Fantasy

Así es la gente, con un día que bailes y ya te ven como teibolera para siempre…

A las Fabulosos

La última vez que la vi teníamos catorce años. De manera improvista su familia tuvo que mudarse de la ciudad sin siquiera darle tiempo de terminar el ciclo escolar. De una semana a otra, Xitlali perdió todo lo que conocía y yo perdí a quien fue mi mejor amiga en la secundaria.  La despedida fue triste. Yo la quería, al menos lo suficiente para extrañarla, pero supongo que no tanto como para hacer un esfuerzo por contactarla. La distancia, los cambios de número de teléfono y la inercia propia de la vida confabularon para que aquella relación se quedara en recuerdo.

De haber sabido que la volvería a encontrar me habría gustado que fuese en otras circunstancias, por ejemplo, una donde yo estuviera absolutamente sobria y ella absolutamente vestida. Pero la vida casi nunca es como uno quisiera que fuera y al entrar al baño del Fantasy la vi, o mejor dicho, vi su espalda desnuda. Caminé sin despegar la mirada del piso, a mi alrededor estaban al menos tres bailarinas en topless y tanto pezón suelto me resultaba intimidante. Hice lo mío y me encaminé a la puerta. Al andar sentí una mirada pero asumí que era natural ser observada en un contexto donde yo era la única mujer que llevaba ropa. Me detuve cuando una voz me llamó y al voltear me la encontré de frente. Tardé algunos segundos en reconocerla detrás de esa gruesa capa de maquillaje que la suspendía en una edad sin tiempo; de hecho, si no hubiésemos sido coetáneas no hubiera podido precisar si tenía dieciocho o treinta y cinco. Afortunadamente ella habló primero.

-¡Hola! ¿Me recuerdas? ¡Soy Tali! Íbamos juntas en la secu…-

Asentí y de inmediato recibí un abrazo que me estrujo contra sus inmensos pechos que no eran suyos y me llenó la ropa de brillitos.

-¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho en los últimos años? ¿Estudiaste? ¿Te casaste? ¿Qué haces aquí?… ¡Qué emoción! Tenemos que ponernos al día…- Y siguió soltándome preguntas mientras yo trataba de mantener la vista firme en sus ojos. Quería decirle cuánto me alegraba verla sin que fuera evidente que seguía noqueada por la sorpresa. Busqué las palabras para expresarle de manera casual la siguiente idea: “Me alegra verte, de verdad, pero si prefieres podemos obviar el hecho de que estás en topless, en lo personal yo sí quisiera obviarlo. Pero no te preocupes, no te juzgo por tu empleo, aunque quizá al decirte que no te juzgo sí lo estoy haciendo un poco pero entiendo que hay muchas maneras de ganarse la vida y todas son honorables, aunque eso implique bailar en el regazo de extraños… claro que si tú quieres hablar de ello también podamos hacerlo, pero no te sientas obligada, de verdad, no necesito una explicación, sólo si tú quieres dármela con gusto te escucho pero…” Soy tan mala improvisando que me quedé en blanco y sólo supe decir:

-Sí, pongámonos al día.-

-¡Excelente! Mi turno está por terminar pero no me puedo quedar a cotorrear con los clientes, ya sabes, las reglas…. ¿Qué te parece si vamos a mi casa? Vivo a un par de calles de aquí…-

-Sería genial, sólo que vengo con un amigo…-

-No te preocupes, invítalo; también es bienvenido.-

Antes de que se levanten incendiarios dedos hembristas acusándome de contribuir a la cosificación de la mujer y a la conservación del perverso heteropatriarcado, quiero aclarar que yo no acostumbro frecuentar sitios como el Fantasy; de hecho, esa era la primera vez en mi vida que pisaba un teibol y de ninguna manera fue algo que yo hubiese planeado. Todo surgió cuando estaba en la oficina de Denis Ventura, mi editor; y por oficina quiero decir un bar de amables meseras; y por editor me refiero a la extraña relación que tengo con ese escritor zángano y truhán a quien no frecuentaría sino fuera por su manera acertada, mordaz y gratuita de revisar mis escritos.

-Basura rancia, muñeca, basura rancia. ¿En algún momento planeas mandarme algo que no haya sido escrito por tu síndrome premenstrual? Porque sabes, muñeca, la única razón para aguantar a una mujer en ese humor es estártela tirando…- Luego guiñó el ojo e hizo algunas señas que ilustraban su insinuación.

