la oquedad de lo que no fue texto de Abril Romero sobre los Hubieras

También somos la oquedad de lo que no fue

Hace años me gustaba mucho un dude que conocí días antes de irme de viaje por semanas. Estando allá me escribía casi diario, hasta que unos días antes de mi regreso dejó de hacerlo; y yo, decidida a ser una perra inalcanzable, no tomé la iniciativa aunque, repito, me gustaba mucho.

Volví. Me habría encantado que pasara por mí al aeropuerto, pero no se lo pedí. En vez de eso acepté el ride de otro vato con el que terminé enculándome por varios terribles meses -en los que ignoré todos los intentos que hizo el que me gustaba por volverme a buscar-.

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Las ventajas de tener un crush con el que nunca pasará nada

Lo vi pasar afuera de mi salón y de repente toda la luz de esa mañana se concentró en su piel blanca, su cabello castaño y su prominente perfil.  Inmediatamente inicié una indescretísima investigación para averiguar quién era el dueño de esa inolvidable nariz y, antes de que llegara el terrible fin de semana en que no iría a la escuela para verle, ya sabía cómo se llamaba, en qué salón iba y cuál era su promedio porque, por obvias razones, no podía permitirme planear un futuro con alguien que le fuera mal en el quinto de primaria.

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Lo que he aprendido de las veces que fui infiel

Cuatro o cinco veces, teniendo pareja, me he dado unos besos con alguien más. Algunas fueron ocasionales, crímenes perfectos sin alevosía, evidencias, ni víctimas; inconvenientes previsibles de una relación a distancia. Otras fueron el pretexto que necesitaba para terminar un noviazgo en el que fui infeliz por años. Pero la más significativa fue un desliz que pudo haber sido otro crimen perfecto, de no ser porque me dejó por días una punción en los labios: ¿Por qué lo hice si, en esencia, no soy una persona infiel? ¿O sí soy? 

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Las etapas del amor según Shakira

“Para amaaaaarte, necesito una razón y es difícil creer que no exista una más que este amor…” y así seguíamos completita la letra de ‘Antología’ hasta que todas las niñas del 1ro B de primaria berreábamos. Porque, como dice Shakira, los años son sabios, y seis ya eran suficientes para darnos cuenta de que el amor, así como puede quitarle al tiempo los segundos, también puede hacer que ya no sepamos si hemos vivido 10 mil días o un día 10 mil veces.

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Una señal para seguir escribiendo

Tengo cuatro horas frente a la computadora esperando una señal. Un mensaje, un tuit, un ave, una epifanía, una nude que me revele algo de mí en otra piel. Hoy han sido cuatro horas, pero antes de eso he pasado cinco años frente a una hoja en blanco esperando la señal, esa que me confirme que mi camino es poner una letra tras otra y que aún tengo algo que escribir aunque cada día me sea más difícil asir con palabras lo que estoy sintiendo. 

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