Las ventajas de tener un crush con el que nunca pasará nada

Lo vi pasar afuera de mi salón y de repente toda la luz de esa mañana se concentró en su piel blanca, su cabello castaño y su prominente perfil.  Inmediatamente inicié una indescretísima investigación para averiguar quién era el dueño de esa inolvidable nariz y, antes de que llegara el terrible fin de semana en que no iría a la escuela para verle, ya sabía cómo se llamaba, en qué salón iba y cuál era su promedio porque, por obvias razones, no podía permitirme planear un futuro con alguien que le fuera mal en el quinto de primaria.

Lo pensaba todo el tiempo, imaginando qué programas le gustaban, qué lo hacía reír y las interesantísimas pláticas que tendríamos una vez que fuéramos novios porque claro, estábamos destinados a serlo o, de otro modo, la vida no habría enmarcado para mí su estampa esa mañana en que volteé a la ventana. 

Lo miraba cada recreo con la esperanza de que mi presencia fuera tan incisiva que sería imposible ignorarla. Contra todo pronóstico, mi estrategia de acoso funcionó, eventualmente hablamos, le gusté y fuimos novios dos maravillosas semanas hasta que el niño de la nariz grande  terminó conmigo porque no estaba dispuesto en invertir tiempo de su recreo en cumplir la lista de exigencias que hice antes de conocerle.

El frágil terreno de la fantasía

A partir de ese momento, Don Nariz dejó de ser mi crush para convertirse en mi ex novio y entonces todo lo bonito que sentía por él o, mejor dicho, lo que sentía por mi idea de él, se convirtió en decepción. La misma suerte tuvieron mis subsecuentes crushes, como el bato chinito de la secundaria que no me peló hasta que estuve en prepa y llegó a nuestra cita con zapatos negros y calcetines blancos. O el hippie que me gustó toda la universidad hasta que tuvimos clase juntos y descubrí que tenía un trabajo aburrido, una novia güerita y desabrida, y una gran carga de responsabilidades amontonadas en su morral.

Con excepción del niño narigón, nunca he tenido éxito con mis crushes, y no es queja. ¿Qué pasaría con mis perfectas fantasías si mi crush besa horrible? ¿O peor aún, cuál sería nuestro futuro si todo sale bien, andamos, nos mudamos juntos y descubro que no le baja al baño?  

Si he sido crush de alguien, seguro que también le decepcioné en cuanto me tuvo cerca y comprobó que me pongo gruñona con facilidad, que me encapricho cuando no tengo lo que quiero en el momento que quiero o que tomo decisiones impulsivas y así como puedo besarte y desaparecer, también puedo empezar a planear nuestra boda sin haberte preguntado.

La ilusión de ir a la escuela o al trabajo solo por ver al crush puede perderse si la naturaleza etérea de la fantasía se contamina de realidad. Y ante ese riesgo, lo más conveniente sería  mantener esa ilusión en la vitrina de lo inalcanzable, lo cual resulta esperanzador si consideramos que, en la mayoría de los casos, no tenemos otra opción.

Lo imaginario es infalible

Quienes dicen que sufren porque su crush no los pela, quizá no sepan lo mucho que se sufre cuando sí te pela, se casan y después de cinco años de mediocre matrimonio tienen que pasar por un inevitable divorcio. Ante una crisis de estas dimensiones, un nuevo crush puede ser la motivación que necesitamos para salir de la casa y llegar bañados a la oficina.

Sí, puede parecer frustrante que alguien en quien inviertes tanta energía mental ni siquiera reconozca tu existencia, pero en muchas ocasiones lo imaginario sirve de combustible para no vararnos en la realidad. Porque encontrartele en el pasillo y ponerte tan nervioso que no puedes saludarle hace más ligera una mañana de trabajo. Porque ver sus stories e imaginar que estás echando güeva en su camita, a su lado, te garantiza esa sonrisa que no habías podido soltar en todo el día. 

En realidad, no es tan relevante si el crush nos batea, se muda a otra ciudad o  sale de nuestras fantasías a consecuencia de un desafortunado corte de pelo, porque ese lugar que ocupaba en nuestra líbido y corazón, no tiene una forma ni nombre definido, sino que puede ser tomado por cualquiera que podamos imaginarnos allí, siendo lo que nosotros queramos que sea. 

Si tenemos la fortuita sospecha de que un crush puede ser mutuo y no queremos perder el encanto de lo etéreo, hay que mantenerlo a una distancia prudente: cerca, para crear cierta tensión, pero lo suficientemente lejos para que esta no crezca y reviente. Asumir que nunca pasará nada, ver cada que sea necesario sus fotos y morderte los labios cuando te llega un  like suyo con la certeza de que, de todas tus relaciones, ninguna tendrá final más feliz que este,  que se quedará en el plano de lo irrealizable. 

Fotografía: Hipocampo

2 comentarios en “Las ventajas de tener un crush con el que nunca pasará nada

  1. dantecar dijo:

    ummm no se, es verdad que mantener algo en el terreno de la imaginación es rico, haces y deshaces, pero que hay de esa gratificación… y si lo llevas un poco más allá? y si estiras la cuerda sin romperla? no digo ir directo del crush a la relación, si no ir, conocerle, hablar, mensajearse, salir, incluso un poco más, abrazos, besos y no se, pero dejando todo en ese lugar, sin pasar al rigor de estar en una relación pero tampoco en el desentendido de no ser nada, estirando solo de a poco tratando de que la cuerda no reviente, que solo se tense.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s