Jalisco es famoso por albergar los elementos más distintivos de México como el tequila, el mariachi y el narcotráfico. Ubicado al occidente del territorio (no al norte, chilangos), este estado tiene playas, montañas, lagos, pueblos mágicos y una de las principales ciudades del país, Guadalajara, también conocida por los nativos como Guanatos.
1. Guadalajara sí es ciudad.
Si bien esta urbe en desarrollo aún conserva algunos rasgos de pueblo, es más ciudad de lo que mucha gente piensa. Tiene macrubús (como el metrobús pero en azul) y dos líneas y media de tren ligero.
Es sede de grandes eventos internacionales (como la Feria del Libro más importante de habla hispana), y en cuestión de tráfico y delincuencia no le pide nada a la Ciudad de México. Y ahora que ya usamos a su prima la mayor como referencia, Guadalajara también tiene su propia Diana Cazadora, pero la suya es hombrona, ruda y se llama Minerva.
2. No cae Tequila del cielo.
Si bien es cierto que el agave tiene una larga tradición en el estado, el pueblo de Tequila queda un par de horas de la ciudad y los tapatíos solo lo visitan una o dos veces en la vida para empedar en «Los cantaritos» y traer garrifitas de tequila de dudosa procedencia.
3. Pero sí se toma mucho vino.
Independientemente de cuál sea su bebida preferida, los tapatíos llamarán vino a todo aquello que contenga alcohol y no sea cerveza; así que se vale decir que iremos por unos vinos, aunque derivados de uva sólo conozcamos el Zuba.
4. Y para el calor, un tejuinito.
El tejuino es un menjurje café, espeso y turbio hecho de maíz fermentado que sorprendentemente sabe mejor de lo que suena, sobre todo porque se sirve con cantidades industriales de limón y sal, como prácticamente todo en nuestra gastronomía.
5. Todo lleva chile, limón y sal.
Desde el pozole rojo, la carne en su jugo, la birria y los taquitos de barbacoa, nuestra comida típica es picante, suculenta y siempre tiene que estar flotando en salsa; incluyendo, por su puesto las tortas ahogadas.
6. Las tortas no son lonches.
Las tortas ahogadas se arman con un pan especial conocido como birote salado, el cual solamente en tierras tapatías logra la textura ideal para soportar tanta salsa sin deshacerse.
Por su parte, las tortas de jamón, pierna, salami etc. son lonches y se preparan con birote fleiman; y la verdad, saben infinitamente mejor que cualquier torta del centro del país y quien lo dude es porque nunca ha probado un lonche de pierna.
7. También hay postrecitos tapatíos.
Para gusguear algo dulcecito tenemos frescas jericallas (especie de flan hecho con leche y huevo), escamochas o biónicos que, a pesar del peculiar nombre, no son otra cosa que fruta con cereales, yogurt o una crema acidita bien rica.
Según un programa de televisión local, el nombre de biónico surgió porque el primer negocio de la ciudad que los vendió aseguraba que eran algo que tan saludable que haría que quien los comiera se pusiera tan fuerte que el “hombre biónico”, una serie de los setenta.
8. Los elotes van en vaso.
Si lo que se le antoja es algo salado puede probar unos elotes enteros o en vaso, los cuales, a diferencia de los famosos esquites que abundan en el centro de la república, no saben a caldo de pollo, y se cubren de deliciosa crema de rancho, o en su defecto, con mayonesa.
Y si se tiene suerte, quizá encuentre guasanas (unos garbanzos verdes que saben parecido a los edamames japoneses pero son mucho más baratos).
9. Precisiones de la jerga tapatía.
Además de la distinción entre torta y lonche, hay otras expresiones 100% tapatías. Por ejemplo, en Guadalajara los churritos no son ni los de azúcar ni los que se fuman, sino frituras de esas que venden afuera de las escuelas y sirven gratis en los bares.
Cuando queremos garnachas para cenar los tapatíos vamos, obvio, a la cenaduría. Si no llueve a cantaros, chispea. Aquí los hot-dogs pueden ser dogos, mas nunca jochos. La banda no es cábula, sino carrilla, y si le caes mal a alguien, ten por seguro que te va ajerar.
Un fajo es un cinturón y un casino es un salón de eventos donde se celebran bautizos y no juegos de azar.
10. El chile tiene varios estados de la materia.
Le llamamos chile a toda cosa picante, independientemente de si es sólido o líquido; así que si alguna vez un tapatío le dice “pásame al chile”, por favor, acérquele la botella de Valentina más cercana, la cual, por cierto, también se hace en Jalisco (de nada, México).
11. Y por si ocupas hablar con un tapatío…
Basta con saber que si nos dice “¿eda?” (que seguro lo hará), está buscando una confirmación a cualquier cosa que haya dicho, así que puedes limitarte a decir “¡Ey!», y preferentemente en ese acento cantadito que todo tapatío afirma que es neutral ¿?
12. A Guadalajara hay que querarla bien mucho…
Aunque Monterrey se agüite, Guadalajara es la segunda ciudad más grande de México; sin embargo, para apreciarla en toda su dimensión hay que ir más allá del Periférico y respirar otros aires (Chapala no cuenta).
Porque cualquier persona del mundo podría decir que su ciudad es única, pero solo los que nacieron en ese rincón del occidente saben que en ningún otro lugar podrían encontrar queso adobera, birote salado y genuinas razones para celebrar con mariachi el 14 de febrero, fecha en la que se conmemora el aniversario de la fundación de la ciudad.







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