Puedo sobrellevar bastante bien que terminen conmigo. Después de un par de décadas en esto de relacionarme, soy la evidencia viva de que nadie se muere de amor, que el tiempo todo lo cura y que del crush al cringe hay un paso. Ya acepté, al menos de manera consciente, la naturaleza efímera de los vínculos y confirmo que el corazón, aunque nunca sale ileso, tarde o temprano vuelve a recuperar las ganas de lastimarse. 

No es por presumir, pero soy experta en rupturas; he vivido tantas, que ya hasta tengo una lista de pasos a seguir: primero, espero tres días en los que considero válido cualquier arrepentimiento, mis resabios católicos me obligan a pensar que todo hije de Dios puede resucitar. Pasado el periodo de gracia, borro su contacto, chats y fotos; silencio historias y oculto todo rastro digital que pueda recordarme la existencia del ser pronto que dejará de ser amado. 

Después, me entrego a dos o tres semanas de llanto intenso. Si no sale por las buenas, lo induzco con películas y canciones tristes, incluso tengo una playlist llamada “laxante emocional”, para que salga todo. Una vez purgada de drama, me prescribo una de rachita excesos en términos de comida, bebida y deslices, no más para recordarme que sigo viva, que aun tengo capacidad de divertirme y sobre todo, que hay vacíos que cuando tratas de llenarlos se hacen más grandes. Y finalmente, cedo a la cruda de la melancolía, volteo hacia atrás ya sin el matiz de la idealización y me resignó, una vez más, a que separarse siempre es la consecuencia ineludible de haberse acercado. 

Mi coreografía de desamor me ha servido bien para acompasar el hecho de que alguien ya no quiera estar conmigo, pero perdí el paso cuando me enfrenté a alguien que no quería estar conmigo … Por ahora.  Cuando me pidieron una pausa de mí, mi primera reacción fue empujar la situación al terreno de lo conocido y preguntar directamente si no se trataba de una ruptura definitiva, pero no; insistió en que quería una pausa… Y yo, de un momento a otro, pasé de tener novia a quedar suspendida en un espacio indefinido entre su urgencia de alejarse y la promesa tácita de regresar. 

Para ser considerada como tal, la pausa debería acotarse a tiempos que tengan congruencia con la duración del evento a pausar. Es decir, si hay que pausar una junta de trabajo o una llamada, con unos minutos basta, pero ¿cómo se detiene momentáneamente una relación? ¿Cómo le dices al amor y al deseo que se contengan hasta nuevo aviso? ¿Cuánto tiempo puede sostenerse una coma antes de convertirse en punto final? ¿Un mes? ¿Tres? ¿Hasta que alguna de las dos partes se muera y se lleve consigo toda esperanza de reconciliación?

Quien espera deambula entre posibilidades, y en este caso, la más obvia era la del abandono, pero un corazón que se resiste al mandato de detenerse siempre tiende a mirar hacia donde menos duela. Las señales de que no tenía intenciones de volver ahí estaban, su solicitud de pausa fue apresurada y por teléfono, como para que no pudiera ver lo que realmente quería comunicar. Tenía tanta prisa por colgar, que no alcancé a pedirle explicaciones. Me quedé con el celular en la mano confiando en que en algún lugar en el futuro se me avisaría el dictamen de la pausa y me darían mayores informes sobre la despedida oficial y sus respectivas razones, la negociación de una posible amistad y cuestiones más prácticas, como el dinero que me quedó a deber y las chanclas que dejé en su casa. 

No diré cuánto tiempo ha pasado desde esa llamada, pero a estas alturas, ya di por pérdidas mis chanclas. Considerando mi amplia experiencia en rupturas, me tomó más de lo que debería hacerme entender que si es necesario alejarse de mí para decidir si quieren o no estar conmigo, es porque no quieren estar conmigo. Me vi forzada a autoexplicarme que tomaron el atajo del eufemismo para evitar las incomodidades de la honestidad, y poco a poco dejé de esperar un acto de valentía y responsabilidad de una persona que no solo no encaró su deseo de terminar, ni siquiera se atrevió a nombrarlo. 

Para romper con alguien hay que esforzarse en encontrar argumentos que expliquen con lógica una certeza que viene del corazón. Toca ponerle el pecho a reclamos y apuntalar límites para mantener a raya nuestros deseos. Toca salpicarse de drama y llevarse consigo un paquete de culpa, tan pesado como haya sido nuestra falta de responsabilidad hacia la otra persona. 

Terminar es tan incómodo y difícil que hasta puedo llegar a entender por qué me aventaron a mí el trabajo de terminar conmigo. Afortunadamente, me conozco bien la ruta de las rupturas y ahora incluso soy más experta que antes. Yo misma puedo cortarme y con estándares de consideración y cuidado mucho más altos que los que tuvieron conmigo.

10 respuestas a “Una pausa de mí”

  1. Avatar de Veronica Salazar
    Veronica Salazar

    Disfruto mucho leerte. Gracias por compartir
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    1. Avatar de Abril Romero
      Abril Romero

      Muchas gracias a ti por leer 🙂

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  2. Avatar de mr ruben
    mr ruben

    ¿Cómo se responde a esto? ¿Con un «lo siento»? ¿Con un abrazo a la distancia? ¿Con una ida al cine / por cervezas / a sacar fotos?

    Lo siento. Y te abrazo.

    Vas a estar mejor.

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    1. Avatar de Abril Romero
      Abril Romero

      Muchas gracias, cuando me animo a escribir de algo es porque ya estoy mejor 🙂

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  3. Avatar de Leslie
    Leslie

    “¿Cómo le dices al amor y al deseo que se contengan hasta nuevo aviso?” 😪

    Las pausas son solo una forma elegante de huir sin cargar con la culpa directa de terminar. Pero al final, lo que intentan evitar (el dolor, el conflicto, la responsabilidad) termina siendo más cruel que una ruptura honesta.

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    1. Avatar de Abril Romero
      Abril Romero

      Pero sobreviví 🙂

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  4. Avatar de Manuel Augusto
    Manuel Augusto

    Esa playlist, ¿será que es pública? Que delicia leerte.

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    1. Avatar de Abril Romero
      Abril Romero

      Muchas gracias por leer 🙂 En mi próxima ruptura subo esa playlist

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  5. Avatar de M
    M

     ¿Cuánto tiempo puede sostenerse una coma antes de convertirse en punto final? 

    🙌🙌🙌

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  6. Avatar de ollietorres
    ollietorres

    Qué ruda es la cobardía. Por otro lado, necesito ese playlist.

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