-Tienes razón, apestan. Todo es culpa de mi estúpido trabajo, me chupa de apoco la vida. Mi única motivación al despertar es que llegue la hora de dormir…-

-Perdón ¿dijiste algo, muñeca? Es que normalmente dejo de escucharte cuando es evidente que estás en tu periodo…-

Mi perorata de cuánto odiaba mi trabajo no duró mucho. En cuanto nos terminamos la cerveza, Denis me dijo:

-Muñeca, lo que tú necesitas es un orientador vocacional… y yo seré esa persona. Pide la cuenta y vámonos; quiero mostrarte otras opciones profesionales más divertidas.-

Llegamos al Fantasy en el viejo Trans Am de Denis al que cariñosamente llamaba Kitt, lo único que me asombró del lugar fue mi ingenuidad pues, aun conociendo su sexista y retorcido sentido del humor, no preví que terminaríamos en un bule.

-¿Qué dices, muñeca? ¿Entregamos tu currí…culo?- Me preguntó al recargarse en el asiento. No respondí. Simplemente me limité a hacerle una mueca.

-Quita esa cara, muñeca. Si sigues arrugando así la nariz las señoritas van a pensar que no estás valorando su trabajo.

-Su trabajo no es precisamente el tipo de cosas que valoro.-

-Gratitud, jovencita, que no en cualquier lugar se esfuerzan tanto por procurar la satisfacción del cliente.-

-Una cerveza y ya, por favor; además, tengo ganas de ir al baño y no quiero entrar a los de aquí.-

-Tú relájate, nena, que estos asientos ya están acostumbrados a los fluidos.-

Creo que sería demasiado optimista si dijera que el Fantasy me pareció deprimente. Era un salón escabroso, sucio y lúbrico, en suma, la materialización de la mente de Denis. Había una sola pista donde estaba actuando una rubia morena que se enroscó en la barra y luego se tumbó en el escenario para abrirse de piernas frente al gordo bigotón que estaba en la mesa más próxima. El resto de las chicas se paseaba alrededor del lugar. La inevitable barriguita de bebedor recurrente sobresalía de las tangas que evidenciaban la flaccidez de sus traseros. La mesera que nos llevó las cervezas iba con los senos al aire y cuando se acercó, pude notar las cicatrices que le dejó la costurera ciega que le puso los implantes. Todo deseo homosexual que pude haber experimentado en mi vida se perdió entre los agujeros insondables de su celulitis.

Luces parpadeantes, música estridente, alcohol, chicas desnudas y tipos con billetes creaban una atmósfera espesa y turbia propicia para la clandestinidad. Había hombres jóvenes pagando por ver bailar a chicas con las que no se permitirían ser vistos en públicos. Otros mayores que encontraban en el brandy y las tetas de alquiler el bálsamo para olvidarse de la mujer decepcionada que los esperaba en casa y del hombre exitoso que nunca llegaron a ser. En algunas mesas las bailarinas se sentaban sobre los clientes removiéndose mecánicamente en su entrepierna mientras éstos trataban de contener la imprudencia de sus manos.

-Oye, Denis… Cuando los hombres vienen en grupo, ¿no es incómodo pensar que tu amigo está teniendo una erección a lado tuyo?

-¡Pero qué ridiculez, muñeca! Los hombres no pensamos en esas cosas… Esto es como ir a una taquería: Uno va por carne y ya… Y si hablas de carne, cualquier tipo te dirá que prefiere la arrachera pero si amaneció hambriento se comería hasta unos tacos de tripa… Así es el hambre y así es el hombre, muñeca.-

Fue suficiente de Denis para mí. Me levanté al baño y regresé con la noticia de que habíamos sido invitados a casa de Tali, que en el Fantasy se hacía llamar Hada.

-Vaya, vaya, vaya, muñeca… Estoy orgulloso de ti, apenas te mostré este mundo y tú ya empezaste a colonizarlo… Te lo dije, nena, tienes futuro en este gremio.-

La esperamos afuera de la entrada de servicio. Al verla salir no encontré al hada erótica y atemporal que acababa de ver en el baño; en vez de ella quién se presentó fue una mujer de jeans y chamarra gris que se parecía mucho más a la Tali de mis recuerdos. Se veía agobiada y cansada, como cualquier otra persona que está saliendo de trabajar. Conforme nos alejábamos de la realidad distorsionada del Fantasy fue más fácil reestablecer la empatía que habíamos compartido hacía más de una década. Para cuando llegamos a su casa ya nos habíamos puesto al día al menos en generalidades como escolaridad, familia y estado civil. Nos sentamos en una diminuta sala de sillones raídos y paredes amarillentas. Sobre la mesita de centro había un libro de colorear que Tali recogió junto con un suetercito y algunos otros trastos de esos imprudentes que comúnmente se aparecen en la sala justo el día en que uno recibe visitas.

-Me habría encantado que conocieras a mis bebés, pero hoy se quedaron en casa de mi mamá. No me gusta que estén solitos cuando me toca este horario…-

-Tali, si me lo permites, yo con mucho gusto podría cuidar de esos querubines tuyos, incluso también podría cuidar de ti…- Intervino Denis acercándose lentamente a su hada.

-¿Y quién nos va a cuidar de ti, pillo?- Le respondió Tali sonriendo y guiñando el ojo tal como lo habría hecho Denis.

