Te he expresado lo que siento por ti en cada lenguaje que conozco, con mis manos, con gestos, en palabras y silencios. Día a día, durante años, desvelamos verdades y entretejimos misterios. Nos sumergimos la una en la otra y llegamos a conocernos tan profundamente que, tarde o temprano, separarnos se volvió la única forma de seguirnos descubriendo.
En este universo que fuimos tú y yo, me adentré en tus tempestades, te arrastré a mis pantanos, naufragamos y salimos a flote una y otra vez. Después de cada tormenta íbamos en busca de madera y flores para seguir haciéndonos casa, y con el mismo amor y cuidado ahora tendremos que regresar nuestros tesoros al mar.
De lo que fuimos, me quedo con la forma de tus labios y las mañanas acurrucadas con el perro y gato, siendo una efímera manada. Me quedo también con el tapete que compramos en nuestro viaje de aniversario, con las miradas de asombro de las familias que nos veían besarnos el año nuevo que pasamos juntas y con la primera vez que te dije que te amaba porque ya no podía contener las ganas de expresarlo de una manera que me hiciera comprensible la inmensidad de lo que estaba sintiendo.
De lo que fuimos también hay cosas que prefiero no quedarme, pero esas las pondré bajo el sol hasta que pierdan su peso y recuperen su brillo. De ti, solo quiero conservar lo que sea tan ligero como tu andar, que tanto bien le hizo a mi paso. Esta vida juntas me permitió probar la libertad de las raíces y añorar un nido cuando antes de ti siempre me había imaginado errante.
Claro que me duele encaminarme a lugares donde ya no vas a estar, pero soltarnos es el desdoblamiento de un amor que no puede contenerse o de hacerlo perdería la vastedad de su naturaleza. Quiero creer que lo que cultivamos por tanto tiempo no se amargará con el dolor de la separación, solo encontraremos la manera de recordarnos a la distancia, desde el discreto deseo de que seas feliz y te permitas volver a enamorarte con la misma entrega con que lo hicimos nosotras.
De haber sabido de antemano cuál sería el desenlace, de conocer con anticipación cada dolor, cada crisis y cada insomnio, volvería a decir que sí a la oportunidad de estar contigo porque lo que fuimos se arraigó en mí con más profundidad que las razones por las que nos separamos. Volvería mil veces a presentarme a esa primera cita, pero esta vez sería puntual; ahora sería yo quien te besaría primero esa tarde en que te compré claveles. De volver, sería solo para amarte más, aunque dudo, la verdad, que eso pudiera ser posible.






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