Mi grito es un anhelo de silencio

Cada seis meses suspendo mis cuentas de redes sociales por varios días. Podría solo cerrar sesión o desinstalar las apps, pero prefiero el dramatismo de borrarme para así creer que tengo algún tipo de control sobre mi existencia digital. Sin embargo, lo mejor que podría darme este mundo virtual, es la posibilidad desconectarme indefinidamente. 

Quisiera no volver a internet, no sin antes despedirme de cada red social dando periodicazos en los hocicos de todos los contactos que han contribuido a esta urgencia de una vida más análoga:  Ya amigo #NoTodosLosHombres. Ve a recoger tu premio por nunca haber matado a una mujer y continúa defendiendo paredes (aunque cuando te enojes seas el primero en pegarles). 

Pero también sé que, así como hay usuarios que yo quisiera vetar de internet (y del mundo), quizá hay otros que esperan que se cumpla mi sueño de volverme ermitaña digital para no verme más molestando en redes. Porque, claramente, yo también le hago al mame y seguro a veces caigo mal.  Igual que muchos, opino porque puedo. 

Araño y doy codazos por sostener ese megáfono que confirme (ante mí y ante los otros) que yo también existo en esta dimensión que me absorbe tantas horas al día. También quiero hacerme escuchar; no tanto porque tenga algo que decir, sino porque temo que si dejo de usar mi voz, quedará sepultada entre tantas otras que supieron ser, si no más elocuentes, sí más ruidosas.

Anhelo el mutismo digital porque no puedo permitirmelo. Si dejo que el ruido me aturda o si cedo ante los periodicazos de amargados como yo,  ya no seré la ermitaña que se desconecta a voluntad, sino la marginada que ya no supo adaptarse a este mundo inmaterial que sostiene mi realidad más inmediata. 

Trabajo de internet, mi renta se paga con palabras que nunca podré asir, mi vida de pareja surgió de una combinación de algoritmos e incluso lo que sé de mí está atravesado por quien digo ser en redes. Escribo, me quejo y sadtuiteo porque necesito sentir que también contribuyo a este bullicio que si un día cesa, se va a llevar consigo una capa de realidad que llevamos años tejiendo.

Pero lo hago con la esperanza de algún día dejar de hacerlo. Palabra a palabra quiero forjarme un futuro que pueda existir en paralelo de este mundo que no permite el silencio. Quiero ignorar lo que sucede en Facebook, ver a mis amigues sin juzgarles por sus posteos, y reaparecer en Twitter una vez cada seis meses solo para confirmar que estaba mejor así, sin saber quién es Memo Aponte.

Anhelo el día en que pueda callarme, sin sentir la cíclica necesidad de arrebatar el megáfono solo para decir cuánta falta me hace un poco de silencio.

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