Amigos tóxicos

¿Por qué es tan difícil decir “no quiero”? “No quiero acompañarte”, por ejemplo, o “no se me antoja platicar contigo”, “te agradezco la invitación, pero no tengo ganas… ”. Nos enseñan a condescender, mas nadie nos dice cómo rechazar a la gente que nos desagrada y mucho menos se nos permite decirle “no” a los que se supone que deberían agradarnos.

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Tinderipia

Soy un extraño caso de serendipia tinderiana, también conocida como Tinderipia.

La mayoría de los millennials no tenemos seguro social, fondo de ahorro, ni posibilidades de comprar una casa, pero Dios nos ha dado Tinder para que sepamos que no se ha olvidado de nosotros. Si usted tiene los suficientes recursos tecnológicos para babosear en blogs, probablemente ya está enterado de qué es Tinder, caso contrario, le resumo que se trata de una aplicación diseñada para conocer gente geográficamente cercana en tiempo real.  ¿Qué tipo de gente? La que uno elija con base en los parámetros de sexo y edad de su preferencia, por ejemplo, si planea encontrar marido, incluya en su búsqueda hombres de 27 a 34 años, si le agradan las MILF, busque mujeres de 35 a 50 y si lo único que añora es no morirse solo, pues olvídese de los filtros y déjese sorprender.

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Gente de perros, gente de gatos

Varios estudios científicos han revelado que preferir una determinada mascota es indicador de ciertos rasgos de  personalidad, lo cual demuestra principalmente que hay investigadores a los que les sobra tiempo libre. Obviamente elegimos la mascota que va mejor con nuestra forma de ser. Si uno quiere conocer poco pero rápido a alguien basta con indagar si es gente de perros o de gatos, aunque ante esta pregunta nunca falta el machistocito pendejo que responde “a mí lo que me gustan son las gatas…

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El talento como forma de vida

¿Cómo consiguen seguir amándolo aunque sea haya convertido en una obligación? ¿Cómo transforman su creatividad en sustento sin sacrificar su esencia?

 

Cuando más deseos tengo de destruir a cabezazos el teclado de mi lap, me pregunto qué haría si no me dedicara a escribir; supongo que moriría, no sé si porque escribir es para mí una necesidad vital o porque es lo único que sé hacer para subsistir. En la rifa de habilidades para la vida me tocó la sazón para las papas fritas y esto; aún no sé cuál me ha sido más útil.

Para quién no sabe qué hacer con el cachito de talento que se le asignó, es complicado entender cómo hay quien logra encauzarlo y además lo hace con gusto ¿Cómo consiguen seguir amándolo aunque sea haya convertido en una obligación? ¿Cómo transforman su creatividad en sustento sin sacrificar su esencia?

 

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¿Y tú, cuántas llevas?

coger es otra manera de andar la realidad, de saberse vivo o mejor dicho, de sexistir.

Diez. Ése era el número que cierto estudio sugería como el  “ideal” de parejas sexuales en la vida. ¡Diez! como la edad en que los niños de hoy inician su vida sexual y diez como el número de veces que algunos matrimonios cogen al año. El único contexto en que diez se antoja como un número deseable es en la escuela y sólo si uno es de veras ñoño.

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Yo estoy en contra del aborto porque si los gays se casan…

todo el mundo va a empezar a fumar marihuana y vamos a estar como en Venezuela

“Exigen que los respetes, pero no se respetan así mismos” o alguna cosa similar decía el meme que un pariente compartió en Facebook. Era una foto de dos hombres de espaldas, en tanga de sadomasoquistas, caminando de la mano en un desfile gay. Si lo hubiese compartido otra persona habría menospreciado en silencio su publicación, como lo suelo hacer cada que mis ex compañeras de colegio católico llenan mi news feed de posts anti aborto. Pero esta vez contesté porque sabía que el dedo detrás de ese share homofóbico le pertenece a un niño de quince años. Uno que, pensé, todavía tiene mucho que cuestionarse respecto a la homofobia y la heteronorma.

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