Melancolía de Abril

A mí mi ex nunca me escribe. Ni en año nuevo, ni en mi cumpleaños, ni en caso de terremoto, ni en todo el mes en que mi nombre aparece en cada hoja del calendario. Cortamos hace tres años, en una charla de media hora después de dos años juntos y otros dos de no saber separarnos. Me dijo que no iba a desaparecer y nos dimos un abrazo que tuvo el efecto de un exorcismo. Quince minutos después de soltarnos no volví a saber de él. No es queja.

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Tinderipia

Soy un extraño caso de serendipia tinderiana, también conocida como Tinderipia.

La mayoría de los millennials no tenemos seguro social, fondo de ahorro, ni posibilidades de comprar una casa, pero Dios nos ha dado Tinder para que sepamos que no se ha olvidado de nosotros. Si usted tiene los suficientes recursos tecnológicos para babosear en blogs, probablemente ya está enterado de qué es Tinder, caso contrario, le resumo que se trata de una aplicación diseñada para conocer gente geográficamente cercana en tiempo real.  ¿Qué tipo de gente? La que uno elija con base en los parámetros de sexo y edad de su preferencia, por ejemplo, si planea encontrar marido, incluya en su búsqueda hombres de 27 a 34 años, si le agradan las MILF, busque mujeres de 35 a 50 y si lo único que añora es no morirse solo, pues olvídese de los filtros y déjese sorprender.

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¿Y tú, cuántas llevas?

coger es otra manera de andar la realidad, de saberse vivo o mejor dicho, de sexistir.

Diez. Ése era el número que cierto estudio sugería como el  “ideal” de parejas sexuales en la vida. ¡Diez! como la edad en que los niños de hoy inician su vida sexual y diez como el número de veces que algunos matrimonios cogen al año. El único contexto en que diez se antoja como un número deseable es en la escuela y sólo si uno es de veras ñoño.

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Homotensión

Platicamos hasta que el sueño fue más fuerte que lo que nos queríamos decir. Estábamos acostadas en una cama individual, apenas podíamos movernos sin que nuestros cuerpos se encontraran. Nuestras manos se tocaron, por accidente, se reconocieron con timidez, un contacto de segundos que se abstrajeron del tiempo. Nos soltamos antes de que se hiciera nombrable lo que estábamos sintiendo. Sólo éramos dos amigas que en un viaje tuvieron que compartir una cama, una situación tan cotidiana que sería irrelevante, de no ser por la claridad con que lo recuerdo.

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Rinoceronte en cristalería

El corazón también envejece. A cierta edad, que no se mide en años sino en decepciones, uno se la piensa dos veces antes de aventarse con el arrojo (por no decir pendejez) de cuando tenía quince años. Esta precaución no es gratuita, para convertirse en un descreído es necesario haber sido estúpidamente crédulo. Primero hay que entregarse a raudales antes de volverse un cuentachiles del cariño.

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