He pensado en llamarte mil veces

El 12 de enero estuve leyendo en “He pensado en llamarte mil veces” un evento de poesía y música triste en I love Myself-Concept Store, Ciudad de México, junto a Rojo Solis, Iraldo Beltrán, Ruth Xilotl y Rodolfo Orozco.

Preparé tres textitos tristes que pueden checar por acá (recomiendo leer en ese orden):

  1. Melancolía de Abril
  2. El perro y la muerte
  3. Bitácora de un corazón arado

 

 

Fue una noche bien bonita de música, heridas abiertas y vacías, nostalgia y mezcal. ¡Muchas gracias a todes los que nos acompañaron!

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Bitácora de un corazón arado

La primera vez que me rompieron el corazón estaba convencida de que nunca se iría la tristeza. Eran vacaciones de verano, no salí de mi cuarto durante semanas, me fui de viaje para tomar otros aires y me dio diarrea en la carretera.  Berrié hasta bajar de peso y cada intento por sentirme mejor se consumía en la imposibilidad de volver a estar juntos. Hubo un día en que incluso lloré al ver un semáforo porque estaba en rojo, igual que la playera que mi ex traía puesta cuando terminamos. Tenía 17 años. Como todo lo que pensaba en esa época, me equivocaba, lo superé en menos de lo que llegó la siguiente estación y volví a mi estado de ánimo normal, bajo pero sin llorar en los cruces peatonales.

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El perro y la muerte

A una pareja agonizante siempre se le puede dar un mes más de vida. Las promesas que no pensamos cumplir son un paliativo para posponer el entierro, para convencernos de que no es un funeral lo que necesitamos, sino un viaje, un nuevo departamento o un perro. Nos decimos tantas veces que las cosas pueden mejorar, aunque que todo nuevo intento ha sido un clavo más en el féretro; cada latido, por débil que sea, lo envolvemos de anhelo para no aceptar que trajimos al perro a un panteón.

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Melancolía de Abril

A mí mi ex nunca me escribe. Ni en año nuevo, ni en mi cumpleaños, ni en caso de terremoto, ni en todo el mes en que mi nombre aparece en cada hoja del calendario. Cortamos hace tres años, en una charla de media hora después de dos años juntos y otros dos de no saber separarnos. Me dijo que no iba a desaparecer y nos dimos un abrazo que tuvo el efecto de un exorcismo. Quince minutos después de soltarnos no volví a saber de él. No es queja.

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Tinderipia

Soy un extraño caso de serendipia tinderiana, también conocida como Tinderipia.

La mayoría de los millennials no tenemos seguro social, fondo de ahorro, ni posibilidades de comprar una casa, pero Dios nos ha dado Tinder para que sepamos que no se ha olvidado de nosotros. Si usted tiene los suficientes recursos tecnológicos para babosear en blogs, probablemente ya está enterado de qué es Tinder, caso contrario, le resumo que se trata de una aplicación diseñada para conocer gente geográficamente cercana en tiempo real.  ¿Qué tipo de gente? La que uno elija con base en los parámetros de sexo y edad de su preferencia, por ejemplo, si planea encontrar marido, incluya en su búsqueda hombres de 27 a 34 años, si le agradan las MILF, busque mujeres de 35 a 50 y si lo único que añora es no morirse solo, pues olvídese de los filtros y déjese sorprender.

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¿Y tú, cuántas llevas?

coger es otra manera de andar la realidad, de saberse vivo o mejor dicho, de sexistir.

Diez. Ése era el número que cierto estudio sugería como el  “ideal” de parejas sexuales en la vida. ¡Diez! como la edad en que los niños de hoy inician su vida sexual y diez como el número de veces que algunos matrimonios cogen al año. El único contexto en que diez se antoja como un número deseable es en la escuela y sólo si uno es de veras ñoño.

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Homotensión

Platicamos hasta que el sueño fue más fuerte que lo que nos queríamos decir. Estábamos acostadas en una cama individual, apenas podíamos movernos sin que nuestros cuerpos se encontraran. Nuestras manos se tocaron, por accidente, se reconocieron con timidez, un contacto de segundos que se abstrajeron del tiempo. Nos soltamos antes de que se hiciera nombrable lo que estábamos sintiendo. Sólo éramos dos amigas que en un viaje tuvieron que compartir una cama, una situación tan cotidiana que sería irrelevante, de no ser por la claridad con que lo recuerdo.

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