Llamas pirómanas

Quién sospecharía que las llamas disfrutan ver el mundo arder.

Esa mañana tenía un sólo trabajo y de lo más fácil: sacar un duplicado de las llaves de mi nueva roomie. Hasta ese momento habíamos hablado lo más mínimo, por eso cuando vi que su llavero era una llama encontré mi oportunidad para ir atizando la empatía:

                -¡Tú llavero es una llama! Yo también tengo un llavero-llama.

              -¿En serio? ¿De Perú?- Preguntó mientras dejaba en mis manos el ingreso a su casa.

                -¡Sí! Recién importada…

Sonreímos y ella partió hacia su chamba. Camino a la cerrajería miré nuevamente a la llamita y me sentí reconfortada, tal coincidencia sólo podía ser una buen augurio. Dos personas de diferentes partes se encontraban bajo el mismo techo, unidas, hasta ahora, por un suvenir peruano… para mí, esto era una señal inequívoca del inicio de una amistad; pero, como todo lo bueno que me pasa en la vida, la llama se me escapó de las manos.

Para cuando llegué con el cerrajero traía unas llavecitas huérfanas de ésas que usan los que no sienten cariño por la puerta que van a abrir. Caminé sobre mis pasos buscándole y sólo logré perder, también, mi tiempo.  Me angustié mucho… ¿Y si esa llama tenía un enorme valor sentimental? ¿Si ella la trajo consigo cuando escaló por primera vez Los Andes? ¿Si fue un obsequio de su difunto abuelo, antiguo guerrero inca? ¿Qué le diría ahora? “Oye ¿recuerdas esa cosa que colgaba de tus llaves? Sí, lo único que hasta ahora tenemos en común… ¡pues lo perdí!”  Afortunadamente, todavía tenía en mi posesión una llama y estaba dispuesta a entregársela como ofrenda de paz.

              Volvió del trabajo, saludos rápidos y el “Oye… ¿Qué crees que pasó?” que siempre antecede a una mala noticia. En resumen, le expliqué que fue un accidente, que soy despistada y que lo mío, lo mío, no son las primeras impresiones.

                -Lo siento, de verdad, pero mira, tu llama ya no tenía ojos y a la que te estoy dando todavía le queda uno… Si lo piensas, sales ganando… Cambiaste un ciego, por un tuerto…

                -La mía era de otro color, Abril…

El asunto no terminó tan mal, mi nueva roomie aceptó la nueva llama de buena gana y hasta reconoció que también es despistada y que si yo no hubiera confesado quizá ni habría notado el cambio; es bueno saber que ahora tenemos otra cosa en común… En fin, sólo queda preguntarnos ¿Cómo escapó esa llama del infierno? ¿Fue a propósito? Tal vez sí, después de todo, quién sospecharía que las llamas disfrutan  ver el mundo arder.

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4 comentarios en “Llamas pirómanas

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