No nací aquí pero aquí me hice

Crónica de una tapatía en el temblor del 19 de septiembre en CDMX

La alarma no sonó, supe que estaba temblando cuando la mesa en la que trabajaba empezó a sacudirse. Corrimos hasta las escaleras que, para ese instante, ya estaban atiborradas de oficinistas en pánico. Se fue la luz, pedazos de acabado cayeron sobre nuestras cabezas, por suerte, solo un piso me separaba de la salida.

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En un mundo liquidado sólo la amistad puede sacarnos a flote

Llegamos al mundo cuando la fiesta del progreso  ya se estaba terminando, y como en todo after sólo nos tocaron sobras y decadencia. Crecimos con la constante amenaza de la devaluación, la inseguridad y el cambio climático, danzamos a ciegas en los linderos del fin. Lo que nos heredaron no es más que el cascajo de lo que fue. La realidad sólida se derritió, sólo quedan espejismos de superación que desaparecen en cuanto los tocas: vivimos en un tiempo que está dejando de existir.

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Esto es un infierno

O cómo lidiar con el herpes zóster

Después de una hora buscando mis llaves, acepté los hechos: las dejé pegadas a la puerta, mis vecinos las tomaron y entrarían a robar en cualquier momento. Desde que se mudaron me pareció que había algo falso en ellos, ella finge orgasmos y él usa playeras de Ferrari, aunque ni siquiera tiene coche. La única solución era cambiar la chapa. Quise llamar al cerrajero, pero no encontré mi celular, seguro los vecinos ya habían entrado por él… Incluso aparecieran mis llaves, todo estaba perdido, habían tenido tiempo suficiente para sacarles una copia y aprovecharían cualquier descuido para venir por lo demás. “Esto es un infierno”, exclamé antes de echarme a llorar sobre el sillón. Bajo mis lágrimas encontré las llaves, el celular estaba sobre la mesa; lo único que sigue desaparecido es mi estabilidad emocional.

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Pinches viejas

Se nos fue el resto de la noche tratando de hallar el olvido al estilo Jalisco, pero a Sam, igualito que a José Alfredo, aquel tequila y aquellos mariachis lo hicieron llorar.

-Otra, por la que se fue…

-Las que sean necesarias, compa.

Sí, dije “compa” porque así hablo después de cinco tequilas (o su equivalente en whisky). Esta medida despierta mi modo jalisciense, una curiosa miscelánea entre macho de cantina, tía borracha y reina gay.  Con manitas torpes tomé el vaso que Sam me estaba pasando y le preparé otro trago; heridas como la suya sólo pueden sanarse con alcohol.

-Es que, ¿por qué?, si le di todo…

-Yo diría que hasta de más…

-Ya me lo habían dicho, a las mujeres ni todo el amor, ni todo el dinero… ¡Pinches viejas!

-¡Pinches viejas!- Me solidaricé alzando mi vaso a sabiendas de que por “viejas” nos estábamos refiriendo específicamente a la bruja ésa a la que le confié a mi amigo y me lo regresó lloroso, dolido y maltrecho.

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La tía borracha

A Fany le costaba creer que la soltería fuese una decisión personal y no una penosa situación transitoria.

-Leí la nota de esta mujer a la que le cancelaron la boda por andar de desmadrosa en su despedida… La gente  está haciendo mucho argüende por eso ¿no?

-Sí, pero la neta sí se pasó de zorra.

-¡Rubén! No seas grosero…- Fany le reclamó a su novio por usar la palabra con “z” en la sobremesa. –Pero sí es cierto, la chava se pasó…

-Pues sí, pero la neta nada más ellos saben cuál es el fondo del asunto ¿Quién es uno para andar opinando de gente que ni conoce?

-Sí ¿verdad?- Fany no pudo ocultar una mueca de inconformidad. –Sólo digo que si quieren andar en el desmadre ¿Para qué se comprometen?

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Amigos tóxicos

¿Por qué es tan difícil decir “no quiero”? “No quiero acompañarte”, por ejemplo, o “no se me antoja platicar contigo”, “te agradezco la invitación, pero no tengo ganas… ”. Nos enseñan a condescender, mas nadie nos dice cómo rechazar a la gente que nos desagrada y mucho menos se nos permite decirle “no” a los que se supone que deberían agradarnos.

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Tinderipia

Soy un extraño caso de serendipia tinderiana, también conocida como Tinderipia.

La mayoría de los millennials no tenemos seguro social, fondo de ahorro, ni posibilidades de comprar una casa, pero Dios nos ha dado Tinder para que sepamos que no se ha olvidado de nosotros. Si usted tiene los suficientes recursos tecnológicos para babosear en blogs, probablemente ya está enterado de qué es Tinder, caso contrario, le resumo que se trata de una aplicación diseñada para conocer gente geográficamente cercana en tiempo real.  ¿Qué tipo de gente? La que uno elija con base en los parámetros de sexo y edad de su preferencia, por ejemplo, si planea encontrar marido, incluya en su búsqueda hombres de 27 a 34 años, si le agradan las MILF, busque mujeres de 35 a 50 y si lo único que añora es no morirse solo, pues olvídese de los filtros y déjese sorprender.

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