Abrilesa del Oriente

Crónicas peruanas

“¿Estarías dispuesta a irte a Perú por un tiempo?” Fue lo primero que me preguntaron cuando me hablaron del trabajo. “¡Claro!” Les dije con la seguridad de quien está acostumbrado a viajar. Luego sonreí y continué la charla esperando que no se me notara que ni siquiera tenía pasaporte. Hasta entonces no lo había necesitado.

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Cactus

Quizá la amistad es algo similar a enamorarse… pero sin la parte fea del amor -que suele implicar compromiso, expectativas y monogamia-. Y es que el amor, como la amistad, parecen estar ciegos -o cuando menos tuertos- pues sin importar qué tan feas personas seamos, tanto en contenido como en portada, con un amigo uno se siente escuchado, comprendido y apreciado a cambio del módico costo de procurar que el otro se sienta igual, lo cual suele ser tan agradable que cualquiera pensaría que la amistad es gratis. Claro que hay a quienes no les gusta hacer este brevísimo esfuerzo, tan breve que desaparece antes de hacerse notar, y dedican todas sus atenciones exclusivamente a su perro. Y para aquellos mezquinos que no están dispuestos ni a comprar croquetas, siempre les queda la opción de conseguirse un cactus; solitarias criaturas que, como la gente que los prefiere, lo único que piden es suficiente espacio para dejar crecer sus espinas.

Foto: Abril de Romero