Las ventajas de tener un crush con el que nunca pasará nada

Lo vi pasar afuera de mi salón y de repente toda la luz de esa mañana se concentró en su piel blanca, su cabello castaño y su prominente perfil.  Inmediatamente inicié una indescretísima investigación para averiguar quién era el dueño de esa inolvidable nariz y, antes de que llegara el terrible fin de semana en que no iría a la escuela para verle, ya sabía cómo se llamaba, en qué salón iba y cuál era su promedio porque, por obvias razones, no podía permitirme planear un futuro con alguien que le fuera mal en el quinto de primaria.

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Lo que he aprendido de las veces que fui infiel

Cuatro o cinco veces, teniendo pareja, me he dado unos besos con alguien más. Algunas fueron ocasionales, crímenes perfectos sin alevosía, evidencias, ni víctimas; inconvenientes previsibles de una relación a distancia. Otras fueron el pretexto que necesitaba para terminar un noviazgo en el que fui infeliz por años. Pero la más significativa fue un desliz que pudo haber sido otro crimen perfecto, de no ser porque me dejó por días una punción en los labios: ¿Por qué lo hice si, en esencia, no soy una persona infiel? ¿O sí soy? 

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Las etapas del amor según Shakira

“Para amaaaaarte, necesito una razón y es difícil creer que no exista una más que este amor…” y así seguíamos completita la letra de ‘Antología’ hasta que todas las niñas del 1ro B de primaria berreábamos. Porque, como dice Shakira, los años son sabios, y seis ya eran suficientes para darnos cuenta de que el amor, así como puede quitarle al tiempo los segundos, también puede hacer que ya no sepamos si hemos vivido 10 mil días o un día 10 mil veces.

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Una señal para seguir escribiendo

Tengo cuatro horas frente a la computadora esperando una señal. Un mensaje, un tuit, un ave, una epifanía, una nude que me revele algo de mí en otra piel. Hoy han sido cuatro horas, pero antes de eso he pasado cinco años frente a una hoja en blanco esperando la señal, esa que me confirme que mi camino es poner una letra tras otra y que aún tengo algo que escribir aunque cada día me sea más difícil asir con palabras lo que estoy sintiendo. 

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La niña de Neptuno

La conocí en una fiesta. Tenía los ojos grandes, pero había cierto aire distante en ellos. La comisura de sus labios estaba especialmente curvada y aunque sonrió ligeramente al entrar, seguía llevando una inmensa C invertida debajo de la nariz. Era una mujer pequeña y eso le daba a su actitud taciturna cierta ternura infantil. Parecía la caricatura de una niñita a la que colorearon con los tonos de un día nublado, una niñita que en vez de llevar un globo y una paleta iba sosteniendo una nube gris y una botella de whiskey.

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