En un mundo liquidado sólo la amistad puede sacarnos a flote

Llegamos al mundo cuando la fiesta del progreso  ya se estaba terminando, y como en todo after sólo nos tocaron sobras y decadencia. Crecimos con la constante amenaza de la devaluación, la inseguridad y el cambio climático, danzamos a ciegas en los linderos del fin. Lo que nos heredaron no es más que el cascajo de lo que fue. La realidad sólida se derritió, sólo quedan espejismos de superación que desaparecen en cuanto los tocas: vivimos en un tiempo que está dejando de existir.

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El día que le dijimos a un cñor que se sentara y se sentó

“Es como una violación, si ya estás ahí, disfrutas…” un par de quijadas se fueron al suelo cuando el señor conferencista dijo eso. Desde que se plantó frente a una audiencia de 200 millennials y afirmó que a los millennials no les gusta leer, supimos que las siguientes dos horas serían pura incomodidad.

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10 “yo nunca nunca” para emborracharte después de los 27

¿Recuerdas cuando en las fiestas de la universidad alguien decía: “Yo nunca nunca he tenido sexo en un auto…” y luego todos bebíamos felices y orgullosos de haber cogido en otro lugar que no fuera en el sillón de la sala cuando no estaban tus papás?  A estas alturas de la vida ya no tiene gracia preguntar quién ha consumido drogas, cogido con un extraño o engañado a su pareja porque casi todos hemos faltado a la moral de éstas y muchas otras maneras .

En el ocaso de los 20, ya no alardeas de tus excesos porque éstos han dejado de ser divertidos. A nadie le enorgullecería tomar después de un: “yo nunca nunca me he endeudado más de lo que gano en tres meses… ” o “yo nunca nunca he postergado mi vida y mi salud por una chamba que ni me gusta…” Si quisiéramos hacer una peda de casi treintones donde todos terminemos alcoholizados y deprimidos, habría que pensar en  “yo nunca, nunca…” como éstos:

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