Pirómanos

Nada como tener un amigo con quien ver el mundo arder

Uno no puede definir el momento preciso en que empezó a enamorarse, simplemente un día descubre que lo está y para entonces la cosa ya no tiene remedio. Algo así sucede con las amistades, no sabemos ni cuándo ni cómo esa personita que de casualidad iba pasando por nuestra vida se volvió parte de ella.

Igual que todo lo que está destinado a ser, no hay manera de evitarlo… Basta con una chispa para que se prenda el cerro y es precisamente esa chispa la que a veces necesitamos para hacer de nuestros días un espectáculo de pirotecnia. Esos amigos son los que nos animan explotar para que descubramos qué tan alto podemos llegar; son ellos con quien uno se atreve a desatar incendios porque confiamos en que si el mundo empieza arder, se sentaran con nosotros a asar malvaviscos. No importa si es llamarada de petate o el mismísimo hogar de saTan, cuando uno se encuentra con otro pirómano puede tener la certeza de que será una amistad que dejará huella.

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