La tía borracha

A Fany le costaba creer que la soltería fuese una decisión personal y no una penosa situación transitoria.

-Leí la nota de esta mujer a la que le cancelaron la boda por andar de desmadrosa en su despedida… La gente  está haciendo mucho argüende por eso ¿no?

-Sí, pero la neta sí se pasó de zorra.

-¡Rubén! No seas grosero…- Fany le reclamó a su novio por usar la palabra con “z” en la sobremesa. –Pero sí es cierto, la chava se pasó…

-Pues sí, pero la neta nada más ellos saben cuál es el fondo del asunto ¿Quién es uno para andar opinando de gente que ni conoce?

-Sí ¿verdad?- Fany no pudo ocultar una mueca de inconformidad. –Sólo digo que si quieren andar en el desmadre ¿Para qué se comprometen?

-No sé, por eso mi único compromiso es con este caballero.- Volteé hacia la botella de whisky que había en la mesa y le guiñé le ojo.

Fany entendió la indirecta, fue a la cocina y regresó con hielos, vasitos y agua mineral.

-Entonces, querida ¿Qué dice la soltería?- Me preguntó después de que Rubén le sirviera su respectiva copita.

-Lo de siempre -¿Cuántas veces había respondido eso?- cretinos que no vuelven a llamar, idiotas que no dejan de hacerlo y uno que otro tipo decente al que ignoramos por andar pensando en los otros.

-¿En serio? ¿Qué pasó con el que estabas saliendo?

-Amor, tienes que ser más específica, en los últimos meses esta mujer ha salido con un equipo de futbol americano.

-Mmm, no sé… ¿El de barba?

-Bien amor, ahora la lista sólo incluye a la línea ofensiva.

Cuando Rubén estaba con Fany se comportaba como el tipo puritano que a costa de los otros trata de demostrar superioridad moral. Se aprovechaba de que podía ventilar mis intimidades sin el menor riesgo de que yo hiciera lo mismo con las suyas; no porque no las supiera, sino porque estimaba lo suficiente a su novia para evitar a toda costa ser yo quien le informara, por ejemplo, que el fin de semana pasado, cuando Rubén le dijo que estaría en un congreso, en realidad estuvo moteleando con una niña de diecinueve que conoció en el gimnasio.

-Oye, ¿Y el chavo que llevaste a mi fiesta de cumpleaños?

-¿Damián? Nada, ya no le contesto los mensajes.

-¿Por qué? ¡Era superlindo! A todos nos cayó superbién.

-Por eso… Por lindo, es el típico romántico que quiere casa con columpio en el jardín…

-¿Y eso qué tiene de malo?

-Ya mujer, déjala, ella lo que quiere es ser la tía borracha de todas las bodas.- Rubén frenó en seco el interrogatorio de Fany y aprovechó la distracción para prepararse otro whisky.

-¡Sí! Ya me vi pidiéndoles a sus hijos que me sirvan otra copita. “Andale mijo, échame otro chorrito”.

-¡No! No digan eso, seguro hay alguien para ti, yo lo sé… lo vamos a encontrar.

A Fany le costaba creer que la soltería fuese una decisión personal y no una penosa situación transitoria. Ella, al igual que Rubén, pertenecen a ese numeroso grupo de personas que conciben la vida en pareja como un ineludible sino del ser, por ello les es prácticamente imposible comprender que uno pueda y, peor aún, quiera andar por la vida acompañado nada más que de uno mismo; considerando esto, interpreté como un acto de sincera preocupación  su insistencia en mostrarme las fotos de todos sus amigos solteros.

-Mira, él es Mauro, es ingeniero y acaba de terminar su maestría…

-¿Ingeniero? ¡Zafo! Son demasiado cuadrados.

-Ok, ¿Qué te parecería un fotógrafo? Un amigo de mi hermano trabaja en…

-¿Cuántos años tiene?

-Ha de tener unos veinticuatro…

-¡Zafo! No pienso salir con hombres menores hasta que cumpla cuarenta…

-Ok, mira, podría ser mi primo Jesús…

-Zafo… Se llama Jesús.

-¡¿Y qué tiene?!

-Muy bíblico, no podría decir “me cogí a Jesús” sin sentirme extrañamente devota.

Rubén estuvo a punto de reírse pero una mirada de Fany fue suficiente para retraer su sonrisa. Nunca me lo había dicho, pero yo comprendía que una de las razones por las que le interesaba que tuviera pareja era la ingenua creencia de que desde los brazos de otro perdería todo interés romántico por su noviecito, sin embargo, lo que Fany no sabía es que lo conozco lo suficiente para alejarme de él por voluntad propia y si ella lo conociera como yo quizá haría lo mismo.

-¿De verdad no quieres que te presente a nadie?

-No, querida, gracias.

Fany me miró con una ternura que rayaba en la compasión.

-Bueno, sólo creo que eres una persona muy especial y te mereces una pareja que te valore.

-Gracias, linda, creo que toda persona que esté en una relación merece ser valorada por su pareja. –Se lo dije a Fany para que lo escuchara Rubén.

-Suficiente plática de mujeres… Voy por hielos ¿Quieren algo de la tienda?

Rubén cerró la puerta y Fany y yo nos quedamos unos segundos en silencio mirando nuestros vasos. Quedarme a solas con ella era esencialmente incómodo porque sólo teníamos un tema en común: Rubén; y ella, al saberme cercana a su hombre, solía apelar a un supuesto principio de lealtad femenina que me incitara a protegerla del  estilo de vida de su amado.

-¿Y qué tal les fue ayer?- Preguntó Fany.

-¿Qué hubo ayer?

-Me dijo Rubén que salieron con los de la prepa.

-Ah sí, estuvo chido…- (No tenía idea de que me estaba hablando.)

-¡Qué padre! Me encanta que se sigan viendo…

-Sí, la verdad es mérito de tu novio. No le digas que lo dije, pero él es quien logra que nos reunamos.

-Ya sé, cuando se lo propone es un tipo muy encantador.

-Dice mi abuela que el que ama lo feo bonito le parece…

-Sí, pero creo que aunque no lo amara me parecería un tipo mágico, es gracioso, guapo, talentoso y cuida mucho a los que quiere… Te sonará cursi, pero es todo lo que siempre busqué en un hombre; no le cambiaría nada…- Hizo una pausa para llevarse su vaso a los labios.-  Bueno, quizá sólo me gustaría que me fuera fiel.

Afuera se escuchó el tintineo de unas llaves, otra de las virtudes de Rubén es que era oportuno.

-No encontré a tu hombre pero te traje papas.- Me dijo al momento de poner una bolsa de Chips Fuego sobre la mesa. –Te las mereces, eres una mujer luchona e independiente que el único hombre que necesita es el que atiende la vinatería.

Fany estalló en una risita que embelleció la verdad que había dicho segundos antes. Yo preferí ignorar que le escuché decirla. Lo que pasara entre ellos no era asunto mío, no porque no me importaran, sino porque mi lealtad no le pertenece a Fany, a Rubén, ni a ningún principio moral, sino al libre albedrío. Si ellos, a pesar de todo, quieren estar juntos ¿Quién es uno para disponer lo contrario?  Por tanto, mi único papel en esa relación es entretenerlos en los días en que están aburridos de sí mismos, contarles mis fracasos románticos para hacerles sentir mejor respecto a su supuesta vida monógama y ser la tía borracha que los hará sudar frío cuando pida el micrófono el día de su boda.

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