la oquedad de lo que no fue texto de Abril Romero sobre los Hubieras

También somos la oquedad de lo que no fue

Hace años me gustaba mucho un dude que conocí días antes de irme de viaje por semanas. Estando allá me escribía casi diario, hasta que unos días antes de mi regreso dejó de hacerlo; y yo, decidida a ser una perra inalcanzable, no tomé la iniciativa aunque, repito, me gustaba mucho.

Volví. Me habría encantado que pasara por mí al aeropuerto, pero no se lo pedí. En vez de eso acepté el ride de otro vato con el que terminé enculándome por varios terribles meses -en los que ignoré todos los intentos que hizo el que me gustaba por volverme a buscar-.

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Las ventajas de tener un crush con el que nunca pasará nada

Lo vi pasar afuera de mi salón y de repente toda la luz de esa mañana se concentró en su piel blanca, su cabello castaño y su prominente perfil.  Inmediatamente inicié una indescretísima investigación para averiguar quién era el dueño de esa inolvidable nariz y, antes de que llegara el terrible fin de semana en que no iría a la escuela para verle, ya sabía cómo se llamaba, en qué salón iba y cuál era su promedio porque, por obvias razones, no podía permitirme planear un futuro con alguien que le fuera mal en el quinto de primaria.

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