Nuestra anfitriona nos ofreció unas cervezas y en poco tiempo terminamos recordando entre risas y suspiros aquellos tiempos escolares. Denis nos observaba con complacencia y en un momento en que ambas callamos tomó la palabra:

-Platiquen, chicas, con confianza; recuerden aquellos días de tierna adolescencia en los que paseaban juntas en esas pequeñas falditas de colegialas. Cuéntame, muñecas, no escatimen en detalles…-

Yo puse los ojos en blanco tratando de ignorar su comentario. Tali sonrió:

-Tranquila, amiga. Si conocieras a la clase de pervertidos con los que he tenido que lidiar, seguro tu amiguito te parecería un santo. Recuerdo una vez que un viejo me pidió que me sentara en sus piernas y le hablara como bebé. El muy cerdo me pidió que lo llamara “bubu”, porque así le decía su nietecita…-

-Tali…- aproveché que ella había tocado el tema para soltarle la pregunta- ¿Cómo fue que entraste a trabajar al Fantasy?-

-¡Ay amiga! La vida de muchas vueltas… Un día estás en un colegio de monjas y al siguiente te enteras que tu papá se fue con otra y entonces tienes que mudarte a casa de tu abuela. ¿Qué te digo? Con los años las cosas se fueron complicando cada vez más, teníamos tantos problemas de dinero que tuve que dejar la escuela… Luego, ya sabes, las decisiones… me embaracé y no hubo más opción que rolar de trabajo en trabajo… Y conforme la necesidad apremia, va cambiando tu concepto de lo que estás dispuesto a hacer, y la verdad, gano más en un viernes como Hada que lo que ganaría en toda una semana como obrera. Obviamente no es lo que soñé, pero al menos entre semana puedo pasar la tarde con mis bebés y para mí eso es lo más importante… Por supuesto, no siempre lo  veo así, hay veces que los clientes son tan groseros, tan patéticos, tan puercos… No lo digo por ti, querido, ojalá todos fueran como tú- miró a Denis y éste soltó la sonrisa más amable que le haya visto nunca- pero cuando llega gente como el viejito ése, me lleno de asco y coraje y pienso en dejarlo, pero ¿saben? No es tan fácil cambiar de giro porque ¿cómo explicas en una entrevista de trabajo a qué te estuviste dedicando los últimos dos años? Así es la gente, con un día que bailes y ya te ven como teibolera para siempre… Pero sí voy a dejarlo pronto, sobre todo porque el mayorcito ya está por entrar a la primaria y no quiero que de grande tenga recuerdos raros de mí… Sé que sí voy a poder, sólo que a ratos me desanima pensar todas las veces que he escuchado a mis compañeras decir eso, “voy a dejarlo”; hablan, se van y luego regresan al bisne pero ahora en un lugar de peor categoría…- Hizo una pausa y algo en su semblante se ensombreció. Le dio un trago a su cerveza y recobró su tono jovial – Pero ya fue suficiente de mí… Tú, amiga, cuéntame, ¿exactamente a qué te dedicas?-

-Yo…-Titubeé un poco. -Ya no sabía cómo hablar de mi trabajo sin menospreciarlo y menospreciarme. -Trabajo en las oficinas de una fábrica de cajas de cartón; estoy en el área de…-

-Lloriqueos y quejas sin sentido, y se dedica a sentarse en su flacucho trasero nueve horas al día mientras espera a que llegue su siguiente cheque…- Interrumpió Denis.

-¿No te gusta tu trabajo?-

-No realmente. –Dije un tanto avergonzada de mi falta de tolerancia. – No es un mal trabajo, pero no es lo que imaginé que sería de mi vida…-

-Te entiendo, amiga; pero si te sirve de consuelo, pocas personas hacen lo que les gusta y todos los demás mejor le encuentran el gusto a lo que hacen con tal de no sentirse mal… Pero como yo lo veo, es mejor sentirte siempre así, triste y fuera de lugar porque el día en que te acostumbras a lo que no te gusta es porque ya te olvidaste de que tenías otros sueños…-

Se impuso el silencio y el ambiente se llenó con nuestras aspiraciones postergadas.

-¡Ánimo señoritas!, que si alguna tiene el sueño de ser la mujer de un brillante escritor, yo se los puedo hacer realidad…- Irrumpió Denis regresando el entusiasmo al encuentro.

Seguimos charlando hasta que se hizo tarde, (o temprano, según como prefiera verse) y preferimos despedirnos para dejar descansar a Tali. Las viejas amigas intercambiamos números y prometimos hablarnos después. Hace poco intenté marcarle pero su celular ya le pertenecía a otra persona. Luego supe, gracias a su mejor cliente, que al Fantasy le falta un hada. Desde entonces Denis se ha propuesto buscarla en todos los teibols de la ciudad. Me alegra saber que aún no la ha encontrado.

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