En un mundo liquidado solo la amistad puede salvarnos

A diferencia de los sólidos, que son firmes y fijos, los líquidos y los gases tienen la cualidad de la fluidez: flotan y se escurren sin que podamos conocer su verdadera forma. Esta distinción fue llevada a la sociología por Zygmunt Bauman, quien llamó a nuestros tiempos modernidad líquida; aunque Pablo Fernández (<3) adaptó esta idea al decir que el mundo no es líquido, sino que está liquidado. 

Desde la perspectiva de Zyggie, la realidad sólida, esa en la que el trabajo, el matrimonio y las cosas duraban toda la vida, ha sido reemplazada por un mundo fugaz. Estudiar una carrera, tal como te aconsejaron tus padres, te conduce directo hacia el desempleo; el trabajo estable (si es que llegas a conseguir uno) no te lleva más allá del fin de quincena. 

Al saber que no tenemos dónde apoyarnos y que el futuro se desintegra antes de que lleguemos a él, la angustia es un sentimiento propio de nuestro tiempo. Parecería que somos una generación condenada a naufragar en la incertidumbre. Cuando la desesperanza nos arrastra a una velocidad aterradora, ¿qué es lo que evita que toquemos fondo?

Spoiler: no es ni dios ni la familia

Llegamos al mundo cuando la fiesta del progreso ya estaba terminando y, como en todo after, solo nos tocaron sobras y decadencia. Crecimos con la constante amenaza de la devaluación, la inseguridad y el cambio climático. Caminamos a ciegas en los linderos del fin y no nos salvará ni el dios que nos impuso la religión, ni el modelo de familia que replica el control y la violencia del Estado. 

Cada una de las llamadas “células de la sociedad” surgió de dos personas que se casaron sin realmente conocerse y se mantuvieron juntas para evitar los inconvenientes de dejarse. De allí surge otra generación más que se forma en este molde donde la convivencia es obligatoria; la violencia, permitida, y la comunicación, vedada y censurable. Si esta fue la forma en que aprendimos a relacionarnos, ¿por qué nos sorprende que la humanidad destruya cada entorno en el que se planta?

En un universo alterno donde la familia consanguínea hubiese sido el único vínculo entre humanos, nos habríamos extinguido desde hace mucho. Por fortuna, también surgió entre nosotros otra forma de relación que parte de la simpatía mutua y no de eso, tan intrínseco entre parientes, a lo que Rosario Loperena ha llamado “miedo al escarnio y la exclusión”.

A diferencia de la familia, a quienes se nos obliga a querer; a esta gente, también conocida como amigues, la queremos con holgura. A las amistades se les permite sin reproche ausentarse el tiempo que quieran, les dejamos pasar sus defectos por la simple razón de que no nos han hartado. Las vemos con gusto sincero y, por lo general, también aparecen por allí en las situaciones menos gustosas. La amistad es una relación libre de jerarquía, basada en la libertad, el cariño y la lealtad.

La ética del futuro es la empatía

¿En qué se sostiene una generación que ha cuestionado las estructuras sociales más arcaicas? ¿En qué podemos creer quienes hemos sido defraudados por la religión, la familia y el Estado? La respuesta tramposa del capitalismo es “en uno mismo”, porque el concepto del “yo” más contemporáneo es aquel cuya única realización permitida es la propia, aunque eso implique sabotear la de los demás. 

Pese a la trampa, en cierta medida es cierto, solo podemos creer en nosotros, pero no como individuos, sino en lo que somos en relación con otros. Si construimos una ética que considere el efecto de nuestras acciones en el entorno y en quienes nos rodean, el futuro aún es posible.

Solo la amistad puede salvarnos

Igual que la nuestra, la vida de los demás también está en movimiento. Todos estamos a la deriva en espera de un “puerto”, pero esos anhelados “puertos” también se encuentran flotando. Nuestra tierra firme está tan hundida como nosotros pero es nuestra y existe, y eso es más de lo que el mundo nos ofrece. 

En medio de este naufragio, una charla y una cerveza con amigxs pueden ser nuestro recurso para detener el tiempo. Hablar hasta que las palabras le den integridad al mundo. Cuidarnos, procurarnos, escucharnos y abrazarnos para sentir que tenemos de dónde agarrarnos. 

Unir esfuerzos con todas las personas que queremos y que, como una, están en busca de algo que nos sostenga, mientras encaramos un futuro que lo único que nos garantiza es más precariedad y tristeza. Comprar un terrenito entre todos los amigxs es, quizá, nuestra opción de retiro. 

En una época en la que el futuro tiende a disolverse, la amistad es lo más sólido que podemos construir para sacarnos a flote. Nos tenemos los unos a las otras, así que hay que tratarnos con cuidado y cariño porque, al parecer, somos nuestra única esperanza.

Una respuesta a “En un mundo liquidado solo la amistad puede salvarnos”

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    Leticia Romero Lima

    La forma en la que describes este artículo, me impresiono, me hizo sentir las emociones de los jóvenes, que no la consideran muy esperanzadora en cuanto a su futuro. «Gente con quien vincularnos más allá de lazos genéticos que emparentan pero no hermanan» una frase fuerte pero real. La verdadera amistad fortalece en una época que les toca construir.

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