El día que le dijimos a un cñor que se sentara y se sentó

“Es como una violación, si ya estás ahí, disfrutas…” un par de quijadas se fueron al suelo cuando el señor conferencista dijo eso. Desde que se plantó frente a una audiencia de 200 millennials y afirmó que a los millennials no les gusta leer, supimos que las siguientes dos horas serían pura incomodidad.

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El talento como forma de vida

¿Cómo consiguen seguir amándolo aunque sea haya convertido en una obligación? ¿Cómo transforman su creatividad en sustento sin sacrificar su esencia?

 

Cuando más deseos tengo de destruir a cabezazos el teclado de mi lap, me pregunto qué haría si no me dedicara a escribir; supongo que moriría, no sé si porque escribir es para mí una necesidad vital o porque es lo único que sé hacer para subsistir. En la rifa de habilidades para la vida me tocó la sazón para las papas fritas y esto; aún no sé cuál me ha sido más útil.

Para quién no sabe qué hacer con el cachito de talento que se le asignó, es complicado entender cómo hay quien logra encauzarlo y además lo hace con gusto ¿Cómo consiguen seguir amándolo aunque sea haya convertido en una obligación? ¿Cómo transforman su creatividad en sustento sin sacrificar su esencia?

 

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Challenge Accepted

-Creo que le gustaste a la mesera…- Me dijo Denis después de que la chica en cuestión me sonrió bonito al llevarme mi segunda chela.

-No creo, quizá sólo le pareció tierno que yo haya pedido otro tarro y tú aún no hayas terminado tu margarita.

Ese día llegué antes que él y ordené un trago; mientras lo esperaba se acercó la mesera para preguntarme qué me hacía falta: “Muchas cosas” le dije “pero ninguna que tú me puedas traer…” Rio y me dio unas palmaditas amables en la espalda. Nada como ser condescendiente con quien tiene pinta de borracho depresivo, somos nosotros los que sostenemos los bares y dejamos todo el cambio y el corazón en las propinas.

Un par de veces la sorprendí volteando hacia nuestra mesa, es parte de su trabajo como también lo es sonreír y ser amable; que fuera alta, lindas piernas y una espectacular cabellera rubia y rizada, sólo sumaban puntos a sus potenciales propinas.

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¿Y tú, cuántas llevas?

coger es otra manera de andar la realidad, de saberse vivo o mejor dicho, de sexistir.

Diez. Ése era el número que cierto estudio sugería como el  “ideal” de parejas sexuales en la vida. ¡Diez! como la edad en que los niños de hoy inician su vida sexual y diez como el número de veces que algunos matrimonios cogen al año. El único contexto en que diez se antoja como un número deseable es en la escuela y sólo si uno es de veras ñoño.

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Yo estoy en contra del aborto porque si los gays se casan…

todo el mundo va a empezar a fumar marihuana y vamos a estar como en Venezuela

“Exigen que los respetes, pero no se respetan así mismos” o alguna cosa similar decía el meme que un pariente compartió en Facebook. Era una foto de dos hombres de espaldas, en tanga de sadomasoquistas, caminando de la mano en un desfile gay. Si lo hubiese compartido otra persona habría menospreciado en silencio su publicación, como lo suelo hacer cada que mis ex compañeras de colegio católico llenan mi news feed de posts anti aborto. Pero esta vez contesté porque sabía que el dedo detrás de ese share homofóbico le pertenece a un niño de quince años. Uno que, pensé, todavía tiene mucho que cuestionarse respecto a la homofobia y la heteronorma.

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10 “yo nunca nunca” para emborracharte después de los 27

¿Recuerdas cuando en las fiestas de la universidad alguien decía: “Yo nunca nunca he tenido sexo en un auto…” y luego todos bebíamos felices y orgullosos de haber cogido en otro lugar que no fuera en el sillón de la sala cuando no estaban tus papás?  A estas alturas de la vida ya no tiene gracia preguntar quién ha consumido drogas, cogido con un extraño o engañado a su pareja porque casi todos hemos faltado a la moral de éstas y muchas otras maneras .

En el ocaso de los 20, ya no alardeas de tus excesos porque éstos han dejado de ser divertidos. A nadie le enorgullecería tomar después de un: “yo nunca nunca me he endeudado más de lo que gano en tres meses… ” o “yo nunca nunca he postergado mi vida y mi salud por una chamba que ni me gusta…” Si quisiéramos hacer una peda de casi treintones donde todos terminemos alcoholizados y deprimidos, habría que pensar en  “yo nunca, nunca…” como éstos:

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Duro contra el muro de tus prejuicios

Que el 14 de febrero haya caído en Miércoles de Ceniza, es una casualidad que refleja un dilema moral de nuestros tiempos: por un lado, somos un país donde el 83% de la población se asume como católica y, al mismo tiempo, los cinco músicos más escuchados en México durante el 2017 hacen reggaetón . En otras palabras, los mexicanos somos persignados, pero nos encanta el perreo.

Visto desde  la moral católica, el reggaetón sería algo reprobable; no por machista ni violento, -porque de esas acusaciones la Iglesia tampoco saldría bien librada- sino por sexualmente explícito.  El reggaetón proclama la liberación sexual que el catolicismo se ha esforzado por reprimir; y, al parecer, los mexicanos encontramos un área gris en sus contradicciones: consentimos el sexo prematrimonial, pero nos casamos por la Iglesia y ponemos “Despacito” en la pachanga.

Considerando que el Miércoles de Ceniza es un día para la reflexión y el sacrificio -y no se come carne de ningún tipo- me pregunto: qué fue más concurrido en San Valentín: ¿los templos o los moteles?

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