Esto es un infierno

O cómo lidiar con el herpes zóster

Después de una hora buscando mis llaves, acepté los hechos: las dejé pegadas a la puerta, mis vecinos las tomaron y entrarían a robar en cualquier momento. Desde que se mudaron me pareció que había algo falso en ellos, ella finge orgasmos y él usa playeras de Ferrari, aunque ni siquiera tiene coche. La única solución era cambiar la chapa. Quise llamar al cerrajero, pero no encontré mi celular, seguro los vecinos ya habían entrado por él… Incluso aparecieran mis llaves, todo estaba perdido, habían tenido tiempo suficiente para sacarles una copia y aprovecharían cualquier descuido para venir por lo demás. “Esto es un infierno”, exclamé antes de echarme a llorar sobre el sillón. Bajo mis lágrimas encontré las llaves, el celular estaba sobre la mesa; lo único que sigue desaparecido es mi estabilidad emocional.

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