Homotensión

Platicamos hasta que el sueño fue más fuerte que lo que nos queríamos decir. Estábamos acostadas en una cama individual, apenas podíamos movernos sin que nuestros cuerpos se encontraran. Nuestras manos se tocaron, por accidente, se reconocieron con timidez, un contacto de segundos que se abstrajeron del tiempo. Nos soltamos antes de que se hiciera nombrable lo que estábamos sintiendo. Sólo éramos dos amigas que en un viaje tuvieron que compartir una cama, una situación tan cotidiana que sería irrelevante, de no ser por la claridad con que lo recuerdo.

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El que llegó, llegó…

Con un poco de práctica, ya sea en colaboración o por mano propia, uno va descubriendo que en el sexo hay cosas que le funcionan y cosas que no. Cuando uno se aprende cuál es la vía más rápida al orgasmo, cachondear deja de ser un viaje para convertirse en una carrera y, como en toda competencia individual, el que llegó, llegó.

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