Un hilo rojo colgando a la nada

Yo sí creía que con solo una mirada era posible intuir si íbamos a amar a alguien. Creía en las coincidencias cósmicas y en los caminos que se trazaron para unirse mucho antes de empezar a andarlos. Pensaba que bastaba un segundo para confirmar que estabas ante la persona que habías esperado toda tu vida, como si el mundo se detuviera a la par de tu aliento, como si hubieras nacido solo para ese momento

Me gustaría culpar a Hollywood por inculcarme esta imagen del amor a primera vista tan incompatible con la vida real, pero la noción de que hay seres que comparten una conexión espiritual tan fuerte que solo se sentirán completos si se encuentran es mucho más antigua que el cine y está presente en la cultura desde tiempos ancestrales, como en el mito de Platón de que cada alma tiene su otra mitad o la leyenda oriental del hilo rojo que nos une a la persona con la que estamos predestinadas a encontrarnos. 

Hilo rojo colgando a la nada

Como solo soy una mortal, indefensa ante el capricho de los dioses, durante años estuve expectante de esta gran peripecia romántica que cambiaría para siempre el sentido de mi vida. En mi afán de encontrar a un ser amado, me forcé a estar en relaciones que no cubrían mis expectativas, me achiqué y deformé para caber en lugares donde no pertenecía y toleré situaciones que a la larga comprendí que más que profecías celestiales, eran maleficios autoinflingidos

Lo intenté una y otra vez hasta que no tuve más opción que considerar que los dioses tienen asuntos más importantes que atender que mi vida sentimental. De todos mis intentos por tener una relación duradera, de todos mis fallos y de todas las veces que sentí que me fallaron, creo que mi duelo romántico más complejo ha sido el de aceptar la posibilidad de que ese amor mítico no sea para mí. De ser verdad la leyenda del hilo rojo, sospecho que el mío podría haber quedado colgando a la nada. 

Cuando hablo de esto, cuando digo abiertamente que en el reparto de hilos rojos me tocó uno suelto, la gente me dice que espere, que ya llegará la persona correcta, que es cuestión de tiempo para encontrar a ese alguien escrito para mí. Pero es precisamente ese ineludible destino en el que por mera practicidad decidí ya no creer, a mí espíritu impaciente no le quedan ánimos para esperar a quien ni siquiera tengo evidencia de que exista, y de existir, nada garantiza que tenga la voluntad de estar conmigo. ¿Qué tal si mi hilo rojo tiene del otro lado a alguien que como a mí le gusta su vida tal como está y nada de lo que hagamos hará que nuestros caminos se crucen?

Otra posibilidad es que mi hilo rojo no me conduzca a una pareja, sino a otras formas de crecimiento y aprendizaje. Me gusta imaginar que el hilo que me ha tocado se entrelaza por aquí y por allá uniéndome a personas y lugares en los que puedo experimentar el amor no solo en su dimensión romántica, sino como una energía que me entreteje y me conecta con la vida

El amor es una energía que me entreteje y me conecta con la vida. 

Con un hilo rojo lo suficientemente extenso puedo saltar la cuerda cuando esté aburrida, tejerme un suéter si necesito calor o hacerme un papalote que flote libremente por aquí y por allá. Y si en mis andares descubro que la leyenda es cierta y todo hilo lleva a un amor trascendental, espero sentirme unida por algo más grande que un designio divino, que lo que nos conecte sea el deseo genuino de elegirnos, acompañarnos y hacernos bien el tiempo que se nos conceda. Amarnos desde la promesa del presente.

hilo rojo colgando a la nada

Por mucho que nos consuele la ilusión del destino, incluso el más resistente de los hilos un día habrá de soltarse. Aunque la muerte me alcance junto a mi alma gemela no hay garantía de que esta transición pueda hacerse de la mano. Con o sin hilo rojo, nada permanece y lo único que tenemos en nuestras manos es la capacidad de sostener con cuidado y firmeza lo que queremos que permanezca.

Hilo rijo colgando a la nada

Ilustraciones Gatitasea

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