Botana de bar

No trates como dedo de queso a quien te trata como sabritón

Sale el sol y tu cabeza decide que es momento para empezar a punzar. En la boca, sabor a cerveza seca, botana rancia y ceniza; en el suelo unos calzones que no parecen tuyos y a tu lado un brazo que definitivamente le pertenece a otra persona… Le preguntas a tu cerebro de quién es y se ríe de ti: “¡Vaya! ¿Ahora sí te importa mi opinión?” Después de angustiosos segundos de incertidumbre, tu memoria vomita: el propietario de aquella extremidad y tú se conocieron anoche. Recuerdas que al verle lo primero que pensaste fue: “zafo”. No sabes en qué momento el “zafo” se convirtió en un “Ya qué…”, pero sospechas que ocurrió entre tu segunda cerveza y el sexto mensaje que le mandaste a tu ex. Le miras otra vez y te arrepientes de haber retirado tu negativa; quien no se ve bien en la penumbra de una fiesta, definitivamente no mejora bajo los rayos del sol.

¿Por qué hacemos estas cosas? ¿Por qué uno se encama con alguien que no le atrae? ¿Ociosidad? ¿Promiscuidad? ¿Urgencia? Sí, todas las anteriores, pero hay otra razón a la que me gusta llamar “Botana de bar”, permítanme explicarme: En muchos bares tienen la loable costumbre de ofrecer con la bebida platitos de chicharrones, fruta picada con chilito espolvoreado o cualquier otra cosa salada que al cliente le provoque sed. A lo mejor ni nos gustan los cacahuates y nunca los compraríamos por iniciativa propia… peeeeeeero, si nos los ponen enfrente es prácticamente seguro que les vamos a meter mano, ¿por qué?, por la sencilla razón de que ahí están, quietecitos y esperando a ser tomados. Tenerlos no nos implica ningún esfuerzo y si se acaban, no importa; si nos vuelven a servir pues nos los volveríamos a acabar y si ya no nos dan más tampoco tiene importancia, ¡total!, si uno se los come es simplemente porque el alcohol le despertó los apetitos.

Tratar o ser tratado como “Botana de Bar” no es sólo el origen de muchas crudas morales, sino una actitud ante la vida, por ejemplo: hay quienes salen con alguien porque se atravesó, lo besan porque ahí se quedó y hasta se casan no más porque nunca se quitó. Su contraparte son los que no dejan de servirse a otro, entregan todo cuanto tienen y si se agotan se vuelven a llenar para seguirse dando, ¿y qué reciben a cambio?, la simple satisfacción de saber que están alimentando a alguien que ni tenía hambre de ellos. Así es esto, a veces nos toca ser la botana, otras, las manos diseccionando la bolsa de Pake-Taxo, y algunas cuantas, el borracho necio que le da trato de Sabritón a quien lo trata como dedo de queso.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s