La boda de Marianita

Güey, es la boda de Marranita, ni siquiera el novio quiere ir. 

A las amiguis

-¡Me lleva la chingada!- Gruñó  Ximena mirando ansiosamente el reloj.- Llegaremos tardísimo y será enteramente tu culpa…- agregó a la par que le echaba una miradilla furiosa a La Pacheco.

-¿Es mi culpa que haya una manifestación?- Preguntó Pacheco después de darle una fumada a su Lucky Strike y soltar el humo por la ventana.

-No, pero sí es tu culpa habernos pedido que pasáramos por ti a este punto de la ciudad. Si ya sabías que habría una marcha ¿Por qué carajos nos citaste aquí?… – Respondió Ximena mientras buscaba con la mirada el fin de la fila de autos que teníamos en frente.

-¡Yo no habría cambiado el lugar sino fuera porque tú te retrasaste; ¿Cuántas horas necesita alguien para arreglarse? ¡Por Dios! Si tú no eres la novia ¡no mames!…

-¡Pues sí! Pero no pasaba nada si hoy no ibas a tu cosa de yoga esa ¿o acaso en tu club de hippies pasan lista?- Intervine yo; que también creía que estar atoradas en el tránsito era mérito de Pacheco.

-Sí, así son todos los clubs. Lo sabrías si algún día te hubiesen aceptado en alguno.

En cuanto puse un pie en el ring me noquearon. No dije más. Destapé otra lata de cerveza y recargué la cabeza en el vidrio.

-¿Puedes bajar eso?- Me reprendió Ximena refiriéndose a la cerveza.- Ya bastante molestia fue tener que detenernos a comprarlas. ¿Era una labor tan difícil pasar dos horas sin beber?

-¿Hay otra manera de tolerar una boda?

-¿Conoces otra forma en que podamos aguantar tu mal humor? – Se sumó Pacheco al reclamo ahora dirigiendo su derechazo a Ximena. – Desde que dejaste a Víctor has estado con un síndrome premenstrual permanente.

La aludida me arrebató mi lata y le dio un trago. Pensé que lo que intentaba era frenar su impulso por replicar pero lo que hizo fue darse valor para contraatacar:

-Terminar una relación duele. Lo sabrías si algo en tu vida hubiera durado más de quince minutos.

Ahora fue Pacheco quien recibió un gancho al hígado y, como si éste no estuviese ya lo suficientemente lastimado, cogió otra lata y aprovechó su excursión al asiento delantero para subirle a la música. Había terminado el primer asalto. No habían sido muchos golpes, pero sí los suficientes para lastimarnos. Nos conocíamos tanto que sabíamos exactamente cómo podíamos herirnos; creo que a eso lo llaman amistad.

Ximena y yo nos conocimos durante la prepa, íbamos en el mismo salón pero no nos dirigimos la palabra casi hasta terminar el primer semestre; en realidad, antes de hablarnos no le hablábamos a nadie. En mí esto era algo usual, en esas mismas condiciones cursé mi educación básica. Para ella, sin embargo, esta etapa de su vida fue especialmente complicada porque la situación económica de su familia cambió radicalmente y tuvo que dejar su hermoso y elitista colegio para estudiar en una prepa pública. Como protesta ante el ambiente de clase trabajadora en el que se le había arrojado, se negó a interactuar con todo aquel al que no considerara de su nivel, lo cual nos excluía a todos. De hecho, no habría llegado a entablar una conversación conmigo de no haber sido porque nos encontramos varias veces en los sanitarios que estaban en una plaza a varias cuadras de la prepa. Aparentemente las dos estábamos dispuestas a caminar y pagar cinco pesos con tal de no adquirir gonorrea en las letrinas escolares, pequeño gesto de mamonería que, combinado con un par de vejigas pequeñas, despertó la empatía entre nosotras y terminamos por buscarnos después de cada clase para ir juntas al baño .

Por fin salimos del cuello de botella al que Pacheco nos condujo y ahora el tacón  de Ximena se estaba reconciliando con el acelerador.

-Ximena ¿Por qué tanta prisa por llegar a donde no quieres ir?- Le pregunté haciendo sonar de nuevo la campana.

-¡Claro que quiero ir! No diario se casa una de mis amigas.

-¡Pfff! Pero si Mariatontita ni siquiera es tu amiga… No puedes hablar con ella sin después llamarla “bruja desabrida- zorra insípida- perra desalmada- gorda en potencia-arpía infeliz…”- Se entrometió Pacheco saltando desde su esquina al centro del ring.

