no estaba hablando con él. Alguien sujeta a Timmy mientras un hombre de voz áspera, con una retorcida emoción, dice:

–Tenías razón, se ve muy tiernito, perfecto para esta misma noche. ¡Bienvenida a La Comuna!

Timmy no entiende lo que está pasando, sólo llora mientras lo arrojan en un cuarto pequeño, lejos de su madre.

–¡Mami! ¡Mami! –grita con todas sus fuerzas. Está inconsolable. Su madre lo mira desde la puerta. Tiene un mugriento oso de peluche en sus manos.

–Le daré esto. Cuando el ganado se estresa, la carne se pone correosa –comenta la madre, sin emoción en su voz.

No puede permitir que la lágrima en su mejilla la delate, así que arroja el oso dentro del cuarto y se marcha, odiando su asquerosa y egoísta necesidad de sobrevivir, tan desesperada, tan inevitable. Otro hombre mira al niño indefenso, relamiéndose los labios, y da un portazo dejándolo a oscuras.

Timmy grita, patalea, llora… el dolor lo ahoga. Es demasiado pequeño para comprender lo que pasa; lo que le sucede a él, a su madre, lo que le sucedió a la maldita humanidad. Ya no tiene más fuerzas, sólo le queda el miedo. Se arrastra hasta el oso de peluche y lo abraza tímidamente, después se aferra a él con desesperación. Es suave y lo reconforta un poco. Él no lo sabe ni lo entendería pero, tristemente, ése sería el  momento definitivo de tranquilidad con el que culminaría su corta y miserable existencia.

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Además de escritor post apocalíptico, Osmar Ochoa Montero es psicólogo y músico.

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