Robaris

Relato autobiográfico escrito en el 2013 con el fin de informar y alertar otros usuarios sobre los robos en los aeropuertos y cómo nadie responde ante ellos. Tome sus precauciones cuando viaje.

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Cuando en una situación se junta la ingenuidad, la estupidez (propia y ajena), la incompetencia y la deshonestidad, la cosa se pone realmente atroz, sobre todo para la persona que nada más aportó ingenuidad y un poco de estupidez. Esta historia comienza conmigo, una tapatía que por una borrosa mezcla de razones entre académicas y sentimentales  tiene que viajar con frecuencia de Guadalajara a la ciudad de México. Primero me aventaba esos 600 Km en camión,  pero después de dos años me agoté el repertorio de películas del autobús y el trayecto se empezó a poner pesado.  Ver Spanglish se sufre demasiado la primera vez, como para intentarlo dos veces.  Entonces decidí cambiar de medio y darle una oportunidad al avión; que si bien es un poquito más caro, el hecho de que no haya necesidad de ver películas de Adam Sandler hace que valga cada centavo. Así que mis siguientes viajes fueron por Volaris.

Eso de volar me parecía muy bonito. Las nubes se ven de cerquita, las azafatas son muy lindas, el personal es amable  y hasta te dan un vasito de coca en el vuelo. Era tal mi gusto por la volada, que hasta tramité mi tarjeta de crédito Volaris Invex, pa’ tener trato VIP con esa aerolínea. Al poco tiempo descubrí que no soy tan VIP y que Volaris me puede mandar a volar literal y metafóricamente.

Bueno, ya saben para donde va la historia.  El domingo 19 de mayo de 2013, volé de Guadalajara a la Ciudad de México por Volaris, con un libro como equipaje de mano y mi laptop nueva  en el equipaje documentado, ¿Qué por qué hice eso?  Pues ¿por qué no? Las grabaciones del aeropuerto siempre te insisten en no viajar con equipaje de mano y bueno, como tenía la cabeza en las nubes, pensaba que al entregar el equipaje a la aerolínea, éste entra a una dimensión confiable y segura. Algo así como Gringotts en sus buenos tiempos.

Yo desconocía que en realidad las bandas de equipaje son un universo complejo en el que cualquier cosa puede pasar (para muestra Toy Stroy 2); además, el personal de Volaris jamás me mencionó, ni me recomendó no cargar cosas de valor en la maleta. De haber sabido lo inseguro que era, siempre habría cargado mi laptop, mi colección de abrigos de piel rinoceronte negro y mi álbum de estampitas de plants vs zombies en mi equipaje de mano.  Pero bueno, no lo hice…

El punto es que llegué a la Ciudad de México y a pesar de mi ingenuidad, mi laptop, llamada Pony, en honor a los caprichos inmaterializados de la infancia, también llegó completa. Pony y yo, pasamos una divertida semana en la capital. La cual habría sido perfecta de no ser por ese molesto detalle que ocurre siempre tras cada viaje: El regreso.

Llegué al aeropuerto internacional  de la Ciudad de México (AICM), con la maleta más pesada que antes, en ella iba pony y unos dos kg de libros que compré durante mi estancia. Documenté mi equipaje, confiando en que nada podría salir mal con Volaris; pero debí haber sabido que una aerolínea cuyos colores son morados como los trajes de las villanas de Disney, no puede ser de fiar. Por las prisas ni desayuné, medio me engullí una torta de tamal creyendo que una dosis tan alta de carbohidratos podía servirme de reserva de aquí al invierno.

Mi vuelo salió el sábado 25 de mayo a las 9:30 am; en cuanto entré al avión me quedé dormida. Ni siquiera me di cuenta del despegue, cuando volví a abrir los ojos ya estaba en Guadalajara; me despertó el aroma a torta ahogada. Eran las 10:30 am cuando fui a buscar mi equipaje, pero en cuanto tomé mi maleta supe que algo andaba mal. La cargué y se sentía sutilmente más ligera. O se veía diferente  u olía o se escuchaba, o algo. No sé, simplemente me entró la sospecha. La abrí y todo en su interior se veía revuelto, más de lo común. Me hinqué para revisar y ahí, a lado de las bandas, en el suelo de la puerta 7  me di cuenta que Pony ya no estaba. Habían dejado su funda, el cargador y el trapito con el que limpiaba la pantalla. Pero se habían robado a Pony.