-Discúlpame por ser poco tolerante a los baños de pureza que se da la mojiGATA de tu amiga,  pero al menos yo me digno a verla, no que tú, que tienes meses evitándola…

-Sí, pero no es nada personal contra Marranita, simplemente me harta que TU amiga sea incapaz de hablar de algo que no sea su compromiso: “mi boda, mi boda, mi boda, me caso, me caso, me caso, al fin tendré un hombre que me mantenga y podré culpar de mi gordura a la maternidad…”

-¡Claro! ¡Si de eso se trata! Le tienes tanto miedo al compromiso que no puedes tolerar siquiera que alguien lo mencione…

Previendo que Pacheco soltaría un golpe bajo, interrumpí tratando de llevar la conversación hacia otro rumbo:

-A mí Marianita me da igual… No es mi persona favorita, pero tampoco le deseo ningún mal específico. La verdad hemos hablado poco, de hecho me sorprende que me haya invitado…

-¡Ja! Pero si a ti no te invitaron… ¿No te dijeron? ¡Tú eres el más uno de Ximena!-  Pacheco sonrió con maldad.

Me sentí miserable. Peor que ir a una boda es tener que hacerlo sin haber sido invitada.

-Lo siento, no te lo mencioné.- Dijo Ximena tratando de ponerme un hielo en el golpe que le tocaba a ella.- Cuando Marianita nos dio los boletos yo todavía andaba con Víctor. Pensé en invitarte a ti porque igual la conoces; además, a este tipo de eventos es preferible venir sin cita; una no lleva lonche a un bufet.

-¡Qué mal! ¿o sea que yo soy tu acompañante en turno?…- Pregunté sabiendo que la respuesta ameritaría otra cerveza.

-¡Ay Ximena! cada vez eliges peor a tus citas.- Sentenció Pacheco llevándose este round por decisión unánime.

Por lo regular me considero buena observando a los demás, me es fácil encontrar patrones y luego hacer predicciones sobre cómo responderá la gente en tal o cual circunstancia, pero con Pacheco esto es de lo más complicado. Ella es absolutamente  impredecible, lo que la convierte en una adversaria letal. Así como puede  abrazarte en medio de una pelea, también es capaz de arrancarte una oreja a mordidas en medio de un abrazo. No podría precisar cómo fue que comenzamos a ser sus amigas, sólo estoy segura de que también ocurrió durante la prepa.

Un día, mientras esperaba que Ximena saliera de su taller de economía doméstica o lo que fuera que se tratara su clase, se me acercó una chica de poncho y morral que sostenía un cigarro.

-¡Hola!-dijo al ponerse en frente. -Sólo quería decirte que tienes un color de aura muy lindo, es un azul profundo, como color mar.

-¿Gracias?- Farfullé con el entrecejo fruncido. Más que sorprenderme que la niña del morral viera auras, me asombró que encontrara la mía bonita. Siempre creí que tendría un nido de murciélagos en ella.  

-De nada.- Sonrió y se dio la  media vuelta. Caminó un par de pasos y luego regresó precipitadamente.-Por cierto, trata de pensar menos, creo que tienes sobrecalentado tu séptimo chakra…- Y se alejó con pasos ligeros que dejaron un tintineo en mi memoria.

Un par de semanas después la volví a ver. Estaba con Ximena cuando la loca del morral se me acercó para hacerme una pregunta más mundana.

-¡Hola niña-azul! ¿Cómo va ese séptimo chakra? Oye, ¿de casualidad tendrás un cigarrillo que me puedas donar…?

-Toma.- Dijo Ximena ofreciéndole un Benson mentolado. No fumaba pero pretendía hacerlo porque ¿a qué va uno a la prepa si no es a pretender?

-Gracias, linda…- Pacheco cogió el cigarrillo y se fue dejando su sutil tintineo en el aire.

Me sorprendió ese acto insólito de amabilidad por parte de Ximena quien por lo regular no solía regalar ni una mirada. Cuando le pregunté al respecto, me respondió:

-Es que en esta reformatorio ella es la primera persona que veo con la mínima noción de estilo…- después de mirarme de arriba abajo, agregó – sin ofender.

Durante los meses posteriores seguimos encontrándonos en el patio hasta que Laura Pacheco se volvió parte de nuestra rutina. Pronto descubrimos que ni siquiera estudiaba en esa escuela pero la frecuentaba porque, según ella, allí circulaba la mejor weed de la ciudad. Con los años comprobamos que tenía razón.

Después de hora y media de camino y varios asaltos más, al fin estábamos a unos cuantos kilómetros de la fiesta de Marianita, esa pobre mujer que cometió la imprudencia de casarse antes de los treinta y encima quiso celebrar su boda en sábado de manifestaciones y en el culo de la ciudad. Intempestivamente Ximena disminuyó la velocidad y se estacionó frente a un Oxxo.

