La confianza de los ganadores

Me da vergüenza hablar en público, esto incluye juntas de trabajo, restaurantes atiborrados donde es preciso alzar la voz para ser oído por el mesero o una calle vacía donde la única audiencia es un extraño a quien preguntarle por una dirección; en tal caso, prefiero perderme en privado que hacer públicos mis extravíos.

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Escribir “en serio”

“¿Ya piensas escribir en serio?”, me preguntaron el otro día. Fue más fácil responder una zoncera, que explicar que desde hace tres años no he hecho otra cosa. No ha pasado un día en que no escriba, lea, vaya a talleres, rumie ideas o, en su defecto, me recrimine por no estar haciendo alguna de las anteriores. Si eso no es tomar con seriedad un oficio, entonces, por favor, que los autores serios me expliquen cómo se hace.

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Huaraches

Me perdí en el metro, cuando encontré mi salida empezó a llover. Mal día para andar de huaraches, costumbre de provincia que me traje en la maleta. Corrí hasta un supermercado y me gasté lo de la comida de la semana en una sudadera. Así mi urgencia de calidez.

En junio de hace cuatro años me mudé a la ciudad. Desde entonces he tenido varios empleos, y ninguno. Meses de frijoles fríos, mocos secos y ojos mojados. Cambios de oficio, de casa y de vida. Gente que se queda, que se fue y otros que hubo que correr. Momentos en los que la única razón para quedarme era la incertidumbre de regresar.

Narvarte, Iztacola, La Viga, Santa Maria La Ratera… Tania, Cint, Beto, Elvirus, Rox, Kareli, Juan, Sahib, Valeria y otros nombres que iré olvidando. El Bull, Las Piernudas, La Malquerida, La Rosario Castellanos… Tantas manos extendidas, abrazos del tamaño de una casa, promesas postergadas, verdades a medias y oasis cotidianos.

Aquí seguimos, más viejos, más sabios, más felices, y en días como hoy, igual de pendejos que el primer día, ése en que CDMX me demostró que aquí no es lugar para huarachitos tapatíos.

Sala de espera

En la sala de espera del ginecólogo apareció una monja dispuesta a hablarnos de las muchas formas en que nos tienta el diablo, aunque ya era suficiente con saber que un extraño estaba por tentarnos. Cuando se le agotó el discurso, sacó la biblia. Como la participación era escasa, inició una oración. A medio rosario me hablaron para pasar a revisión, me levanté tan rápido que se me cayó mi bolsa y la monja tuvo la consideración de pausar la rezadera en lo que la señorita levantaba su desmadre. Nunca había sentido tanta urgencia porque un extraño me abriera de piernas y le mostrara mi interior a dos enfermeras y tres estudiantes de medicina. Luego, preguntas sobre mi número de parejas sexuales, la última vez que cogí, abortos, partos, hijos o cesáreas.

Del asunto al que iba, todo bien, supongo que la dignidad sanará con el tiempo.

Labrapugs

Esta situación resulta cuestionable tanto moral como biológicamente ¿Puede un pug macho hacer lo suyo con una labradora?

Durante nueve felices meses viví con Sahib y sus hijos Camila y Romeo. Él es un hippie sabroso, dulce y apapachador. Cami es rubia y guapa, 30 kg de carisma y ternura en forma de perrita labrador. Romeo es un pug muy guapo, tan guapo como puede ser un pug tierno, gruñón y melancólico; probablemente su ánimo taciturno se debe a que es ciego y tuerto. Le queda un ojo que no funciona, evidencia de que la naturaleza a veces tiene un sentido del humor bastante extraño.

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