Gente de perros, gente de gatos

Varios estudios científicos han revelado que preferir una determinada mascota es indicador de ciertos rasgos de  personalidad, lo cual demuestra principalmente que hay investigadores a los que les sobra tiempo libre. Obviamente elegimos la mascota que va mejor con nuestra forma de ser. Si uno quiere conocer poco pero rápido a alguien basta con indagar si es gente de perros o de gatos, aunque ante esta pregunta nunca falta el machistocito pendejo que responde “a mí lo que me gustan son las gatas…

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El talento como forma de vida

¿Cómo consiguen seguir amándolo aunque sea haya convertido en una obligación? ¿Cómo transforman su creatividad en sustento sin sacrificar su esencia?

 

Cuando más deseos tengo de destruir a cabezazos el teclado de mi lap, me pregunto qué haría si no me dedicara a escribir; supongo que moriría, no sé si porque escribir es para mí una necesidad vital o porque es lo único que sé hacer para subsistir. En la rifa de habilidades para la vida me tocó la sazón para las papas fritas y esto; aún no sé cuál me ha sido más útil.

Para quién no sabe qué hacer con el cachito de talento que se le asignó, es complicado entender cómo hay quien logra encauzarlo y además lo hace con gusto ¿Cómo consiguen seguir amándolo aunque sea haya convertido en una obligación? ¿Cómo transforman su creatividad en sustento sin sacrificar su esencia?

 

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Duro contra el muro de tus prejuicios

Que el 14 de febrero haya caído en Miércoles de Ceniza, es una casualidad que refleja un dilema moral de nuestros tiempos: por un lado, somos un país donde el 83% de la población se asume como católica y, al mismo tiempo, los cinco músicos más escuchados en México durante el 2017 hacen reggaetón . En otras palabras, los mexicanos somos persignados, pero nos encanta el perreo.

Visto desde  la moral católica, el reggaetón sería algo reprobable; no por machista ni violento, -porque de esas acusaciones la Iglesia tampoco saldría bien librada- sino por sexualmente explícito.  El reggaetón proclama la liberación sexual que el catolicismo se ha esforzado por reprimir; y, al parecer, los mexicanos encontramos un área gris en sus contradicciones: consentimos el sexo prematrimonial, pero nos casamos por la Iglesia y ponemos “Despacito” en la pachanga.

Considerando que el Miércoles de Ceniza es un día para la reflexión y el sacrificio -y no se come carne de ningún tipo- me pregunto: qué fue más concurrido en San Valentín: ¿los templos o los moteles?

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Sobre el final de HIMYM y otras cosas que nunca es tarde para decir

Si estás leyendo estas líneas es porque en algún momento de tu vida te sobró tiempo y ya viste las nueve temporadas de How I met your mother, así que vamos al grano: ¿qué demonios pasó después de la boda de Robin y Barney? O tal vez la pregunta sea: ¿por qué existió una temporada completa dedicada a ese evento? El exceso de humor físico, la decimoquinta despedida entre Ted y Robin, el regreso del Capitán, el infame episodio en versos y muchas otras cosas atroces se habrían evitado si nos hubieran revelado antes que Ted encontraría a la madre de sus hijos, enviudaría y años después volvería a intentarlo con Robin.

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Sex and the city y los falsos finales felices

¿Es que acaso los finales “felices por siempre” se logran en instantes de pasión y arrepentimiento, y no con amor constante?

¿Quién no recuerda con cariño a esas cuatro fabulosas neoyorquinas que tanto nos enseñaron sobre las relaciones, la amistad y el sexo? Para muchos, Carrie, Miranda, Charlotte y a la entrañable Samantha llegaron a convertirse en amigas cercanas y guías en el sendero de la adultez. Por años seguimos sus aventuras de solteras, las vimos madurar, fracasar, caer, levantarse (como Carrie en aquella fatídica pasarela), volver a caer (como Carrie cada vez que veía a Big), y encontrar el amor después de salir con algunos hombres decentes y una gran cantidad de patanes. Seguir leyendo