Una señal para seguir escribiendo

Tengo cuatro horas frente a la computadora esperando una señal. Un mensaje, un tuit, un ave, una epifanía, una nude que me revele algo de mí en otra piel. Hoy han sido cuatro horas, pero antes de eso he pasado cinco años frente a una hoja en blanco esperando la señal, esa que me confirme que mi camino es poner una letra tras otra y que aún tengo algo que escribir aunque cada día me sea más difícil asir con palabras lo que estoy sintiendo. 

He buscado mi señal desde hace dos años en las caricias insomnes que dibujas sobre mí. En tus palabras constantes que se estrellan en mi miedo. En tus besos que me expanden y tus abrazos que me ponen fronteras. En nuestra casa que a veces se siente tan tuya que temo que ya no haya espacio ni para mis textos, en el escritorio que no me he comprado y en la promesa del futuro que, se supone, materializará las señales en una casa en el campo.

Pensé que podría encontrar mi señal en donde empecé a buscarla. Entonces viajé hasta el lugar cuando la vida ocurría entre la casa y la escuela, una distancia que se mide en parques donde besé y fumé por primera vez; donde me caí de la bicicleta y años después me caí de nuevo persiguiendo al ciclista que me dio una nalgada cuando iba caminando hacia la prepa. Esos parques donde tantas veces fuimos de la mano y no me soltaste ni siquiera cuando nos asaltaron y te quitaron tu calculadora científica y mi cartera con cincuenta pesos. 

Pero no la encontré allí porque lo que sucedía entre la casa y la escuela no era una sucesión de señales, sino de señalamientos que fueron puestos por los mismos que me enseñaron a seguir la ruta marcada. Y entonces mucho tiempo la vida fue llorar si sacaba 9 y renunciar a tantas primeras veces para llegar a casa antes de las 10. Y como esa no es vida, tampoco encontré mi señal en los consejos de mi madre, ni en los silencios de mi padre, ni en la sopa de arroz de la abuela, ni en el eco que siempre ha reemplazado a la voz del abuelo.

Quise hallarla en mi amiga que me ha visto cometer los mismos errores desde hace 20 años. En esa amiga que dice “vas” y en la otra que dice “mejor no hubieras ido”. En la que tiene el corazón roto y no supe escuchar porque también tengo roto algo que no se qué es, pero abarca desde mis pies izquierdos hasta la punta de tu lengua; desde el frenesí de saltar toda la noche hasta mis ganas de quedarme media hora más con tus dedos en mi cuello. 

Busqué mi señal entre mis manos y tu cintura. La he buscado en la casa que es nuestra aunque es más tuya y en esa otra casa que solo se siente mía cuando no hay nadie. En el hijo de mi ex, en los bebés de mis amigas, en sus sonrisas cansadas, en su deuda hipotecaria y en la certeza de que yo nunca tendré ni para endeudarme. Borracha la busqué en el clóset y en la marca morada que brillaba en tu esternón. Sobria, en la fila del Génesis, en el Uber que pedí cuando dejé a mis amigos para irme dormir y en las canciones de Bad Bunny que no me atrevo a bailar. 

También he buscado ayuda para seguirle buscando. La busqué junto a la terapeuta a la que no he visto en semanas porque está en su propia búsqueda. Como no la he encontrado aquí, la busqué en el cielo. Consulté a los ángeles y no me dijeron nada. O eso entendí porque quizá sí me dijeron, pero no sé escucharles, igual que no sé ver ninguna de las señales que de tan claras se camuflan con los hechos. 

No vi como señal para seguir escribiendo cuando apliqué a una vacante de escritora y me quedé con el puesto. No, para mí no son señales las páginas que se marchitan entre las portadas de los libros que no he publicado. No lo son los años que he pagado la renta con lo que brota del plexo solar y se escurre por los dedos. No lo son las veces que alguien me ha dicho “me gusta leerte” y yo sonrío, aunque por dentro grite porque no sé por qué les gusta leerme cuando no he encontrado una señal para seguir escribiendo.

No, estas no pueden ser mi señales porque si lo fueran, en vez de pasar tiempo buscando, tendría que  empezar a escribir como si la única señal posible estuviera siempre en la siguiente palabra. Escribir porque a donde sea que voltee no encuentro señales hasta que puedo leerlas. Porque quizá esta es mi señal y si no la sigo ahora se me irán otras cuatro horas, otros cinco años y otros muchos parques buscando lo que solo existe entre el vacío de una hoja y mi urgencia de encontrarme antes del punto final.

Anuncios

Un comentario en “Una señal para seguir escribiendo

  1. Amparo dijo:

    Así va buscando uno “señales” para tomar desiciones o no tomarlas, y se nos va la vida sin poner atención a ese silencio tan maravilloso que nos permite escucharnos a nosotros mismos. Hermoso!!!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s