Color de sábado

Hoy la ciudad amaneció con color de sábado, pero la vida ya cambió de tono.

Cada sábado en la tarde mi mamá, mi hermana y yo íbamos a comer a casa de los abuelos. Todas mis tías y primos estaban ahí. Con el calor y el tránsito de Guadalajara llegaba toda sudada y mi abuela siempre señalaba cuan mojada estaba mi espalda. Casi siempre comíamos mole de olla o milanesas con papas, mis favoritas. Ellos siempre hablaban de trabajo o de los chismes de la familia y los vecinos. Yo no participaba mucho, pero cuando lo hacía casi siempre recibía el grito coral de: “¡Ay Aby!, ¿por qué no eres una niña normal”, cosa que resultaba muy fastidiosa para alguien que tiene a Derbez en su lista de enemigos. Luego, con tal de no ayudar a recoger, me ofrecía a llevar a los niños al parque y me aseguraba de no regresar hasta que el comedor ya estuviera limpio.

Hoy la ciudad amaneció con color de sábado, pero la vida ya cambió de tono. Mi abuela ya no cocina, algunas de nosotras migramos, unas de ciudad, otras de continente y otras más de plano espiritual; a los niños ya no les gusta ir al parque,y lo más duro de afrontar es que, aunque el tiempo nos dio la vuelta, todavía siguen transmitiendo los programas de Derbez.

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Abril de Romero Sábados

<—Así eran los sábados :’)

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