Rocío y la máquina soñar

-Creo que estoy lista para otra mascota.- Le dije a Valeria (aka Hipocampo) un jueves en la tarde mientras perrito negrito (aka Nina) descansaba en mi regazo.

-¿Perro o gato?- Preguntó la criatura marina que cohabita conmigo.

– No sé, tú has tenido ambos, ¿qué recomiendas?

– Mmm… gato. Te vendría bien convivir con uno.

Al día siguiente, Nina encontró un gatito en el cuarto de tiliches de la azotea. Valeria lo sacó de Villa Tétanos y lo llevó al veterinario. Así supimos que el gatito tenía dos meses, que estaba libre de pulgas y que, en efecto, se trataba de un gatito.

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Sala de espera

En la sala de espera del ginecólogo apareció una monja dispuesta a hablarnos de las muchas formas en que nos tienta el diablo, aunque ya era suficiente con saber que un extraño estaba por tentarnos. Cuando se le agotó el discurso, sacó la biblia. Como la participación era escasa, inició una oración. A medio rosario me hablaron para pasar a revisión, me levanté tan rápido que se me cayó mi bolsa y la monja tuvo la consideración de pausar la rezadera en lo que la señorita levantaba su desmadre. Nunca había sentido tanta urgencia porque un extraño me abriera de piernas y le mostrara mi interior a dos enfermeras y tres estudiantes de medicina. Luego, preguntas sobre mi número de parejas sexuales, la última vez que cogí, abortos, partos, hijos o cesáreas.

Del asunto al que iba, todo bien, supongo que la dignidad sanará con el tiempo.

Labrapugs

Esta situación resulta cuestionable tanto moral como biológicamente ¿Puede un pug macho hacer lo suyo con una labradora?

Durante nueve felices meses viví con Sahib y sus hijos Camila y Romeo. Él es un hippie sabroso, dulce y apapachador. Cami es rubia y guapa, 30 kg de carisma y ternura en forma de perrita labrador. Romeo es un pug muy guapo, tan guapo como puede ser un pug tierno, gruñón y melancólico; probablemente su ánimo taciturno se debe a que es ciego y tuerto. Le queda un ojo que no funciona, evidencia de que la naturaleza a veces tiene un sentido del humor bastante extraño.

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Llamas pirómanas

 las llamas disfrutan ver el mundo arder.

Esa mañana tenía un sólo trabajo y de lo más fácil: sacar un duplicado de las llaves de mi nueva roomie. Hasta ese momento habíamos hablado lo más mínimo, por eso cuando vi que su llavero era una llama encontré mi oportunidad para ir atizando la empatía:

                -¡Tú llavero es una llama! Yo también tengo un llavero-llama.

              -¿En serio? ¿De Perú?- Preguntó mientras dejaba en mis manos el ingreso a su casa.

                -¡Sí! Recién importada…

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