Esto es un infierno

O cómo lidiar con el herpes zóster

Después de una hora buscando mis llaves, acepté los hechos: las dejé pegadas a la puerta, mis vecinos las tomaron y entrarían a robar en cualquier momento. Desde que se mudaron me pareció que había algo falso en ellos, ella finge orgasmos y él usa playeras de Ferrari, aunque ni siquiera tiene coche. La única solución era cambiar la chapa. Quise llamar al cerrajero, pero no encontré mi celular, seguro los vecinos ya habían entrado por él… Incluso aparecieran mis llaves, todo estaba perdido, habían tenido tiempo suficiente para sacarles una copia y aprovecharían cualquier descuido para venir por lo demás. “Esto es un infierno”, exclamé antes de echarme a llorar sobre el sillón. Bajo mis lágrimas encontré las llaves, el celular estaba sobre la mesa; lo único que sigue desaparecido es mi estabilidad emocional.

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Amigos tóxicos

¿Por qué es tan difícil decir “no quiero”? “No quiero acompañarte”, por ejemplo, o “no se me antoja platicar contigo”, “te agradezco la invitación, pero no tengo ganas… ”. Nos enseñan a condescender, mas nadie nos dice cómo rechazar a la gente que nos desagrada y mucho menos se nos permite decirle “no” a los que se supone que deberían agradarnos.

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10 “yo nunca nunca” para emborracharte después de los 27

¿Recuerdas cuando en las fiestas de la universidad alguien decía: “Yo nunca nunca he tenido sexo en un auto…” y luego todos bebíamos felices y orgullosos de haber cogido en otro lugar que no fuera en el sillón de la sala cuando no estaban tus papás?  A estas alturas de la vida ya no tiene gracia preguntar quién ha consumido drogas, cogido con un extraño o engañado a su pareja porque casi todos hemos faltado a la moral de éstas y muchas otras maneras .

En el ocaso de los 20, ya no alardeas de tus excesos porque éstos han dejado de ser divertidos. A nadie le enorgullecería tomar después de un: “yo nunca nunca me he endeudado más de lo que gano en tres meses… ” o “yo nunca nunca he postergado mi vida y mi salud por una chamba que ni me gusta…” Si quisiéramos hacer una peda de casi treintones donde todos terminemos alcoholizados y deprimidos, habría que pensar en  “yo nunca, nunca…” como éstos:

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La tesis

El tesista brinda por su meta cumplida y sus papás porque el muchachito ya no tiene pretexto para no buscar trabajo

 

A todo universitario le llega la hora de graduarse, independientemente de que le haya costado un gran esfuerzo terminar la carrera o de que su único mérito durante esos cinco años haya sido no desertar ni morirse. Una vez que el cuerpo se recupera de los excesos de la fiesta de graduación, uno por fin se anima preguntarse qué va a hacer para que le entreguen su título.

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