Lo vi pasar afuera de mi salón y de repente toda la luz de esa mañana se concentró en su piel blanca, su cabello castaño y su prominente perfil. Inmediatamente inicié una indescretísima investigación para averiguar quién era el dueño de esa inolvidable nariz y antes de que llegara el terrible fin de semana en que no iría a la escuela para verle, ya sabía cómo se llamaba, en qué grupo iba y cuál era su promedio porque no podía permitirme planear un futuro con alguien a quien le fuera mal en el quinto de primaria.
Lo pensaba todo el tiempo, imaginando qué programas le gustaban, qué lo hacía reír y las interesantísimas pláticas que tendríamos una vez que fuéramos novios porque, claro, estábamos destinados a serlo o de otro modo la vida no habría enmarcado para mí su estampa esa mañana en que volteé a la ventana. Contra todo pronóstico, mi estrategia de acoso funcionó, eventualmente hablamos, le gusté y fuimos novios dos maravillosas semanas hasta que el niño narizón de quinto A terminó conmigo porque no estaba dispuesto en invertir tiempo de su recreo en cumplir la lista de exigencias que le hice antes de conocerle.
A partir de ese momento, mi crush dejó de ser mi crush para convertirse en mi ex y entonces todo lo bonito que sentía por él o, mejor dicho, por mi idea de él, se convirtió en decepción. Nunca volví a tener éxito con mis crushes, y no es queja. ¿Qué pasaría con mis perfectas fantasías si mi crush besa horrible? O peor aún, ¿cuál sería nuestro futuro si todo sale bien, andamos, nos mudamos juntxs y descubro que no le baja al baño?
Si he sido crush de alguien, seguro que también le decepcioné en cuanto me tuvo cerca y comprobó que me pongo gruñona con facilidad, que me encapricho cuando no tengo lo que quiero en el momento que quiero o que tomo decisiones impulsivas y así como puedo empezar a planear nuestra boda sin haberte preguntado, al día siguiente pued decidir que lo mejor para mí sería irme a vivir sola al monte.
La ilusión de ir a la escuela o al trabajo solo por ver al crush puede perderse si la naturaleza etérea de la fantasía se contamina de realidad. Y ante ese riesgo, lo más conveniente sería mantener esa ilusión en la vitrina de lo inalcanzable, lo cual resulta esperanzador si consideramos que, en la mayoría de los casos, no tenemos otra opción porque igual el crush no nos va a hacer caso.
Quienes dicen que sufren porque su crush no les corresponde, quizá no sepan lo mucho que se sufre cuando sí lo hace, se enamoran y después de cinco años de juntos se alguno se da cuenta que hubiera sido mejor ni haberse conocido. Ante una crisis de estas dimensiones, un nuevo crush puede ser la motivación que necesitamos para salir de la casa y llegar bañados a la oficina.
Sí, puede parecer frustrante que alguien en quien inviertes tanta energía mental ni siquiera reconozca tu existencia, pero en muchas ocasiones lo imaginario sirve de combustible para tolerar la realidad. Porque encontrarte al crush en el pasillo y ponerte tan nervioso que no puedes saludarle hace más ligera una mañana de trabajo. Porque ver sus historias y concluir sin ninguna evidencia que subió ese meme de gatitos no más por llamar tu atención, te garantiza esa sonrisa que no habías podido soltar en todo el día.
En realidad, no es tan relevante si el crush nos batea, se muda a otra ciudad o sale de nuestras fantasías a consecuencia de un desafortunado corte de pelo que acabó con todo su atractivo, porque ese lugar que ocupaba en nuestra líbido y corazón no tiene una forma ni nombre definido, sino que puede ser tomado por cualquiera que podamos imaginarnos allí, siendo lo que nosotras queramos que sea.
Si tenemos la fortuita sospecha de que un crush puede ser mutuo y no queremos perder su encanto, hay que mantenerlo a una distancia prudente: cerca, para crear cierta tensión, pero lo suficientemente lejos para que esta no crezca y reviente. Asumir que nunca pasará nada, ver cada que sea necesario, sus fotos y mordernos los labios cuando sube una historia de su rutina de ejercicio con la certeza de que, de todas nuestras relaciones, ninguna tendrá final más feliz que esta, que se quedará en el pedestal de la fantasía.







Replica a karen Cancelar la respuesta