¿Y tú, cuántas llevas?

coger es otra manera de andar la realidad, de saberse vivo o mejor dicho, de sexistir.

Diez. Ése era el número que cierto estudio sugería como el  “ideal” de parejas sexuales en la vida. ¡Diez! como la edad en que los niños de hoy inician su vida sexual y diez como el número de veces que algunos matrimonios cogen al año. El único contexto en que diez se antoja como un número deseable es en la escuela y sólo si uno es de veras ñoño.

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Yo estoy en contra del aborto porque si los gays se casan…

todo el mundo va a empezar a fumar marihuana y vamos a estar como en Venezuela

“Exigen que los respetes, pero no se respetan así mismos” o alguna cosa similar decía el meme que un pariente compartió en Facebook. Era una foto de dos hombres de espaldas, en tanga de sadomasoquistas, caminando de la mano en un desfile gay. Si lo hubiese compartido otra persona habría menospreciado en silencio su publicación, como lo suelo hacer cada que mis ex compañeras de colegio católico llenan mi news feed de posts anti aborto. Pero esta vez contesté porque sabía que el dedo detrás de ese share homofóbico le pertenece a un niño de quince años. Uno que, pensé, todavía tiene mucho que cuestionarse respecto a la homofobia y la heteronorma.

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10 “yo nunca nunca” para emborracharte después de los 27

¿Recuerdas cuando en las fiestas de la universidad alguien decía: “Yo nunca nunca he tenido sexo en un auto…” y luego todos bebíamos felices y orgullosos de haber cogido en otro lugar que no fuera en el sillón de la sala cuando no estaban tus papás?  A estas alturas de la vida ya no tiene gracia preguntar quién ha consumido drogas, cogido con un extraño o engañado a su pareja porque casi todos hemos faltado a la moral de éstas y muchas otras maneras .

En el ocaso de los 20, ya no alardeas de tus excesos porque éstos han dejado de ser divertidos. A nadie le enorgullecería tomar después de un: “yo nunca nunca me he endeudado más de lo que gano en tres meses… ” o “yo nunca nunca he postergado mi vida y mi salud por una chamba que ni me gusta…” Si quisiéramos hacer una peda de casi treintones donde todos terminemos alcoholizados y deprimidos, habría que pensar en  “yo nunca, nunca…” como éstos:

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Duro contra el muro de tus prejuicios

Que el 14 de febrero haya caído en Miércoles de Ceniza, es una casualidad que refleja un dilema moral de nuestros tiempos: por un lado, somos un país donde el 83% de la población se asume como católica y, al mismo tiempo, los cinco músicos más escuchados en México durante el 2017 hacen reggaetón . En otras palabras, los mexicanos somos persignados, pero nos encanta el perreo.

Visto desde  la moral católica, el reggaetón sería algo reprobable; no por machista ni violento, -porque de esas acusaciones la Iglesia tampoco saldría bien librada- sino por sexualmente explícito.  El reggaetón proclama la liberación sexual que el catolicismo se ha esforzado por reprimir; y, al parecer, los mexicanos encontramos un área gris en sus contradicciones: consentimos el sexo prematrimonial, pero nos casamos por la Iglesia y ponemos “Despacito” en la pachanga.

Considerando que el Miércoles de Ceniza es un día para la reflexión y el sacrificio -y no se come carne de ningún tipo- me pregunto: qué fue más concurrido en San Valentín: ¿los templos o los moteles?

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Rocío y la máquina soñar

-Creo que estoy lista para otra mascota.- Le dije a Valeria (aka Hipocampo) un jueves en la tarde mientras perrito negrito (aka Nina) descansaba en mi regazo.

-¿Perro o gato?- Preguntó la criatura marina que cohabita conmigo.

– No sé, tú has tenido ambos, ¿qué recomiendas?

– Mmm… gato. Te vendría bien convivir con uno.

Al día siguiente, Nina encontró un gatito en el cuarto de tiliches de la azotea. Valeria lo sacó de Villa Tétanos y lo llevó al veterinario. Así supimos que el gatito tenía dos meses, que estaba libre de pulgas y que, en efecto, se trataba de un gatito.

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