La princesa de Malinalco

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Por ignorar al psicólogo…

Antes de entrar a la universidad estuve yendo a terapia. En ese entonces estaba indecisa entre diseño gráfico y psicología. Sofía, la terapeuta, sugirió que un punto medio entre ambas podría ser mercadotecnia. Hice caso omiso de su consejo y me matriculé en psicología.

Ahora que trabajo en marketing supongo que debí haberla escuchado; pero, igual que en ese entonces, sigo dudando del juicio de los psicólogos.

Sala de espera

En la sala de espera del ginecólogo apareció una monja dispuesta a hablarnos de las muchas formas en que nos tienta el diablo, aunque ya era suficiente con saber que un extraño estaba por tentarnos. Cuando se le agotó el discurso, sacó la biblia. Como la participación era escasa, inició una oración. A medio rosario me hablaron para pasar a revisión, me levanté tan rápido que se me cayó mi bolsa y la monja tuvo la consideración de pausar la rezadera en lo que la señorita levantaba su desmadre. Nunca había sentido tanta urgencia porque un extraño me abriera de piernas y le mostrara mi interior a dos enfermeras y tres estudiantes de medicina. Luego, preguntas sobre mi número de parejas sexuales, la última vez que cogí, abortos, partos, hijos o cesáreas.

Del asunto al que iba, todo bien, supongo que la dignidad sanará con el tiempo.