Una señal para seguir escribiendo

Tengo cuatro horas frente a la computadora esperando una señal. Un mensaje, un tuit, un ave, una epifanía, una nude que me revele algo de mí en otra piel. Hoy han sido cuatro horas, pero antes de eso he pasado cinco años frente a una hoja en blanco esperando la señal, esa que me confirme que mi camino es poner una letra tras otra y que aún tengo algo que escribir aunque cada día me sea más difícil asir con palabras lo que estoy sintiendo. 

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Gajes del oficio

Dos semanas sin prender mi lap y ya no recuerdo cómo se distribuye el teclado. Me siento entumecida de los dedos y el pensamiento,  se ha empobrecido tanto mi condición de escritora que apenas (con y sin espacio) llegué a este párrafo.

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Escribir “en serio”

“¿Ya piensas escribir en serio?”, me preguntaron el otro día. Fue más fácil responder una zoncera, que explicar que desde hace tres años no he hecho otra cosa. No ha pasado un día en que no escriba, lea, vaya a talleres, rumie ideas o, en su defecto, me recrimine por no estar haciendo alguna de las anteriores. Si eso no es tomar con seriedad un oficio, entonces, por favor, que los autores serios me expliquen cómo se hace.

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La tesis

El tesista brinda por su meta cumplida y sus papás porque el muchachito ya no tiene pretexto para no buscar trabajo

 

A todo universitario le llega la hora de graduarse, independientemente de que le haya costado un gran esfuerzo terminar la carrera o de que su único mérito durante esos cinco años haya sido no desertar ni morirse. Una vez que el cuerpo se recupera de los excesos de la fiesta de graduación, uno por fin se anima preguntarse qué va a hacer para que le entreguen su título.

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