De amigos y sus novios

Voltean a ver al único que se le ocurrió llegar solo y le preguntan: “¿Y tú, para cuándo…?” La situación es tan incómoda que el aludido ya no sabe si conseguirse una pareja o cambiar de amigos.

La amistad, como todo lo bueno en la vida, también tiene su parte de sacrificio. Por un amigo se soportan situaciones irritantes como el mal aliento de Boris, los dramas de Marianita o los comentarios imprudentes de Poncho. Si estas relaciones se conservan a lo largo de los años, en el algún momento además de aguantar las mañas de los amigos, también habrá que sobrellevar las de su pareja; por ejemplo, si Boris se hiciera de una novia, (gran hazaña considerando su halitosis), eventualmente buscaría presentarnos a la ¿afortunada? y en esta circunstancia, lo más conveniente para todos los involucrados sería que la cortesía imperara en el encuentro.

Cuando nuestro amigo nos presenta a su pareja es importante elegir con cuidado la información que uno revelará, ya que hacer el comentario equivocado, por ejemplo, contarle al nuevo novio de Marianita esa anécdota que incluye doce botellas de tequila, un jacuzzi y un equipo de Rugby, puede causar una primera mala impresión que durará lo que dure su noviazgo y uno se convertirá en el amiguito incómodo que únicamente puede ver a Marianita bajo la supervisión del ogro mojigato de su novio. Por otro lado, el ritual de conocer a la pareja es más simple con los amigos que suelen presentarnos una diferente cada quincena. En estos casos el único reto es aprenderse el nombre de la nueva y olvidar el de la anterior. A la larga uno conoce tantas que ya no encuentra la diferencia entre ellas y todas terminan siendo la nueva Rocío o el nuevo Roger.

A sus parejas no sólo se les tolera cuando están presentes, sino también cuando hacen falta, que es el momento en que el amigo aprovecha para quejarse de su novia. No obstante, en cuanto la susodicha aparezca, a Poncho se le olvidará todo aquello de lo que se estaba quejando. Ante una relación de este tipo, los amigos no tienen más opción que ser amables con la persona que, según Poncho, es el amor de su vida pero al mismo tiempo es la responsable de su constante desdicha, así, uno termina por aceptar a la bruja desabrida de su novia del mismo modo que acepta la decisión de su amigo de seguir con ella.

A veces, ambas partes de la relación proceden del mismo grupo de amigos, lo que resulta muy ventajoso pues se elude la tarea de integrar a alguien a las muy gastadas bromas locales; pero también es un arma de doble filo dado que representa un riesgo inminente para la convivencia. Si las cosas no funcionan entre ellos, sus mutuos amigos quedarán como civiles en una guerra, atrapados en medio del conflicto, sufriendo los estragos y en muchos casos, obligados a tomar un lado.

Entrados los veinte, la mayoría de los amigos ya vienen en combo, lo que suele cambiar la dinámica de las reuniones. Todos actúan como una versión moderada de sí mismos, las charlas se dan en su versión censurada y las únicas anécdotas vergonzosas que se cuentan son las del solterón del grupo. También hay parejas que aprovechan la convivencia como un pretexto para pincharse entre sí y exhibir los defectos del otro; y una vez que terminan de contar la escabrosa historia de su última pelea, voltean a ver al único que se le ocurrió llegar solo y le preguntan: “¿Y tú, para cuándo…?” La situación es tan incómoda que el aludido ya no sabe si conseguirse una pareja o cambiar de amigos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s