Tinderipia

Soy un extraño caso de serendipia tinderiana, también conocida como Tinderipia.

La mayoría de los millennials no tenemos seguro social, fondo de ahorro, ni posibilidades de comprar una casa, pero Dios nos ha dado Tinder para que sepamos que no se ha olvidado de nosotros. Si usted tiene los suficientes recursos tecnológicos para babosear en blogs, probablemente ya está enterado de qué es Tinder, caso contrario, le resumo que se trata de una aplicación diseñada para conocer gente geográficamente cercana en tiempo real.  ¿Qué tipo de gente? La que uno elija con base en los parámetros de sexo y edad de su preferencia, por ejemplo, si planea encontrar marido, incluya en su búsqueda hombres de 27 a 34 años, si le agradan las MILF, busque mujeres de 35 a 50 y si lo único que añora es no morirse solo, pues olvídese de los filtros y déjese sorprender.

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Homotensión

Platicamos hasta que el sueño fue más fuerte que lo que nos queríamos decir. Estábamos acostadas en una cama individual, apenas podíamos movernos sin que nuestros cuerpos se encontraran. Nuestras manos se tocaron, por accidente, se reconocieron con timidez, un contacto de segundos que se abstrajeron del tiempo. Nos soltamos antes de que se hiciera nombrable lo que estábamos sintiendo. Sólo éramos dos amigas que en un viaje tuvieron que compartir una cama, una situación tan cotidiana que sería irrelevante, de no ser por la claridad con que lo recuerdo.

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Sobre el final de HIMYM y otras cosas que nunca es tarde para decir

Si estás leyendo estas líneas es porque en algún momento de tu vida te sobró tiempo y ya viste las nueve temporadas de How I met your mother, así que vamos al grano: ¿qué demonios pasó después de la boda de Robin y Barney? O tal vez la pregunta sea: ¿por qué existió una temporada completa dedicada a ese evento? El exceso de humor físico, la decimoquinta despedida entre Ted y Robin, el regreso del Capitán, el infame episodio en versos y muchas otras cosas atroces se habrían evitado si nos hubieran revelado antes que Ted encontraría a la madre de sus hijos, enviudaría y años después volvería a intentarlo con Robin.

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Sex and the city y los falsos finales felices

¿Es que acaso los finales “felices por siempre” se logran en instantes de pasión y arrepentimiento, y no con amor constante?

¿Quién no recuerda con cariño a esas cuatro fabulosas neoyorquinas que tanto nos enseñaron sobre las relaciones, la amistad y el sexo? Para muchos, Carrie, Miranda, Charlotte y a la entrañable Samantha llegaron a convertirse en amigas cercanas y guías en el sendero de la adultez. Por años seguimos sus aventuras de solteras, las vimos madurar, fracasar, caer, levantarse (como Carrie en aquella fatídica pasarela), volver a caer (como Carrie cada vez que veía a Big), y encontrar el amor después de salir con algunos hombres decentes y una gran cantidad de patanes. Seguir leyendo

Rinoceronte en cristalería

El corazón también envejece. A cierta edad, que no se mide en años sino en decepciones, uno se la piensa dos veces antes de aventarse con el arrojo (por no decir pendejez) de cuando tenía quince años. Esta precaución no es gratuita, para convertirse en un descreído es necesario haber sido estúpidamente crédulo. Primero hay que entregarse a raudales antes de volverse un cuentachiles del cariño.

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