En un mundo liquidado sólo la amistad puede sacarnos a flote

Llegamos al mundo cuando la fiesta del progreso  ya se estaba terminando, y como en todo after sólo nos tocaron sobras y decadencia. Crecimos con la constante amenaza de la devaluación, la inseguridad y el cambio climático, danzamos a ciegas en los linderos del fin. Lo que nos heredaron no es más que el cascajo de lo que fue. La realidad sólida se derritió, sólo quedan espejismos de superación que desaparecen en cuanto los tocas: vivimos en un tiempo que está dejando de existir.

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Amigos tóxicos

¿Por qué es tan difícil decir “no quiero”? “No quiero acompañarte”, por ejemplo, o “no se me antoja platicar contigo”, “te agradezco la invitación, pero no tengo ganas… ”. Nos enseñan a condescender, mas nadie nos dice cómo rechazar a la gente que nos desagrada y mucho menos se nos permite decirle “no” a los que se supone que deberían agradarnos.

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Homotensión

Platicamos hasta que el sueño fue más fuerte que lo que nos queríamos decir. Estábamos acostadas en una cama individual, apenas podíamos movernos sin que nuestros cuerpos se encontraran. Nuestras manos se tocaron, por accidente, se reconocieron con timidez, un contacto de segundos que se abstrajeron del tiempo. Nos soltamos antes de que se hiciera nombrable lo que estábamos sintiendo. Sólo éramos dos amigas que en un viaje tuvieron que compartir una cama, una situación tan cotidiana que sería irrelevante, de no ser por la claridad con que lo recuerdo.

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Llamas pirómanas

 las llamas disfrutan ver el mundo arder.

Esa mañana tenía un sólo trabajo y de lo más fácil: sacar un duplicado de las llaves de mi nueva roomie. Hasta ese momento habíamos hablado lo más mínimo, por eso cuando vi que su llavero era una llama encontré mi oportunidad para ir atizando la empatía:

                -¡Tú llavero es una llama! Yo también tengo un llavero-llama.

              -¿En serio? ¿De Perú?- Preguntó mientras dejaba en mis manos el ingreso a su casa.

                -¡Sí! Recién importada…

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Cactus

Quizá la amistad es algo similar a enamorarse… pero sin la parte fea del amor -que suele implicar compromiso, expectativas y monogamia-. Y es que el amor, como la amistad, parecen estar ciegos -o cuando menos tuertos- pues sin importar qué tan feas personas seamos, tanto en contenido como en portada, con un amigo uno se siente escuchado, comprendido y apreciado a cambio del módico costo de procurar que el otro se sienta igual, lo cual suele ser tan agradable que cualquiera pensaría que la amistad es gratis. Claro que hay a quienes no les gusta hacer este brevísimo esfuerzo, tan breve que desaparece antes de hacerse notar, y dedican todas sus atenciones exclusivamente a su perro. Y para aquellos mezquinos que no están dispuestos ni a comprar croquetas, siempre les queda la opción de conseguirse un cactus; solitarias criaturas que, como la gente que los prefiere, lo único que piden es suficiente espacio para dejar crecer sus espinas.

Foto: Abril de Romero