-Necesito comprar algo.- Dijo al bajar del auto. Pacheco y yo nos quedamos como un par de niñas esperando a su mamá. Ya habíamos peleado lo suficiente entre nosotras, así que arremetimos contra la que no estaba:

-¡Ay Ximensa! ¿No que mucha prisa?- Rezongó Pacheco antes de encender otro cigarro.

-Ya sé…Yo también desbordó de emoción por ver a Mariasna dejar de estorbar en el mundo de las solteras ¡Qué vaya mucho a decorar su casa!

-Güey… Es la boda de Marranita, ni siquiera el novio quiere ir…- Comentó Pacheco, quien para esos momentos ya se había coronado campeona peso pluma.

Ximena volvió con dos bolsas, de una sacó unas Chip’s fuego que me arrojó en el regazo. A Pacheco le aventó una cajetilla de Luckys y ella abrió un chocolate. En la otra bolsa había tres latas de whiskey. Después de tantos golpes necesitábamos hidratarnos.

-Güey… ¿Por qué estamos haciendo esto?- Preguntó Pacheco que parecía, por fin, había salido del modo Tyson.

-¿Qué? ¿Ir a la boda de esa bruja infeliz o portarnos como arpías entre nosotras?- Respondió Ximena quien había perdido toda intención de encender el auto.

-Ambas, supongo…- Dijo Pacheco tomando otro cigarrillo.

-No sé, la segunda creo que es porque somos amigas y eso es lo bueno de las amigas, puedes portarte tan perra como eres y tener la certeza de que te van a seguir hablando…

-Sí, aunque también podríamos evitarnos poner a prueba la resistencia de la amistad- Le refuté yo, que en algún momento de la tarde había fungido de costal para ambas boxeadoras.

-Lo siento…- Continuó Ximena.- La verdad es que me fastidia pasar un sábado celebrando a Marranita pero tengo que ir a su cochina boda porque si no la zorra egocéntrica va a pensar que falté porque estoy celosa o algo así…

-¡Cálmate! Que si te hubieras querido casar ya lo hubieras hecho…- Le dijo Pacheco.

-¡Ya sé! Sólo es raro, durante años creí que hasta edad ya estaría casada y no sé, después de lo de Víctor ya ni sé si de verdad me quiero casar o simplemente creí que eso era lo que quería…

-¡Wow! Si llegaste a ese grado de introspección después del rompimiento quizá dejar a Víctor ha sido lo mejor que te ha pasado.- Pacheco levantó su lata y brindamos por la revelación de Ximena.

– Hasta lamento haberte llamada Ximensa…

-¿Qué?-

-Ya dude, tranquila, ni que conseguir un marido fuera tan difícil…- Añadió Pacheco.

-Pues sí, pero parece que para Marianita eso fue una hazaña que merece una fiesta de cien invitados… y yo. – Así como a la boda, también me colé a la conversación.

-Quién diría que ahora eres tú la única que tiene pareja…- Ximena me miró con incredulidad.

-¿Gracias?- dije tratando de encontrar el cumplido en sus palabras.- Pero pareja es mucho decir, sólo salgo con alguien…

-Y no les va nada mal ¿no?- Preguntó Pacheco.

-Sí, pero es porque todavía no me conoce tan bien como ustedes, es cosa de tiempo para que empiece el naufragio.

-Todas las relaciones tienen fecha de caducidad.- Intervino Ximena.-Sólo a veces no queremos ver que ya expiraron y seguimos ahí en lo podrido…

-¡Ey! Guarda algo de eso para la hora del brindis.- Dijo Pacheco levantando su lata de whiskey.

            -¿Listas?- Preguntó Ximena una vez que nos terminamos las frituras, los tragos y la hostilidad.

            -No, pero supongo que para eso fue el whiskey.- Dije mirando mi lata vacía.

           -La verdad yo preferiría esperarme a su siguiente boda.- Contestó Ximena.

           -Suena bien; igual a ésa tampoco me va a invitar.- Le respondí.

            -Ya ni pedo, dudes, vamos.- Agregó Pacheco con una sonrisa de resignación – Total, ya estamos aquí…. y esta fiesta no se va a criticar sola.

Para cuando llegamos estábamos dispuestas a hacer lo que cualquier invitado hace: comimos platillos disque gourmets fríos y desabridos, interactuamos con extraños, felicitamos a la pareja, le dijimos a la novia cuan hermosa se veía, (sin importar  que pensáramos lo contrario), escuchamos las más horribles canciones de los noventa y tomamos todo lo que el mesero estuviera dispuesto a servirnos hasta que, eventualmente,  terminamos brindando por la felicidad de Marianita.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s