Escribir “en serio”

“¿Ya piensas escribir en serio?”, me preguntaron el otro día. Fue más fácil responder una zoncera, que explicar que desde hace tres años no he hecho otra cosa. No ha pasado un día en que no escriba, lea, vaya a talleres, rumie ideas o, en su defecto, me recrimine por no estar haciendo alguna de las anteriores. Si eso no es tomar con seriedad un oficio, entonces, por favor, que los autores serios me expliquen cómo se hace.

Durante mis primeros años en esto, estuve acosándolos en redes con mi proyecto bebé “Crónicas de Missantropía”, insistí tanto con eso que hasta yo terminé cansada de mí. El año pasado le puse punto final a ese asunto y con esa acción cerré una etapa de mi vida. Frené la necesidad por compartir cada avance de mi proceso, se detuvo de golpe la urgencia por publicar. Confío en que ese manuscrito llegará a las manos correctas, en el momento preciso. Mientras esa coincidencia ocurre, a mí me toca continuar practicando y dejarle el tema de la publicación a quien se dedica a eso.

Me han preguntado si sigo escribiendo, como si esto fuese un pasatiempo y no el medio para solventarme la vida y, de paso, hacérmela más ligera. Escribo diario, aunque me falten ganas, inspiración o ideas. La mayor parte del tiempo no lo hago para mí. Mi trabajo consiste en que, sin importar qué tan aburrido, incomprensible o inverosímil me resulte el tema, el lector llegue por gusto al punto final. El reto es encontrar un ángulo, un valor o una historia; y si no los hay, crearlos.

Estoy consciente de que a los textos surgidos con fines comerciales se les puede recriminar su falta de ética y valor literario; sin embargo, no se puede negar que abonan al aprendizaje del escritor que los engendra. Detrás de cada encargo hay un esfuerzo creativo, una talacha permanente y un crecimiento exponencial. Un artesano está más cerca de convertirse en artista que aquel que no se ensucia las manos, que el que espera quieto la visita de la inspiración.

En mis tiempos libres, cuando no trabajo con palabras, juego con ellas. Lo que surge del ocio, del amor y la paciencia  está aquí. Y, si aún les parece que no me tomo con suficiente seriedad mi oficio, me regalo estas líneas para confirmarles que sí, aún escribo y mis intenciones con las letras son cada día más serias.

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Homotensión

Platicamos hasta que el sueño fue más fuerte que lo que nos queríamos decir. Estábamos acostadas en una cama individual, apenas podíamos movernos sin que nuestros cuerpos se encontraran. Nuestras manos se tocaron, por accidente, se reconocieron con timidez, un contacto de segundos que se abstrajeron del tiempo. Nos soltamos antes de que se hiciera nombrable lo que estábamos sintiendo. Sólo éramos dos amigas que en un viaje tuvieron que compartir una cama, una situación tan cotidiana que sería irrelevante, de no ser por la claridad con que lo recuerdo.

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A mis amigos machistas:

Hay hombres que asumen que el simple hecho de nunca haber violentado física o sexualmente a una mujer, los libra de ser considerados machistas. Asumen, por ejemplo, que por abstenerse de gritarnos improperios en la calle, ya son grandes promotores de la igualdad de género. Se ubican a sí mismos del lado de los buenos, de los justos, de los caballeros, sin cuestionarse su forma de pensar y actuar en lo cotidiano. Dicen que #NoTodosLosHombres son así, se quejan de que ahora ya no nos pueden ni voltear a ver, pero no hacen el mínimo intento por comprender por qué nos enojan tanto esas miradas y porque su falta de interés y empatía también nos parece machista.

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Sobre el final de HIMYM y otras cosas que nunca es tarde para decir

Si estás leyendo estás líneas es porque en algún momento de tu vida te sobró tiempo y ya viste las nueve temporadas de How I met your mother, así que vamos al grano: ¿qué demonios pasó después de la boda de Robin y Barney? O tal vez la pregunta sea: ¿por qué existió una temporada completa dedicada a ese evento? El exceso de humor físico, la decimoquinta despedida entre Ted y Robin, el regreso del Capitán, el infame episodio en versos y muchas otras cosas atroces se habrían evitado si nos hubieran revelado antes que Ted encontraría a la madre de sus hijos, enviudaría y años después volvería a intentarlo con Robin.

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