Alguien había abierto mi maleta y tomado mi lap. Y sólo para que no me quedara duda, hasta me dejaron un adhesivo que certificaba la intrusión; sobre mi identificador de maleta colocaron una etiqueta que decía Equipaje inspeccionado por el grupo aeroportuario de la ciudad de México. En ese momento me sentí ultrajada, pude ver con horror al personal del aeropuerto esculcando mi maleta, revisando mis pertenencias, oliendo mi ropa interior y llevándose a pony. En verdad no entiendo a estos criminales,  roban mi laptop, pero mis libros de psicología social y complejidad ahí los dejaron.

Es poco decir que entré en crisis. A parte del valor monetario de la lap, que no es poco y aún sigo pagando; esta TODA la información que en ella había, mis cuentas de redes sociales, muchísimos archivos, datos personales, cuentos a medio hacer, avances de la tesis etc; en general mi vida inmaterial estaba ahí. Lo único que me consuela es que no tenía ningún contenido al estilo Paris Hilton o Vanessa Hudgens.

Aguantándome el llanto fui a pedir ayuda al personal de Volaris, cuando les dije: Me robaron mi laptop me contestaron: Bueno, levante una queja; y me dieron un papelito a llenar como el de los restaurantes, de esos que dicen está satisfecho con el servicio… Insistí,  en que no era una queja, sino que de lo que estaba hablando se trataba de un robo que ocurrió cuando yo les confié mi equipaje. Pero se comportaban como si lo que hubiera perdido se tratara de un cepillo de dientes o un zapato. Me recomendaron que hablara al call center, cosa que para mí no tenía el menor sentido. Si tenía personal frente a mí, por qué tenía que hablar con agentes telefónicos.

Entre tratar de hablar con un supervisor, discutir con algunos empleados y pasar horas en el call center, lo único que obtuve de Volaris fueron unas agruras tremendas.  La respuesta que me dieron fue un conciso: Los aparatos electrónicos no cuentan como equipaje, así que lo sentimos por ti.  Ni un mínimo intento por comunicarse al AICM  o revisar las cámaras de seguridad, nada… todo se resumió a Viajaste con nosotros, pero no nos importa  tu equipaje. Creo que un médico del IMSS, habría sido más empático y servicial que el personal de Volaris que me atendió.

No logré que nadie del aeropuerto de Guadalajara me prestara atención. Completamente derrotada tomé mi maleta y me fui a mi casa. Sólo queda decir que mientras se cocinaba el drama de me robaron mi lap, Volaris no me pela y no tengo dinero para el camión a mi casa,  estuve todo el tiempo comunicada telefónicamente con mi gente en Guadalajara y DF; quienes me apoyaron en todo, me ayudaron, me consolaron y hasta evitaron que atacara con mis pinzas para las cejas a la gente de Volaris.

Cuando llegué a mi casa me pasé la tarde en el teléfono llamando al DF, preguntando, quejando, asesorándome etc.   Mientras alguien del DF, daba la cara por mí directamente en el AICM. Fue una tarde de enfrentarse con la indiferencia y la incompetencia del personal, todas las dependencias se pasaban la bolita y chilangos y tapatíos se culpaban mutuamente mientras nadie ha querido asumir ninguna responsabilidad. Incluso a mi querido representante en el DF lo trataron tan mal como si hubiera sido él quién se hubiera robado mi laptop.

Ya ni lamentarse es bueno. Así que, al mal tiempo, mucho whiskey. No queda más remedio que tratar de aprender  lecciones de esto, algunas cursis como no apegarse a las cosas materiales y saber que uno cuenta con el apoyo de otros; y otras más pragmáticas como no documentar cosas de valor y no confiar en el servicio de Volaris, ni en nadie del AICM. Porque a veces estas cosas pasan y tal parece que lo que pasa en Volaris,  se lo queda alguien más.

En retrospectiva una película de Adam Sandler ya no parece tan mala opción. Y bueno, ahora que no tengo computadora he considerado escribir de formas más creativas, como una máquina de escribir, a la usanza antigua, o sobre servilletas como lo hacía JK Rowling cuando no tenía para el papel; o ya de plano como lo hizo el Marqués de Sade cuando estuvo preso; que por cierto así me recomendó un amigo que le redactara mi queja a Volaris.

Robaris

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