Un whiskey ¡por favor!

Fui al Oxxo por una latita de whiskey para pasarme los tragos de procrastinación que me tendrán trabajando todo el fin de semana:
-Me muestras tu identificación-. Me solicitó la señora cajera.

Sonreí, hacía mucho que no me la pedían. La perdí en octubre y he postergado la reposición porque ocupada sacando a flote la adultez. Si alguien quiere corroborar mi mayoría de edad, que me vea las ojeras.

-No tengo.- Dije ojeando con resignación mi cartera. También había perdido la copia del pasaporte que cargaba no más por no dejar.
-No te puedo vender alcohol.
-Soy mayor de edad, de veras.
-Ay, hasta tiene tarjeta de crédito.- Intervino la señora de atrás de la fila que, al parecer, también le había echado un ojito a mi cartera.
-Me multan si le vendo a menores de edad.
-Pero tengo 26.
-No te ves de 26.
-¡Si no tuviera 26 no me urgiría un whisky!

La señora quitó la lata de la caja. Yo me salí de la tienda farfullando maldiciones pero dándole las gracias.

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