Homotensión

Platicamos hasta que el sueño fue más fuerte que lo que nos queríamos decir. Estábamos acostadas en una cama individual, apenas podíamos movernos sin que nuestros cuerpos se encontraran. Nuestras manos se tocaron, por accidente, se reconocieron con timidez, un contacto de segundos que se abstrajeron del tiempo. Nos soltamos antes de que se hiciera nombrable lo que estábamos sintiendo. Sólo éramos dos amigas que en un viaje tuvieron que compartir una cama, una situación tan cotidiana que sería irrelevante, de no ser por la claridad con que lo recuerdo.

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A mis amigos machistas:

Hay hombres que asumen que el simple hecho de nunca haber violentado física o sexualmente a una mujer, los libra de ser considerados machistas. Asumen, por ejemplo, que por abstenerse de gritarnos improperios en la calle, ya son grandes promotores de la igualdad de género. Se ubican a sí mismos del lado de los buenos, de los justos, de los caballeros, sin cuestionarse su forma de pensar y actuar en lo cotidiano. Dicen que #NoTodosLosHombres son así, se quejan de que ahora ya no nos pueden ni voltear a ver, pero no hacen el mínimo intento por comprender por qué nos enojan tanto esas miradas y porque su falta de interés y empatía también nos parece machista.

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Sobre el final de HIMYM y otras cosas que nunca es tarde para decir

Si estás leyendo estás líneas es porque en algún momento de tu vida te sobró tiempo y ya viste las nueve temporadas de How I met your mother, así que vamos al grano: ¿qué demonios pasó después de la boda de Robin y Barney? O tal vez la pregunta sea: ¿por qué existió una temporada completa dedicada a ese evento? El exceso de humor físico, la decimoquinta despedida entre Ted y Robin, el regreso del Capitán, el infame episodio en versos y muchas otras cosas atroces se habrían evitado si nos hubieran revelado antes que Ted encontraría a la madre de sus hijos, enviudaría y años después volvería a intentarlo con Robin.

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Taxonomía del dolor

Nunca sabremos con precisión cuánto le duele algo a alguien porque cada piel es distinta y cada punzada lleva su propio camino. Los dolores son únicos pero hay unos que duelen más que otros. A los más grandes es inútil compararlos, se anuncian, se quedan, se callan y se van; luego vendrán los siguientes a posarse sobre la costrita que dejaron los primeros, y entonces uno ya no tiene la sensibilidad para distinguir cuál le ha dolido más.

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Sex and the city y los falsos finales felices

¿Quién no recuerda con cariño a esas cuatro fabulosas neoyorquinas que tanto nos enseñaron sobre las relaciones, la amistad y el sexo? Para muchos, Carrie, Miranda, Charlotte y a la entrañable Samantha llegaron a convertirse en amigas cercanas y guías en el sendero de la adultez. Por años seguimos sus aventuras de solteras, las vimos madurar, fracasar, caer, levantarse (como Carrie en aquella fatídica pasarela), volver a caer (como Carrie cada vez que veía a Big), y encontrar el amor después de salir con algunos hombres decentes y una gran cantidad de patanes. Seguir leyendo