10 “yo nunca nunca” para emborracharte después de los 27

¿Recuerdas cuando en las fiestas de la universidad alguien decía: “Yo nunca nunca he tenido sexo en un auto…” y luego todos bebíamos felices y orgullosos de haber cogido en otro lugar que no fuera en el sillón de la sala cuando no estaban tus papás?  A estas alturas de la vida ya no tiene gracia preguntar quién ha consumido drogas, cogido con un extraño o engañado a su pareja porque casi todos hemos faltado a la moral de éstas y muchas otras maneras .

En el ocaso de los 20, ya no alardeas de tus excesos porque éstos han dejado de ser divertidos. A nadie le enorgullecería tomar después de un: “yo nunca nunca me he endeudado más de lo que gano en tres meses… ” o “yo nunca nunca he postergado mi vida y mi salud por una chamba que ni me gusta…” Si quisiéramos hacer una peda de casi treintones donde todos terminemos alcoholizados y deprimidos, habría que pensar en  “yo nunca, nunca…” como éstos:

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Duro contra el muro de tus prejuicios

Que el 14 de febrero haya caído en Miércoles de Ceniza, es una casualidad que refleja un dilema moral de nuestros tiempos: por un lado, somos un país donde el 83% de la población se asume como católica y, al mismo tiempo, los cinco músicos más escuchados en México durante el 2017 hacen reggaetón . En otras palabras, los mexicanos somos persignados, pero nos encanta el perreo.

Visto desde  la moral católica, el reggaetón sería algo reprobable; no por machista ni violento, -porque de esas acusaciones la Iglesia tampoco saldría bien librada- sino por sexualmente explícito.  El reggaetón proclama la liberación sexual que el catolicismo se ha esforzado por reprimir; y, al parecer, los mexicanos encontramos un área gris en sus contradicciones: consentimos el sexo prematrimonial, pero nos casamos por la Iglesia y ponemos “Despacito” en la pachanga.

Considerando que el Miércoles de Ceniza es un día para la reflexión y el sacrificio -y no se come carne de ningún tipo- me pregunto: qué fue más concurrido en San Valentín: ¿los templos o los moteles?

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Rocío y la máquina soñar

-Creo que estoy lista para otra mascota.- Le dije a Valeria (aka Hipocampo) un jueves en la tarde mientras perrito negrito (aka Nina) descansaba en mi regazo.

-¿Perro o gato?- Preguntó la criatura marina que cohabita conmigo.

– No sé, tú has tenido ambos, ¿qué recomiendas?

– Mmm… gato. Te vendría bien convivir con uno.

Al día siguiente, Nina encontró un gatito en el cuarto de tiliches de la azotea. Valeria lo sacó de Villa Tétanos y lo llevó al veterinario. Así supimos que el gatito tenía dos meses, que estaba libre de pulgas y que, en efecto, se trataba de un gatito.

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